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Relato: Ama de casa, esposa...y perra


 


Relato: Ama de casa, esposa...y perra

  

Mi nombre es Sandra y tengo 34 años, soy una mujer común y
corriente, ama de casa para mas señas, casada desde hace cuatro años con
Gonzalo, un sencillo empleado público, vivimos una vida común de gente clase
media-baja, sin grandes historias que contar, pateando siempre la vida, ambos
somos de tez clara, mas o menos de la misma estatura, como 1,72 mts., de buen
ver, pero como les dije, físicamente somos gente común, y somos gente común
incluso en nuestra vida sexual. Pero lo que les voy a contar cambiará para
siempre esto.



Fue una tarde cualquiera. Yo estaba haciendo mis quehaceres
del hogar, cuando Gonzalo llegó a casa, un poco mas temprano de lo usual, yo
estaba con una blusita amarrada a la cintura y unos shorts de jeans bastantes
raídos, que dejaban ver parte de mis nalgas, como dije estaba haciendo mis
oficios, en la cocina.




Hola mi amor, ¿llegaste ya?- le dije desde la cocina.


Si, traje un par de películas, las que te recomendaron –me
dice desde la sala -el encargado te las tenía apartadas, el tipo de la
videotienda.


Ok, papurri, ahorita las vemos.


Tráeme una cervecita mi amorcito, ¡ah! Y prepárate unas
cotufas ahí.




"Ya está, éste güevón me vá a poner de sirvienta", dije, para
mis adentros, no era gran cosa lo que me pedía, total, íbamos a ver unas
películas, pero la verdad me sentía algo cansada, había limpiado la casa todo el
día y luego me había tocado bañar a nuestros perros, Bart y Jack, dos hermosos
pastores alemanes, uno marrón y el otro negro, nuestros orgullos a falta de
hijos.



Gonzalo también estaba un poco cansado, se acomodó en el
sofá, se quitó toda la ropa y el calzado, quedando en interiores, puso de una
vez una de las películas en el V.H.S. al poco rato me le uní con un "pack" de
cervezas y unas cotufas, nuestros perros estaban echados en le piso, durmiendo.



Nos pusimos a platicar de cualquier cosa mientras veíamos
"Chicas en la playa", una de esas películas del montón, de hecho, estaba algo
dañada.




¡Coño, que cagada!- dice Gonzalo mientras adelanta un poco,
sigue adelantando de tanto en tanto la película, y yo me voy dormitando de lo
aburrida que estoy.


¡Woof! ¡gurrrrrrr! ¡woof!- los ruidos de uno de los perros
me despereza un poco, veo la película y… ¿estaré soñando?




Allí, en la pantalla de la T.V. había una chica desnuda,
apenas con unas medias panty, gimiendo de placer, en cuatro patas, mientras un
gigantesco Gran Danés le lame el coño desde atrás.




¡Perdona cariño!- me dice Gonzalo- te juro que yo no sabía
que eso estaba grabado en la cinta, parece que lo grabaron encima de la
película original, al final-. Gonzalo estaba rosado de la pena y me imagino
que yo también, y es que no estábamos acostumbrados a la Pornografía, mucho
menos de ese tipo. Mi corazón acelera a millón, no podía despegar la vista de
aquella imagen, hasta los perros parecían disfrutar aquello.




En el film se observa como el Gran Danés se le monta encima a
la chica, no se ve bien pero hay otra persona, un hombre, que le está
asistiendo, le coloca el miembro rojo del canino a la chica en la entrada y el
gigantesco animal le entierra todo su tolete en su cuca. Los gritos y gemidos de
de la chica revelaban un placer y gozo enormes, o la chica era gran actriz, lo
cierto era que ya comenzaba a sentir los síntomas de excitación en todo mi
cuerpo. Me sentía la mujer más asquerosa del planeta. ¿Cómo podía sentirme
excitada ante algo tan aberrante? Tanto yo como mi marido somos católicos
practicantes y vamos a misa los domingos. Estaba asqueada, pero también
excitada, no dejaba de admirar ese animal, era obvio que aquel can sabía lo que
estaba haciendo, el ayudante que tenían en la película lo auxilia en el desmonte
de la hembra, quedando culo con culo, ¡se habían quedado pegados! El calorcito
que sentía yo en la pelvis y en mis muslos me indicaba que la calentura iba in
crescendo. No, aquello no puede ser.



-¡Apaga eso! ¡Apaga! ¡Apaga!-le digo a Gonzalo, tapándome la
cara con vergüenza. Quedamos mudos unos segundos, Gonzalo estaba realmente
hipnotizado con las imágenes.



-Disculpa Sandra -me dice- pero la verdad…no te vá a gustar,
pero la verdad éste pedacito de la película es…interesante.



Seguimos viendo la escena: El perrote castigando como buen
macho a la perra humana, abotonado a su concha por su verga, se podía ver
abundante líquido rezumando de aquél punto de conexión íntima, entre las piernas
de la mujer y las patas traseras del can, cayendo al piso, el camarógrafo lo
enfocaba desde un ángulo alucinante, los gritos de aquella puta me estaban
poniendo a millón; Se despega el animal de la hembra humana, un ¡plop! Bien
sonoro y la polla canina se separa, dejando escapar abundante semen de la vulva
castigada y entreabierta, se voltea el perro y observa a la chica y lo que le
hizo. No aguanté más.




¡Dame acá el control!- grité a mi marido, apagando el
aparato, Gonzalo todavía estaba embobado de aquella escena final, un gran
bulto en su interior lo delataba, tardó un par de minutos en volver en sí.



Mi vida, mamita -comenzó a decirme- tú sabes que yo te
quiero...pero yo...yo pienso...-suspira un poco, tratando de mejorar su
respiración entrecortada- la verdad no me parece tan mala la película, no creo
que sea como para escandalizarse ni nada...bueno, digo yo. Yo...yo quisiera
verla completa, la escena. ¿Qué tal si la vemos juntos, mi cuchicosa?




Pensé un ratito. La verdad tenía tiempo que no veía a mi
esposo hablarme tan pausado, tan dulce. Recordé que últimamente me había portado
como "cuaima" con él y ni siquiera le había cumplido en la cama en tiempo
reciente, me dio tanta cosa negarme, accedí, al fin y al cabo sólo era una tonta
película.



¡Pero que película! Seguía aquel animalote dándole lengua a
la cuchara inundada de jugos y leche de él mismo, proporcionándole placer
inenarrable a la chica, Gonzalo y yo estábamos en el sofá , él estaba sobándose
su paquete y yo no pude resistir mas y terminé también con una mano en mi
entrepierna, estaba salida, cachonda, verdaderamente birrionda ante aquel film.



Los perros parecen tener un sexto sentido. Miré a mi perro
Jack, quien me miraba fijamente, jadeando, con sus ojos brillantes. Se
encontraba sentado en el piso, atento, con su cola moviéndose vivaraz, como
esperando una orden. Un pensamiento, un deseo fugaz cruzó mi mente. Lo rechacé
enseguida. "Sandra, puta, enferma, pecadora", pensé, "¿cómo se te ocurre
siquiera pensar en eso? ¿qué les dirás al padre y a la gente que vá contigo a la
Iglesia?". Jack me miraba, me lo imagina suplicándome, yo seguía pensando,
justificándome: "Esa tipa seguro es una prostituta, hace eso por dinero. Además,
ese perro está entrenado para tirar con mujeres, yo no tengo un perro así".



Se terminó la película y Gonzalo se levantó para tomarse otra
cerveza. Mi garganta estaba seca y carrasposa.



Dame una, papi, - le dije.



okay mamita. Y...dime: ¿qué te pareció la vaina? ¿la tipa
con el perro? ¿cómo harán esa verga? - me preguntó, dándome la lata de
cerveza.



No sé- dije, haciéndome la desinteresada- seguro es
prostituta y le pagan por eso- me tomé un buen trago para pasar la emoción.



¿Sabes qué mi puchita? Yo...a mí...a mí lo que me gustaría
es ver algo como eso, pero en vivo. Lo miré con ojos serios, me estaba
hablando con tono dulce y tierno a la vez, pero con sonrisa pícara.



Yo sé por donde vas, Gonzalo, olvídate de vainas raras,
además nosotros...nosotros no tememos perros así.



¡Ejem!, eeeh, mira- me dice, alzando las cejas, sonriendo
pícaramente y señalando a nuestras mascotas, Bart y Jack , que estaban en la
sala viéndonos hablar -Tenemos dos perros. Lo que podríamos hacer
es...bueno...probar...ver si sirve.




Tenía un tarugo en la garganta y el corazón casi se me salía
del pecho, era increíble que mi propio maridito se atreviera, tuviera el
suficiente valor para hacerme tamaña propuesta, pero mas increíble aún era que
el deseo coincidía con mis propios pensamientos impuros que había tenido apenas
unos minutos antes. Sentía como un vapor fluir de entre mis piernas, me siguió
hablando...



-¿Porque...? ¿Porque no probamos con Jack? Yo...Tú sabes que
yo casi nunca te pido grandes cosas, pero si lo intentamos ésta vez...




Párate, párate- le dije- no sigas vale, tú lo que estás es
rascado.



No mamita, si apenas voy por la segunda cerveza.



Coño si estás birriondo ¿porqué no te pones a ver otra vez
la película?- le respondo airada.



Yo lo que quiero es verga en vivo chica.



¡No joda chico! ¡tú lo que quieres es abusar de mi!
¡explotarme, como siempre hacen ustedes con las mujeres! ¡asqueroso! ¡inmoral!



No mi vida, ¿como crees?-me contestó con ternura, apoyando
una de sus rodillas en el piso, acercándose a mí en el sofá y tomando mis
manos- yo sólo pienso que aquí tenemos una oportunidad de experimentar algo,
de hacer algo juntos que le dé sabor y placer a nuestras vidas, siento que si
no hacemos esto seguro nos perderemos de algo que pudo haber sido muy bueno
para los dos.




Lo miré atentamente. Cuando mi esposito me hablaba de esa
manera y con un argumento que no tenía nada de absurdo, era difícil que yo le
negara algo.



-Además -continuó- ¿crees que no me di cuenta de cómo te puso
la película? ¡Pero si mira como estás! –díjome, abriendo mis piernas y metiendo
los dedos de su mano derecha entre mi pierna izquierda y mi short, palpando los
labios hinchados de mi cuca, bastante mojada y tibiecita.



- Anda mi perra -me sigue diciendo el muy desgraciado- deja
que Jack te pruebe ¿si? ¡jack! ¡Ven muchacho! ¡Lame aquí!



¡Pero...pero...pero Gonzalo! –protesté inútilmente,
mientras mi esposo me rodaba en el sofá para quitarme el short y mi tanga
interior, mi perro Jack se levanta y se acerca a mí, Gonzalo logra quitarme
mis prendas, casi forzándome me hala hacia a la orilla del sofá por mis
rodillas, abriendo mis piernas –déjame quieta , ¡pero coño no! Déjame quieta,
déjame quieta, deja...¡Oooh! ¡uggh!




Un lametón a mi vulva me desarma por completo. Aquella lengua
tibiecita, húmeda, medio rasposa y sobre todo enérgica, era el argumento que
necesitaba y que me convencería definitivamente. Cierro mis ojos para
concentrarme en aquella exploración canina a mi vagina que mi querido Jack me
estaba propinando, bebiéndose con ánimo los jugos de mi gruta encharcada. Una
pequeña centella me hace abrir los ojos: Era Gonzalo, quien, no sé en qué
momento se fue y volvió a la sala con unas almohadas y una cámara fotográfica.




¡Que bien! –dice- que bella estás, linda, sigue Jack, así,
chupa esa cuchara.



Si, chúpame, ¡Oh que rico se siente! ¡mmmm! ...¡que rico!
No estaba para protestar nada, el gozo que me daba mi perro era demasiado para
decir algo, entre foto y foto Gonzalo me quita la camisa, dejando mis senos al
aire, cosa que aprovecha para servirse de mis rosados pezones, ya erectos de
tanto placer. Estaba en el Séptimo Cielo, recuerdo que en un momento me puse a
pensar: ¿cómo podía ser malo algo tan divino? Después de todo no le estaba
haciendo nada malo a nadie. Disfrutaba y pensaba todas éstas cosas cuando
Gonzalo me advierte algo:



Mira preciosa, mira que vaina tan arrecha.




Me ladeo un poco sin dejar de disfrutar aquellas poderosas
lamidas para poder mirar lo que Gonzalo me indicaba, también ladeó él un poco a
nuestro manso perro, para que yo pudiera ver mejor lo que él quería que viera:
la verga canina de mi adorado Jack.




Mira Sandra, se le está parando, se le está parando por ti




Con un descaro impresionante, mi hombre toca aquel miembro
canino, de unos veinte centímetros, grueso, rojo, venoso, brilloso, muy
diferente a los penes humanos, el de mi Jack terminaba en una fina punta, podía
ver como ya empezaban a salir algunas gotitas. Jack deja mi cuca un momento y
comienza a dar unas arcadas en la mano de Gonzalo, para luego intentar montarse
encima de mí.




Creo que es hora –me dice Gonzalo- Jack te quiere...bueno,
quiere cogerte. Anda, vamos a acomodarte.




Despeja la mesa de vidrio que está en la sala, frente al
sofá, pone las almohadas que había traído, "éste coño é madre como que pensó en
todo", pensé para mis adentros, pero yo estaba lista, no me importaba nada,
estaba decidida a ser follada por un perro, así que obedecía sin protestar.




Acuéstate sobre las almohadas, debes abrir un poco las
piernas para que el perro te llegue, parece que es un poco bajo, no te
preocupes, yo estaré aquí contigo.




Quedo apoyada sobre la mesa, con mis rodillas en el piso, en
seguida me sorprende una rica lamida en mi concha entreabierta que supongo es de
la glotona lengua de Jack, pero no, había sido Bart, mi otro perro.




¡Epa! ¡quieto Bart! ¡tú no! ¡todavía no te toca!-replica mi
esposo.




Estaba ansiosa, caliente, cachonda, birrionda, esperando como
la puta más cochina lo que sabía que iba a ocurrir. Me sentía la mas sucia, la
perra mas grande del mundo. Ambos animales lamían alternadamente mi gruta
sagrada, con sus lametones poderosos, un conato de pelea interrumpe la sesión de
lengua canina en mi almeja.




¡Epa! ¡epa!-grita mi esposo, separándolos y apartando a
Bart de mí cuerpo- no peleen que hay para los dos.




Como pensando que iban a robarle su perra, Jack se abalanza
sobre mí, por un segundo pensé que se me iba a salir el corazón; Comienza sobre
mi cuerpo desnudo los movimientos propios de la follada canina, pero mi perro no
atina, siento su Güevo húmedo y caliente en mis muslos, Gonzalo interviene:




Espera Sandra, los voy a ayudar.




Mi marido toma aquel miembro apetitoso en su mano derecha,
apuntando directamente a la entrada de mi cueva húmeda y expectante, sólo tuvo
que poner la punta en la entrada, el perro hizo el resto.




¡Ay mi madre! ¡mi madre! ¡MI MADREEE!




Un empujón súbito y mi cuca se abre para recibir aquella
polla canina, todo estaba consumado: Yo era una perra, una puta asquerosa,
cogida por un perro, igual a la chica de la película, a quien yo supuse era una
prostituta. La violación a mi vulva era frenética y sin piedad. Tuve que
agarrarme bien a la mesa por sus bordes mientras Jack me pistoneaba con rabia,
el desgraciado de Gonzalo, con su verga parada debajo de su interior, seguía
tomando fotos de todos los ángulos, incluyendo "close ups" de mi rostro sudado y
contraído.



-¡Eso Jack, cógete a mi mujercita, dale duro!, ¿Cómo te
sientes, Sandra?


- ¡Ay Gonzalo! ¡Ay Gonzalo!-era todo lo que podía decir,
demasiado placer no me dejaba coordinar palabras, Gonzalo se metía por debajo de
mí, debajo de la mesa para seguir tomando fotos de la penetración de mi vulva,
el ritmo frenético de la cogida que me daba mi Jack casi no me dejaba respirar,
sentía su jadear en mi cuello, su saliva en mi piel…y su descarga caliente en
mis entrañas.



-¡Ay coño! ¡Me está llenando!, ¡Gonzalo, me está llenando! Y
yo creo que… ¡Ay que rico! ¡Que rico!



-No, espera- dice mi esposo- yo te ayudo.



Jamás en mi vida, aunque no me puedo quejar de mi Gonzalo,
pero jamás tuve un Orgasmo tan intenso como el que tuve en ése momento. Mi
marido sostiene a mi amante canino, que sigue llenándome de leche caliente,
mezclándose con mis jugos, que caen como cascada en el piso, el olor a Sexo que
impregnaba el ambiente era intenso. Bart se acerca, me lame la cara, lame mi
hombro derecho, intenta montarse por un lado de la mesa, me doy cuenta de lo que
vá a pasar: ¡mi otro perro espera su turno de cogerme!



-¿Ya terminaste Jack?-le pregunta mi esposo a mi perro
follador- bájate ya, anda, vamos.



Gonzalo baja a Jack de mi espalda, retirándolo un poco, yo me
quedo extenuada de tanto placer, pero Bart no permite que me recupere, lame mi
vulva desde atrás, bebiendo mis jugos y la leche que su compañero depositó en
mí, aquella lengua era como bálsamo para mí en ese momento, pero Bart no se
limita a eso, enseguida me monta, y comienza sin pedirme permiso la segunda
tanda de ésa tarde.



-¡Ay! ¡Ahora es Bart! ¡Ahora es Bart!-digo, asustada y
expectante, lista para mas verga canina.



-¡Eso Bart, ahora si! ¡Te toca a ti darle duro! ¡Cógetela
Bart! ¡Dale leche!



-¡Aaaghh! ¡nooooo! ¡mmmghhugh!



La penetración fue mas violenta y rápida, podía sentir la
gran polla de Bart, mucho más grande que la de Jack, llenándome toda mi gruta,
su punta llegaba a mi Cerviz, dándome dolor y placer a un mismo tiempo. Gonzalo
seguía tomando fotos; Fueron como quince minutos de pistoneo continuo, salvaje,
inmisericorde, que me condujeron a una oleada de orgasmos brutales, que me
sacaban de mí.



-¡Me está dando duro! ¡Que rico Gonzalo! ¡Estoy acabando!
¡dame duro Bart! ¡Cógeme duro!



Mi última corrida coincidió con una presión aún mas fuerte de
Bart contra mi cuca, firmemente ensartada, su paloma entraba aún mas adentro de
mí, invadiendo mi útero, que seguía recibiendo oleada de descargas seminales que
rebosaban mi concha brutalmente castigada, podía sentir cómo mis labios se
separaban aún mas, entonces lo siento como partiéndome en dos.



-¡Coño Gonzalo! ¡Me está matando Gonzalo! ¡Me va a matar
coño! ¡Me duele! ¡AAAAYYY!



-¡Coño se me olvidó! Es que estaba tomando fotos y se me
olvidó, cálmate, es el nudo, te metió el nudo.



Efectivamente, quedo trancada al perro por el nudo, mientras
el muy desgraciado me sigue llenado de flujos mi cueva violada, siento
claramente sendas descargas de líquido seminal, caliente y abundante, en mi
interior. El torpe de Gonzalo no debió permitir esto, debió bajarlo antes de que
pasara, pero se entretuvo sacando las condenadas fotos. Me quedo tranquila
mientras el dolor disminuye un poquito, siento la presión del nudo en mis
paredes internas…y comienzo a disfrutarlo. Entonces Bart realiza una serie de
movimientos violentos como para intentar safarse, cosa que me causa dolor, por
fin él mismo se desmonta, pero seguimos pegados, culo con culo.




¡Guaooo que bello! ¡Esto tengo que fotografiarlo!



¡Coño Gonzalo! ¡me duele!



No te preocupes, aguanta un poco, él debe salirse en un
rato, recuerda a la chama de la película, si ella pudo tú también –me dice el
muy cachondo de mi marido, mientras toma una foto desde abajo, del
abotonamiento de mi totona con el palomón canino. Bañada en sudores y flujos
de perros, nadaba en un charco de leche de mis perros y mis propios jugos que
estaban en el piso, al desgraciado de Bart le dá por moverse y al no poder
despegarse tengo que moverme yo con él, hasta que se detiene, movimientos,
palpitaciones del nudo y nuevas descargas de semen acompañan a mi última
corrida, la cual aguanto en cuatro patas, como las perras. Por fin, después de
unos veinte minutos, exactamente como en la película, un ¡plop! sonoro anuncia
la separación de Bart de mi cuca ultrajada y adolorida, cayendo yo al piso,
extenuada de aquel maratón de lascivia pura.



¿Cómo te sientes Sandra? ¿Te encuentras bien?-me pregunta
con dulzura mi amado esposo, yo me volteo en el piso y por única respuesta le
sonrío y le acerco a mí, dándole un apasionado beso en la boca, para luego
decirle al oído: "Dale las gracias al muchacho de la video tienda, dile que
pronto alquilaremos mas películas como ésta".



A partir de ése momento, la Zoofilia se ha convertido en
parte fundamental de nuestro matrimonio, mi Gonzalo disfruta compartiendo su
hembra con sus dos perros, quienes me proporcionan con la frecuencia que
quiero los mas descomunales orgasmos, cuando mi marido sale y me deja sola, él
está confiado y tranquilo que jamás lo traicionaré con otro hombre, evitando
todos los problemas que de ello deriva, ¿para qué si tengo mis perros que me
dan toda la satisfacción que quiero? Nunca dejaré de recomendar el amor canino
a las chicas y matrimonios que me consulten.



Como final de la historia les cuento una anécdota: ¿Se
acuerdan de la fotos que tomó Gonzalo mientras mis perros me follaban? Pues
bien, días después, el muy zángano me lleva de compras y a buscar unas fotos
que había mandando revelar: ¡Eran mis Fotos! Cuando el encargado se las
entrega a él delante de mí, veo que todos los empleados y empleadas me miran
con curiosidad, risitas y caras de asombro, señalándome.



-¡Señora! ¡Es usted!-dice el joven encargado, entregando
las fotos a mi marido, quien las examina enseguida.




-Si, es ella-responde Gonzalo-¿viste las fotos?- Yo todavía
no había caído en cuenta.



-Si, ¡Son tremendas! ¡Epa gente! ¡Aquí está la tipa de los
perros!



En Seguida todos lo empleados de la tienda de Revelado se
acercan a nosotros, es cuando me doy cuenta de lo que pasa al ver las fotos y
mis piernas empiezan a fallarme de la vergüenza. Todos los chicos y chicas de la
tienda era muy jóvenes, habían también otros clientes, mas adultos e incluso una
Liceísta, como de unos catorce años, sentada en el mostrador de la Tienda;
Gonzalo les explica con detalle la experiencia, ayudado por la fotos que les va
mostrando, mientras agacho la cabeza, sin atreverme a verles la cara.



- Miren, aquí fue cuando se quedó pegada al perro –explica
Gonzalo. Todos preguntaban y me veían, pero yo no me atrevía a verles la cara,
sin embargo, como cosa extraordinaria, todos me mostraban su asombro y
admiración, pero nadie dijo ninguna palabra de desprecio o reproche hacia mí;
Una chica se atrevió a preguntarme:




Pero tú… ¿tú gozaste…haciendo el amor con el perro? –yo sin
verla sonreí con pena asintiendo con la cabeza, un "guao" se escuchó en coro,
la chica hace una observación:



Porque yo…yo tengo un perro…




Empezaron a gastarle bromas, impulsándola a que siguiera mi
ejemplo, había un ambiente más relajado y yo comencé a sonreír más en confianza,
alzando la cara; La joven Liceísta preguntó inocente desde el mostrador donde
estaba sentada:




Y… ¿puede caber todo eso…por ahí?



Por aquí puede caber de todo, mi niña –dijo el ahora
extraordinariamente osado de Gonzalo, posando su mano derecha en la
entrepierna de la niña, acariciando durante unos treinta segundos su
abultadita vulva por encima de su muy estrecho pantalón azul –basta un poquito
de paciencia, quizás una ayuda, y, claro, una sabrosa verga de perro, estamos
a la orden mi nena.




Todos se echaron a reír y a bromear y yo quedé con los ojos
claros y sin vista ante tamaña frescura; aún tuve que aguantar unos minutos más
de preguntas y expresiones de admiración de aquellos desconocidos antes de irnos
de la tienda. Me había ganado una buena cantidad de "fans" por mi osadía sexual
canina, sentía por eso una sensación nada desagradable, sólo eso me hizo
suavizar mi reclamo a Gonzalo de porqué me había hecho pasar semejante pena
frente a unos desconocidos.



-Tranquila mi puta -me dijo- ¿porqué crees que venimos de tan
lejos? Yo tenía que revelar éstas fotos y aquí nadie nos conoce.



-Si pendejo, pero ¿y si le mostraron esas fotos a mas gente?
¿Y si le sacaron copias y las ponen, por ejemplo, en Internet? Mi maridito se
quedó callado un rato, pensando, y luego me respondió:



-Entonces todos sabrán con envidia que tengo en casa a la
perra mas cachonda de la tierra, sólo para mí y nuestros perros, ¿no te sientes
orgullosa, mi puta?



Sonreí y dije: "¡No joda, mala leche! ¡Que lo sepan! ¡Me
gusta ser una perra! ¡La dueña de mi casa, la esposa de mi marido y la perra de
mis perros!"



A lo mejor, en algún sitio de Internet dedicado a la
Zoofilia, es posible que ya me hayan visto, ¡y que orgullo para mí!


 

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Relato: Ama de casa, esposa...y perra
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