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Relato: Naty y yo... amor eterno


 


Relato: Naty y yo... amor eterno

  

Y mis ojos centraron su roja y húmeda mirada en el contorno
sombreado del dedo doblándose sobre el gatillo de la nueve, que sostenida
firmemente por mis manos, se sumerge en el interior de mi boca, entre las
muelas, contra el paladar.


Allí y asi estoy... de rodillas frente a la tiesa mirada de
una parca que invisible y empuñándo su letal y definitiva guadaña aguárda al
envión de un dedo para cerrar al libro. A veces es mejor morir quemado que
desvanecerse lentamente... créo que la ultima vez que lo escuché fue leído por
la esposa de un tal Kurt Cobain ante centenares de adolecentes entristecidos,
que reunidos por la oscura desición del tipo que una mañana de otoño decidió
quemarse en la hoguera de su desesperación gatillándose la muerte entre los
dientes, lloraron... pero no mucho, y es que la vida sigue, el show debe
continuar.


Diminutas gotitas de sudor frío afloran desde mi frente
rapada para deslizarse luego por entre la crecida barba de mi rostro, a lo
Robinson Crusoe, abandonado, a la suerte de lo que sea. La desición esta tomada,
ya no hay marcha atrás, ubiqué todas las cartas sobre la rústica mesa del
destino y perdí... ya no quitaré del interior de mi boca a este metálico
mensajero de mi epílogo. Seguirá entre mis muelas, contra el paladar. No tendré
un ultimo suspiro, o una palabra que se despida de la vida, enhorabuena lo
impide mi asesino, o mejor dicho, la herramienta para mi suicidio. Apenas
recuerdo el tono de mi voz, hace varios días no emito palabra alguna... solo el
pensamiento me hablaba, y no quiero seguir escuchándolo ya mas.


Sobre mi cabeza afeitada como un mohicano, las oxidadas y
sucias hélices de un viejo ventilador de techo se mueven muy lentamente... y eso
que lo púse al máximo. Es sofocante el calor de esta habitación, siempre lo fue,
como la vida de algunas personas.


Su carita de ángel endemoniado viene a mi mente y sonríe,
como siempre lo hacía cuando la abrazaba y la estrujaba contra mi cuerpo. Aún
puedo ver la leve separación de sus dos dientecitos delanteros y el lunar que se
lucía a un costado de su boca, casi sobre el labio inferior. Cuando ingresó a mi
vida, ella tenía unos 17 años y yo ya contaba con 29... delgadita de tez blanca,
pelo azabache lacio hasta casi la mitad de su espalda, unos ojitos marroncitos
claritos que brillaban mas que cualquier estrella que se digne de tal y la
sonrisa mas hermosa jamás vista. Largas piernas, un metro setenta de altura y
las curvas mas deliciosas que se puedan ver. Que bella mi princesita... y que
ilusión mas profunda.


Gíra el ventilador acariciándo con el aire caliente que
devuelve al sudor frío que me recorre, y la parca espera ansiosa a mi dedo y su
recorrido final... lo aliénta, lo apúra, lo hace temblar. Todo continúa en su
lugar, como lo dispúse... de rodillas, arma en boca... es mejor morir
arrodillado que vivir de esa manera...si, buena frase para mi lápida. Parece un
mal chiste pero nunca antes me había detenido a analizar frases hechas. Es mejor
morir quemado que desvanecerse lentamente... respiré hondo inflándo mi pecho
aire y mi dedo, impulsó su recorrido. Que delgada es la delgada línea negra que
divide al principio del fin, que corto el recorrido del gatillo de un punto al
pum definitivo. Pero antes del estallido, antes del epílogo de mis latidos... de
mi vida, apareció Natalya, mi diabla, mi ángel endemoniado, mi otra mitad, mi
todo... y todo lo vivido con ella lanzándose en desenfrenada carrera a la
desintegración, al absoluto olvido, a la ultima morada, directo a la luz blanca
del fin... mi fin.


Que bella era, solo me vastó su hola para caer en las redes
del amor y cuando me dijo su nombre... cuando me dijo su nombre, supe que sería
capáz de dejarlo todo por ella. Era una noche fría de abril en una desolada
parada de omnibus. Estaba cansado tras un día de arduo trabajo y luego de
comprar el boleto me dirigí a la espera de mi asiento calentito dentro del
omnibus. Ahí estaba... paradita, muerta de frío... un pantaloncito de vestir
ajustado de color blanco que transparentaba a una atrevida tanguita por lo
pequeña, un saco azul marino que cubría a una delgada camisita celeste. El pelo
suelto volando al viento... los piecitos inquietos para no quedar congelada en
la espera y... se dio vuelta impactandonos asi los ojos... mirada contra mirada.
Sonrió... si, con esa sonrisa que ya les dije, no tenía comparación posible.


"Hola". Me dijo rompiéndo ese magico momento de miradas sin
mediar palabra alguna.


"Hola". Contesté sin agregar nada mas que eso... hola, que
idiota soy... sonó frío como la noche pero en realidad se trataba de mi
fascinación dominando a todos mis sentidos debido a tan hermosa mujer, a ese
ángel sin alas acariciándome el alma con sus invisibles alas blancas.


"Me llamo Natalya... podrías decirme la hora?".


"Natalya... que bello nombre... yo me llamo Omar".


"Mucho gusto Omar... la hora?, porfi, jajaja". Y reímos
juntos por la situación. Hablámos durante toda la espera, que no fue poca, y
continuamos la charla ya en el omnibus. Debo confesar que le mentí sobre mi edad
y algunos detalles mas de mi vida... se que tambien ella lo hizo porque lo veía
en sus ojos y lo notaba en el tono de su voz, como seguramente ella lo percibía
en mi. De pronto y tras preguntarle si era feliz... me miró con los ojos
inundados de húmeda pena y echó a llorar. Me dolió ver como esas amargas
lagrimas zurcaban la palidez de aquél bellísimo rostro. Le crucé un brazo por
sobre los hombros y llevé su cabeza contra mi pecho. Me partió el corazón esa
escena. Pedí disculpas y mas calmada, me contó que no era felíz... ahí supe que
tenía 17 años y su mamá sufría de una enfermedad muy complicada, que no conocía
a su padre porque este se había ido al enterarse de que sería padre, que estaba
sola... sin mas familiares que su madre enferma, que ya nada le importaba en la
vida. Estaba acongojada y aun su cabeza descansaba en mi pecho. Cerré los ojos y
sonreí... si eso era el amor, ya me podía morir en paz... lo había conocido.
Resonó aquella frase que dice que no se puede perdonar a aquél que vivió sin
haber amado.


No faltaba mucho para bajarme del ómnibus, ella bajaría mucho
mas adelante, pero no podía dejarla sin decirle lo que me estaba apretando el
corazón desde adentro, aquello que iluminaba a mi mirada. La tomé de la mano
para llevarla hacia mi pecho, la miré mas allá de sus ojitos dulces y le dije...
"Sentís como late?... es por vos". Sonrió... vaya que sonrisa, no existe palabra
en el mundo ni libro siquiera que pueda describirla.


Acercó su carita a la mía, pude sentir su cálido respirar de
aroma mentolado en mi rostro y posó luego sus labios sobre los míos...
tiernamente. Quiero que sépan... fue ese, el instante mas feliz de mi vida y el
beso mas disfrutado... suave, lento, eterno. Nos perdimos en nuestras miradas,
nos echámos a volar en el cielo de ellas, para luego sin mediar palabras
tomarnos de la mano y bajar de aquél ómnibus rumbo a un hotel que se encontraba
a pocas cuadras del lugar, tres para ser mas exactos. Caminabamos de la mano
como dos enamorados a través de la fría noche, que para nosotros, era de
primavera, y ella empezó a cantar un tema de Fito Paez al que me sumé como
experto corista. Le pregunté si le gustaba cantar, respondió que solo cuando se
sentía felíz. Ingresamos al hotel, tres estrellas, prometía hidromasaje, buen
juego de iluminación, consumición, pero nada de eso importaba, solo demostrarle
al mundo que el amor a primera vista existe... claro que existe.


Habitación 13, su número favorito... casualidad, tambien el
mío. Abrí la puerta caoba y un cuarto de tonos rojos nos pobló la vista. La
cerré mientras ella se paraba al lado de una cama de dos plazas y media, de
sábanas color berbellón y encajes en sus bordes que llegaban al piso. Me dirigí
hacia aquél angel sin alas, al menos visibles, y abrazándola hicimos de nuestras
bocas un gran beso, húmedo, de inquietas lenguas, de bruscos cambios... suaves y
dulces a violentos y salvajes.


Mis dedos rozaban, casi sin tocar, a sus brazos. Le quité el
saco que cayó a sus pies... hizo lo mismo con el mío. Nunca dejámos de mirarnos
a los ojos, creo que el amor tiene algo de eso... de ver más allá de las
pupilas, mas allá de la razón. Desabotoné su camisita, y ella la mía... ambas
corrieron la suerte de los sacos. Sus pechos se veían preciosos, bastante
grandes, redondos... y me deshice del corpiños, al que arrojé hacia el otro lado
de la cama sonriéndo pícaronamente. Sonrisa que ella imitó, sin tanto éxito y es
que estaba algo nerviosa. Que hermosos senos, pechos de adolecente con pezones
de burdel, blancos como dos copos de nieve cálida. Me acerqué aun mas... su
abdomen se hundía al respirar, se marcaban sus costillitas inferiores, y es que
lo hacia aceleradamente, mezcla nervios y excitación... mis vellos pectorales
rozaron a sus tetitas y luego estas se posaron contra mi pecho. Nos besamos en
la boca... mas ardientes fueron esos besos si los comparámos con los anteriores
besos... mas desenfrenados, mas jugosos... besos en celo como decía ella.


Mis manos se deslizaban a través de la blanca y suave espalda
de Naty, mientras nos devorabamos la boca. Mientras tanto, sus manos paseaban
traviesas por mi espalda, mis hombros y mi cintura. Mi excitación ya apretaba
debajo del pantalón, y decidí que mis manos se deslicen insistentemente en la
curva de la espalda y el comienzo de su culito. Mis dedos traspasaron lentamente
la línea que el pantalón creaba entre su cola y el final de su espalda.
Lentamente mis manos se acercaban al cielo, hasta que con las dos abarqué sus
glúteos, uno en cada mano. La empujé contra mi, para que sienta la dureza de la
que había sido artífice y ella hizo lo mismo... me tomó del culo y me empujó
contra ella. A esas alturas, excitadísimos, y por instinto, nos movíamos.


Apreté aun mas sus muslos bajo mis manos que parecían ya
garras envueltas en lujuria y las llevé mas abajo, hasta que pude sentir en la
yema de mis dedos el calor de su viscoso flujo vaginal, y la parte inferior de
su vagina. Al rozarle alli, se apretó mas contra mi pene y empezó a moverse con
mas rapidez sobre él, de arriba hacia abajo, con feroz pasión. Su cara de
inocente adolecente se había convertido en el vivo rostro del placer y su
locura. Seguramente, mi cara reflejaría la misma imagen, no tengo dudas de ello,
porque me sentía morir de excitación.


Me separé de su cuerpo por un segundo, le mordi el labio
inferior de su rica boquita y la senté sobre la cama. Me agaché frente a ella y
tomé a sus pantalones por la cintura, para luego de un tirón, seco y rapido
hacia abajo, quitárselo por completo. Hermosa por donde se la míre... una
tanguita blanca y fina la privaba de su total desnudez. Apoyé mis manos en la
cama para lograr acercarme a mi doncella sin subirme sobre ella. Por enésima vez
la besé en la boca y con mi lengua fui descendiendo por su mentón al que chupé
apoyandole mis dientes suavemente. Continue la travesía salivando su cuello
perfumadito, al que lamí desesperademante. Ella me tomaba de la cabeza y gemía,
o ronroneaba, porque mas que gemidito era eso. Hasta que cayeron mis besos en
sus pechos... suaves, firmes, con los pezones erectos, completamente paraditos y
duros. Los babee y pase mi lengua en circulos sobre aquellas pequeñas durezas.
Natalya se doblaba de placer, metía la colita en la cama y curvaba al maximo a
su espalda... acto que hacia cada vez con mas desborde.


Ya mis manos no se apoyaban en la cama pues había bajado lo
suficiente como para volver arrodillarme al pie de la cama sin necesidad de
sostenerme en nada, asi que las utilicé para masajearle las tetas. Mientras
tanto, mi boca lamía y besaba a su pancita plana, con espasmos producto de la
calentura que nos tomaba a los dos. Metí mi lengua en su ombliguito y segui la
linea de vellitos casi invisibles que me guiaban mas hacia el sur. Me topé con
el elastico de la tanguita blanca... al que tomé y tiré hacia abajo, como al
pantalóncito minutos antes.


Ahora si estaba totalmente desnuda, mi amada amante estaba
con toda a suavidad de su piel brillando ante mi. Observé por unos segundos a su
vagina... estaba depilada totalmente, sus labios eran rosaditos y en uno de
ellos tenía un lunarcito (si, como en su boca), al que denominé Bellota... mi
Bellota. Brillaba de humedad y emanaba el olor a sexo de mujer mas dulce que
jamas sentí. No aguanté mas, y acerqué mi rostro... soplé sobre la mojada vulva
y me dediqué a lamerséla, de arriba hacia abajo, hacia los costados, metiéndo
apenitas y de vez en cuando la puntita de la lengua, con dulzura... con amor.
Respiraba aceleradísima mientras movía como loca su pelvis contra mi cara. Sus
gemiditos finitos de nenita caliente me excitaba de maneras insospechadas, su
carita de diabla... su inocencia que se quedó fuera del cuarto, su cuerpo, su
excitación... todo me llevaba al país de las maravilla. De pronto metí toda mi
lengua dentro de su conchita y un gemido, el padre de los anteriores, se derramó
desde sus labios y me empapó la cara... había acabado, pero no dejaba de moverse
ni de gemir... ahora con mas fuerzas, y por supuesto, yo no dejaría de
chupársela.


Para mi sorpresa, grata por cierto, me agarró de los brazos y
me llevó contra ella... cuando le fue posible atrapó a mi cintura con sus
piernas, como la tenaza mas erótica, y me empujó contra ella, hasta que mi
glande se ubicó entre sus labios. Me miró con una mirada de celo increíble y con
sus piernas me atrajó hacia ella... de tal manera que le enterré todo el tronco
de mi pija. Que delicia mas grande, que placer mas inexplicable, estaba
haciéndole el amor... si, no estaba solo cojiendo con ella... haciamos el amor.
Nos mirábamos a los ojos mientras la penetraba... nos movíamos lentamente e
íbamos aumentando el ritmo poco a poco. Estuve sobre ella un largo rato, hasta
que se sentó sobre la cama y me invitó a recostarme. Lo hice, me acoste y mi
princesita se sentó sobre mi pene que estaba empapado, duro y rojo de tanto
coger. Me estaba por explotar, ya no aguantaría mucho mas. Y Naty que me
cabalgaba como loca, tanto que eran notablemente nítidos los golpes de sus
muslos contra mi entrepierna, el chasquído saladito de nuestros liquidos
sexuales, mezclados con los gemidos de los dos.


Me preguntó si estaba por acabar, le dije que no podría
aguantar ya mucho mas, entonces desenvainó su conchita de mi pija, y acto
seguido se puso en cuatro ofreciéndome su culito, redondo, compacto, riquísimo.
"Quiero que derrames toda tu lechita dentro de mi culito", me dijo con voz
quebrada. Me arrodillé frente a esa imagen de perrita y no costó tanto
metérsela, ya que estaba altamente lubricada con sus propios jugos. Primero
entró el glande, y en el segundo empujón ya había metido medio tronco adentro de
su ano. Temí lastimarla, pero ella se lanzó contra mi, clavandoselá toda. Gimío
como loca, y tras bombear un poco mas eyaculé dentro de ella, en sus entrañas.
Cai casi desmayadosobre ella, y asi quedámos, solo un rato, porque al
recuperarnos vovimos a coger.


Esa noche, no quería volver a casa, ella tampoco, y no lo
hicimos... tras hablar muchísimo y coger mas, nos dormimos abrazados, con
nuestros sexos humedos, pegoteados y temblorosos de tanto amar.


Durante meses nuestros encuentros fueron mas que seguidos, y
el amor creció tanto entre nosotros que planeamos unirnos para nunca
separarnos... ya estaba decidido, quería pasar mi vida a su lado, amarla para
siempre, eternamente. Le pusimos fecha, el 23 de junio... ese sería el gran día.
Como la amaba... como me amaba, todo era tan perfecto. Eramos felices... ella
cantaba cada vez que estabamos juntos, y yo cantaba junto a ella, obvio. El 5 de
junio, nos amamos en el hotel de la primera vez, para recordarnos que nuestro
amor era eterno, nos juramos lealtad y felicidad, y no eran solo meras promesas,
era mucho mas que eso. Al despedirnos me dijo algo que jamás olvidaré..."Mi
amor, te voy a seguir hasta en la muerte... te amo", y se subió al omnibus.
Quedé parado mirando enamorado como se alejaba mi amada.


Al día siguiente, una mujer me llamó por teléfono al trabajo,
parecía la voz de Natalya, mi princesita... era su madre, llorando
desesperadamente. La noticia me quebró, aniquiló a mis ganas de vivir... Naty
había muerto en un confuso accidente, cayó de un octavo piso. Pensé en su cuerpo
contra la fría calle, su carita ensangrentada, jamas la volvería a ver.
Crassssshhh... todo mi mundo se había derrumbado, había caído junto a ella desde
aquél octavo piso... ya nada tenía sentido para mi. Sin ella un vacío absoluto
tomaba mi pecho... sin ella mis días eran como una caminata en el pasillo de un
tren en madrugada. Lloré desesperado, desgarrado en el alma, destruído por donde
se me mire, y al llegar a mi casa supe que no fue accidente aquélla trágica
caída de ocho pisos, claro que no. Me cobré su vida... la vengué, pero no
bastó... ya nada valía la pena, sin ella. Nada que hiciera me haría recuperarla.


El 23 de junio cumpliría mi promesa de amor... me iría con
Naty, a donde quiera que esté pues jamás me separaría de ella... 23 de junio...
el gran día.


Puuuum, sin vueltas, eterno, rotundo, eficaz, cayó mi cuerpo
contra el piso, el golpe fue seco. Desde mi boca un hilo de sangre descendía
hacia abajo de mi cama de dos plazas con sábanas blancas, amarillentas ya. Allí
estaba el cadáver de mi esposa, a la que dejaría por Naty, para irnos a donde
sea, pero juntos. Ella no soporto eso, y al enterarse de mi relación tras
seguirme decidió ir a hablar con mi amada amante. Naty no sabía que era casado,
jamas se lo había dicho... por miedo quizá, pero al discutir con mi esposa,
lloró, forcejeo y cayó al vacío desde el octavo piso de donde trabajaba.


El ventilador continuaba girándo lentamente, suc suc suc
suc... el calor era sofocante, como la vida de algunas personas.


 



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Relato: Naty y yo... amor eterno
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