webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: El dulce sabor de la venganza


 


Relato: El dulce sabor de la venganza

  

Cumplía los 27 años y Gustavo, el hombre casado con el que
estoy saliendo, me convenció para que pasásemos una velada romántica, a solas.


No existe ninguna otra cosa en el mundo que me guste mas que
la forma en que él me hace el amor, así que, sin pensarlo dos veces, cancele la
cena con mis Padres, la reunión que mis amigas habían preparado y salí de
compras.


No me costó nada elegir lo que estrenaría esa noche, ¡nuestra
noche!.


Un vestido rojo de lycra, con falda mini, bien entallado y
lencería de seda al tono.


Como soy morocha el contraste resultaba mortal.


Llegue a casa temprano y prepare la cena, algo liviano, sin
postre ya que el postre sería yo misma.


Luego alisté la cama, con las sábanas destinadas para esas
ocasiones especiales, y prendí una vela aromática.


Para las nueve ya estaba todo listo, termine de armar la
mesa, me asegure que el champagne estuviese bien frío y fui a cambiarme.


Estaba abrochándome los zapatos cuándo suena el teléfono. Era
Gustavo.


El alma casi me abandona el cuerpo cuándo me dice que su
esposa finalmente se quedaba en la ciudad y que le sería imposible verme esa
noche.


No lo podía creer.


-¡Pe ........ pero si cancele todo para estar con vos!- le
recordé.


-Ya lo sé mi amor, y te aseguro que lo lamento muchísimo, tal
vez mañana podamos vernos, sabes que me muero porque estemos juntos- afirmó.


-Eso es mentira, lo único que queres es cogerme, para eso me
tenes- replique.


-Mi amor no digas eso, yo .....-


-Andate a la mierda, hijo de puta- le grite totalmente sacada
y le corte.


Estaba bañada en lágrimas.


Sabía que trataría de llamarme mas tarde, cuándo considerara
que ya debía de estar mas calmada, así que descolgué el tubo.


Me puse el otro zapato, agarre los cigarrillos y salí a la
calle.


No sé cuánto tiempo habré caminado sin rumbo, fumando
compulsivamente, pero cuándo quise darme cuenta estaba ya a varias cuadras de mi
casa.


Por suerte tenía guardado en mi cigarrera un billete de diez
pesos, así que me tomé un taxi.


El tachero me miraba sin disimulo a través del espejo
retrovisor.


Quizás eso se merecía el guacho de Gustavo, pensé, que le
entregara a otro lo que tenía reservado para él. A un extraño, porque no a ese
tachero.


Pero no me animé a insinuármele.


Cuándo llegamos a casa, le pague el viaje y subí a mi
departamento.


En el ascensor me cruce con Pedro, un vecino, un tipo joven,
de treinta y pico, soltero, que cada vez que me veía no dejaba pasar la
oportunidad para piropearme, y, de paso, invitarme a tomar algo.


Por supuesto que yo siempre lo rechazaba, pero él insistía
tanto que ya había cruzado esa delgada línea que divide lo simpático de lo
plomazo.


Ya no lo soportaba. Hasta me cruzaba de vereda cuándo lo veía
en la calle. Y precisamente él era la última persona que hubiese querido
encontrarme en tales circunstancias.


No estaba de humor para aguantarlo, de modo que, aunque no
iba con mi carácter, termine mandándolo a la mierda ni bien amago con lo mismo
de siempre.


Bajé en mi piso, abrí la puerta del departamento y una
desagradable sensación de soledad y abandono me invadió cuándo vi la mesa que
había preparado para aquella ocasión especial.


Era mi cumpleaños y estaba sola. No podía ser tan boluda.
¿Acaso iba a quedarme allí llorando por un hombre que no era ni siquiera capaz
de arriesgarse por mí?.


Agarre el champagne que había enfriado y subí al departamento
de Pedro.


Se sorprendió mas que gratamente al verme.


-Discúlpame por haber sido tan grosera, que te parece esto
como prenda de paz- le dije mostrándole la botella bien helada.


-¡Perfecto!, pero ........ ¿la tomamos juntos?- inquirió.


-Por supuesto, sino no te la dejo- le aseguré.


Me invito a pasar y a sentarme en un amplio y confortable
sofá ubicado en el centro del living, frente a un televisor de 29 pulgadas.


Alistó dos copas, descorchó la botella y sirvió el champagne.


-Por vos, por mí y .......... una naciente amistad-
brindamos.


Cerca de la medianoche, y ya con unas cuántas copas de más,
le volví a pedir disculpas .....a mi manera.


-En verdad estuve muy grosera antes en el ascensor, espero
que puedas perdonarme- le dije arrimándome un poquito más.


-No paso nada, te agarré en un mal momento- aunque casi
estaba pegada a él, creo que ni se imaginaba cuáles eran mis reales intenciones.


-Bueno, pero igual yo quiero resarcirte, me siento mal por
todo lo que te dije- ya casi nuestros cuerpos se rozaban.


-No te hagas drama, con lo de esta noche estamos a mano- me
aseguró.


Sin darle tiempo siquiera tiempo a nada más lo bese en la
boca, tomándolo tan desprevenido que tardó en reaccionar y corresponderme.


-Ahora sí creo que vamos a estar a mano- le asegure,
saboreando en mis labios su saliva.


Pese a la impresión inicial que había tenido de él, me gusto
besarlo. Me gustaba su aliento, su calidez, me gustaba sentir su lengua en
contacto con la mía.


Entonces volví a besarlo, dejando ahora que sus manos
resbalaran por mis muslos en procura de ese Paraíso Infernal que se le ofrecía
tan incitante y tentador.


Mi cuerpo entero se estremeció al sentir sus dedos
acariciando mi intimidad por sobre la diminuta tanguita.


-Giovanna, me gustas tanto, tanto .......... cuanto desee
hacerte el amor alguna vez ...... – me susurró franqueando ya el primer
obstáculo –no puedo creer tenerte aquí, tan cerca, tan ......¡mojada!- enfatizó
al sentir la abundante humedad que fluía de mi interior.


Para entonces yo ya le sobaba con una mano el inquietante
bultazo que se alzaba en su entrepierna.


No mucho después ya estaba chupándosela, prodigándole a
Pedro, mi vecino, el que un rato antes me parecía un imbancable, una mamada de
aquellas, con tanto furor y entusiasmo que dudo vaya a olvidársela alguna vez.


Tremendamente agitada por las sensaciones de aquel momento,
le saque el pantalón, el slip y levantándome del sofá me desnude ante sus cada
vez más desorbitados ojos.


Entonces lo monté, empalándome plácidamente en su enardecida
verga.


No sé si sería el dulce sabor de la venganza ó simplemente
que Pedro me gustaba, pero realmente disfrute sentirme suya, tenerlo dentro de
mí, sentir sus vigorosos estremecimientos y escucharlo jadear al ritmo que yo le
imponía con mis cadenciosos movimientos.


Sin poder dilucidar todavía si se trataba de la realidad ó de
una impiadosa fantasía, él me recorría entera con sus manos, me acariciaba la
cara, el cuello, me amasaba los senos y recorría mi cintura para finalmente
aferrarme del trasero.


Con los ojos cerrados, mordiéndome los labios, yo subía y
bajaba, absolutamente complacida y satisfecha con esa turgente dureza que tanto
placer me proporcionaba.


Pese a lo mucho que lo amaba, me había olvidado de Gustavo.


Para mí, en ese momento, solo existía Pedro. Pedro y nadie
más. Incluso hasta me invadía la sensación de estar haciendo el amor con él, no
tan solo cogiendo como con aquel ordenanza. Esto no era solo un polvo, como
sostuve entonces.


Mas allá del inequívoco sentimiento de revancha que me había
llevado hasta su departamento, lo que sentía en ese momento por mi vecino era
por demás intenso y verdadero.


Tanto es así que cuándo el orgasmo explotó dentro de mí,
estallé en una estruendosa sucesión de gemidos y suspiros, la cabeza hacia
atrás, la espalda arqueada, el corazón en un puño, la piel ardiendo de
excitación.


El semen de Pedro se disolvió en lacerantes oleadas dentro de
mi sexo, colmándome de efusividad, rebosándome de satisfacción.


Me sentía feliz, absolutamente feliz, complacida en extremo,
deseando que no terminase jamás tan impactante velada.


Luego nos bañamos juntos, enjabonándonos mutuamente,
enjuagándonos, besándonos en todo momento.


Después nos acostamos y lo volvimos a hacer, en su cama, él
encima de mí, entre mis piernas abiertas firmemente enlazadas alrededor de su
cintura.


Me cogió en toda pose imaginable, como queriendo aprovechar
cada instante antes de que la ilusión se rompiera como si de un cuento de hadas
se tratase.


Todavía era de noche cuándo me desperté al sentir su miembro,
otra vez duro y erecto, frotándose entre mis nalgas, sus manos sobándome
tiernamente los senos.


-Giovanna, quisiera pedirte algo, pero ........ no se si
....... – me susurró.


-Decime- lo alenté, volviéndome hacia él, buscando su lengua
con mi lengua.


-Me gustaría ........ – comenzó, sin animarse a terminarla
frase.


-¿Te gustaría que?- quise saber, esa noche estaba dispuesta a
complacerlo de todas las formas posibles.


-Me gustaría acabarte en la boca- lo dijo de corrido, quizás
sin espera aceptación alguna de mi parte.


Sin decir ni sí ni no, lo bese y me le subí encima, iniciando
de inmediato una entusiasta cabalgata.


-Decime cuándo estés a punto- le dije entonces, bien
empalada, deslizándome arriba y abajo, llevándolo rápidamente y sin escalas a un
nuevo y exuberante apogeo.


-¡Acabo!. ¡Acabo!- bramó casi enseguida.


De un solo salto me baje de arriba suyo, le agarré el miembro
con las dos manos y me lo metí en la boca.


La eyaculación se precipitó efusivamente en mi garganta.


Si bien esa era la tercera vez que se corría en una noche, lo
hizo en forma abundante y caudalosa, pese a lo cuál me mantuve firmemente asida
a ese pulsante surtidor lácteo, tragándome hasta la última gota de tan preciado
elixir.


No era en absoluto la primera vez que saboreaba el esperma de
un hombre, aunque en esta ocasión , y a diferencia de las otras, no sentí ni la
más mínima repulsión. Es más, me gusto.


Demasiado diría.


Esa tarde, en la oficina, Gustavo me pidió disculpas.


Aunque me había hecho sufrir, lo amaba demasiado como para
rechazarlo.


Acepte entonces sus disculpas y, como para recuperar el
tiempo perdido, luego del trabajo fuimos a un hotel a coger como dos descosidos.


Por el momento sigo con los dos, jugando a dos puntas.


Y no es que me guste hacerlo, lo que pasa es que no decido
con cuál quedarme. Tanto el uno como el otro me satisfacen en la cama, en cuánto
a eso ninguno se saca ventaja. Y sé que amo a Gustavo, aunque también creo
estarlo de Pedro. La verdad es que, en este momento, mi vida es una gran
confusión. Solo espero que no llegue jamás la hora en que deba decidir entre
ambos.


Para comentarios y/ó consejos ya saben donde escribirme.


 



Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .



Número de votos: 0
Media de votos: 0


Relato: El dulce sabor de la venganza
Leida: 20673veces
Tiempo de lectura: 7minuto/s

 





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes
Foro porno
sexo
lesbianas
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados
porno
peliculas porno gratis
videos porno gratis
telatos porno incesto
porno español
travestis
peliculas porno
zoofilia
sexo gratis
sexo madrid
chat porno
webcams porno
fotos de culos
juegos porno
tarot
juegos
peliculas online
travestis
Cocinar Recetas
porno
Curso Doblaje
It developer
mobil porno
porno italiano 3G gratis
bahis siteleri
erotische geschichten
online bahis siteleri
wso shell
yerli porno
izmit escort



Webcams Chicas de Misrelatosporno.com
 
Todo sobre acuarios
 
Si te gustan los acuarios, suscribete a neustro canal de youtube !!!
Pulsa aqui abajo .