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Relato: Begoña: pasión inconfesable


 


Relato: Begoña: pasión inconfesable

  

BEGOÑA: PASIÓN INCONFESABLE


Cuando tenía 6 años mi madre me regaló un precioso perrito
llamado Puppy. Era de raza labrador, blanco, de pies a cabeza, igualito
que el perrito del anuncio Scottex. Yo me desviví por ese animal, y jugaba con
él todos los días. De vez en cuando yo fingía ser una enfermera y él mi
paciente. ¿Quién no ha jugado en su infancia a médicos?. Fue ahí cuando empezó
mi vocación. El amor por aquel perrito me hizo pensar en los demás animales, en
aquellos que no tenían casa ni amos para cuidarlos, y siendo tan niña me dije
que, de mayor, me dedicaría en cuerpo y alma a los animales, aunque en aquel
momento no tenía idea de las consecuencias de mis palabras. Inmediatamente fui a
contárselo a mi madre, que estaba tendiendo ropa fuera de casa, al calor de
aquella soleada tarde.



-Mamá mamá…ya sé que seré cuando sea mayor…



-¿Ah sí, mi amor?. ¿Qué vas a ser?.



-Quiero ser médico para curar a todos los animales del mundo
y ser una buena doctora y abrazarlos y…



-Vale vale-me dijo Mamá poniendo freno a mi euforia-. Estoy
segura que serás una gran doctora.



-¿De verdad Mamá?.



-Claro que sí. ¿Acaso lo dudas?.



Mamá me cogió en brazos y me dio un fuerte abrazo,
confortándome y sonriendo. En sus brazos siempre me sentía feliz. Desde aquel
día, estudié como una loca para convertirme en una gran médica, para ser una
buena veterinaria y trabajar no solo en una clínica, si no también, si fuera
posible, en un gran zoológico curando a jirafas, monos, hipopótamos, y toda
clase de animales. Quería ser una mezcla de la Jane de Tarzán con la Dra. Quinn.
Mis padres me apoyaron al máximo en ese sentido, era su hijita predilecta y me
animaban a que hiciera realidad mis sueños. Gracias a ellos terminé mis estudios
con una nota inmejorable, y ya en la universidad hice otro tanto, no dejando que
nada me apartara de mi camino. De vez en cuando, en el comedor del instituto,
mis amigas solían sacar el tema:



-Oye chica, ¿y cuando vas a empezar a echarte un novio?.



-¿Yo-contesté con una mueca de incredulidad-?. Yo paso de
eso. Lo único que me importa es graduarme para ir a la Universidad y doctorarme.
Ya habrá tiempo de echarse un novio. No tengo prisa.



-Lo que tú digas, pero Pili tiene razón-me replicó Vanesa-.
Los años pasan rápido y si no haces nada pronto te verás sola en la vida.



-Pero que pesaditas estáis las dos. Ya habrá tiempo para eso.
La vida…



-La vida pasa rápido, Begoña-me dijo Lola, cortándonos en
seco-. No te creas que tienes todo el tiempo del mundo para hacerlo todo. Ya
sabes lo que dicen. "La vida es eso que pasa mientras haces otros planes".



-Sí, vale, lo que vosotras digáis, ¿de acuerdo?. Con vuestro
permiso, tengo clase. Ya nos veremos de tarde.



Más ó menos así iban nuestras conversaciones. No negaré que
cuando las veía con sus novios yo sentía cierto anhelo, pero estaba dispuesta a
no ceder ante nada, y creía firmemente que un novio me distraería mucho de mi
objetivo. De vez en cuando me sentía un poco sola, pero tenía a mis padres para
consolarme. Ellos siempre me decían que los años pasaban rápido y que era tiempo
de buscar un hombre(lo mismo que me decían mis amigas), de tener un novio con el
que compartir mi vida, pero yo siempre respondía con un "ya habrá tiempo para
eso". Para mí no había nada más importante que mi sueño de ser veterinaria, no
había nada más. ¿Para que quería yo un novio, además?. ¿Para perder tiempo en
arrumacos y besos cuando podría estar sacando la carrera?, ¿para estar en el
cine ó en un parque abrazados cuando podría estar estudiando para los exámenes
finales?. Era una pérdida de tiempo y siempre me dije que me echaría un buen
novio pero cuando lograra el doctorado, que conseguí siendo la primera de mi
promoción. Con 23 años ya estaba licenciada, y tras unas pocas prácticas, obtuve
un puesto de ayudante de médico en un zoológico en una ciudad vecina. Me apenó
mucho porqué aquel trabajo conllevó mudarme y comenzar mi vida en solitario,
dejando de lado a las amistades de toda la vida(pero me fui con el compromiso de
mantener el contacto con ellas y vernos a menudo). Lo cierto era que estando a
una hora en coche podía haberme quedado en mi ciudad, pero prefería lanzarme a
la aventura de emanciparme e iniciar esa vida en solitario pese a sus
consecuencias. Tras la muerte de Puppy cuando yo tenía 17 años(por suerte
estaba de vacaciones y cuando me enteré ya era tarde, con lo que la pena fue
menos), me llevé a unos de sus cachorros de la última camada, Kiko, de
unos 7 ó 8 años de edad, que era de color canela claro, para que me hiciese
compañía. Papá y Mamá tenían dinero de sobra y eran capaces de cuidar a los
cachorros, de ahí que se los quedaran(si no, otro gallo cantaría), eso sin
olvidar que viviendo en un barrio residencial había más facilidades que criarlos
que en un piso céntrico. A los pocos meses de mudarme al piso que había
encontrado y que quedaba más ó menos cerca del zoo ya estaba completamente
integrada en un nuevo entorno que me parecía excitante a cada día que pasaba:
nuevas amistades, nuevos lugares por descubrir…



Mi trabajo, al que estaba entregada día y noche, consistía en
mirar como el Dr. Narváez, mi jefe, hacía las operaciones y ponía las debidas
inyecciones, enseñándome los trucos de un puesto que, tarde ó temprano, yo iba a
ocupar. La confianza que mis superiores tenían en mí hacía que muchas veces me
quedara sola con los animales ó que yo misma tuviera que cerrar el zoológico.
Esos momentos de soledad los aprovechaba para pasear por el zoo y ver los
animales con los que soñaba de niña. No fueron pocas las veces que me emocioné
intensamente al pasear por allí y recordar cuanto deseaba hacerlo siendo niña,
allá en mi hogar. Fue en uno de esos paseos donde ocurrió la experiencia que lo
cambiaría todo en mi vida en adelante.



Paseaba por la jaula de los orangutanes, perdida en mis
divagaciones, cuando vi que todos estaban muy excitados. Era debido a Charlie,
un orangután que siempre había sido muy pacífico, pero que sin embargo ahora
estaba como un loco, dando chillidos y yendo de un lado a otro. Como Charlie
y yo ya nos conocíamos bien, entré en la jaula sin precaución alguna para
cogerlo con total felicidad y llevarlo a una celda especial usada para aislar
animales peligrosos ó que tuviesen una infección contagiosa. Por su tamaño pude
llevarlo en brazos sin que me diese problemas durante el viaje, pero cuando
llegamos a la celda y quise meterlo, ¡¡me tocó un pecho!!. Fue entonces cuando
entendí sus aullidos: ¡¡al buenazo de Charlie le había entrado el celo!!.
Me hizo un poco de daño por la fuerza que usó para tocarme y me estuve tocando
para calmar el dolor. Siempre he sido de tetas grandes, por lo que no me extrañó
que aquel orangután se hubiese fijado en ellas. Él parecía contento de haberme
tocado, y yo me quedé de lo más perpleja. Entre una cosa y otra, ¡se me habían
endurecido los pezones!. Lo peor fue que llevando una débil camiseta como
llevaba, resaltaban de forma más que evidente. Intentando apaciguar el dolor me
volvió a tocar, pero ésta vez fue algo más suave, provocando que lanzara un
gemido de placer. Me quedé tan boquiabierta que un montón de preguntas, dudas e
inquietudes me cruzaron por la mente:



¿Cómo podía haberme excitado que un orangután me acariciase?,
¿acaso una mujer y un animal podían hacerlo?, ¿porqué Charlie se había
fijado en mí y no en sus compañeras orangutanes?, ¿podía una mujer como yo
disfrutar de algo así?, ¿me haría daño?...



Reparé en mi propio cuerpo en ese instante: 1’72 de alto,
largo pelo rojizo, ojos verdes, buenas curvas, 91 de cadera, 60 de cintura y 98
de pecho…si fuera hombre, tendría que ponerme esa etiqueta de "tía buena".
Mientras me veía, sentí como si me hubiesen dado una bofetada que me sacara de
una larga ensoñación: no había estado con un hombre en mi vida. ¡Aún era
virgen!. A mis 24 años aún estaba por estrenar, algo inusual comparado a mis
amigas, las cuales antes de los 18 ya habían tenido un buen número de hombres en
sus camas. En aquella extraña situación, me planteé una pregunta: "¿si me he
pasado toda la vida amando a los animales, no es hora ya de que me devuelvan ese
amor?". Miré a Charlie con ojos brillantes, viendo como se tocaba para
pajearse. Es bien famosa la capacidad casi ilimitada de los monos para hacerse
pajas a un ritmo de vértigo, y me quedé mirándole desafiante y muy sorprendida
de ver el tamaño que tenía su polla. Era la primera que vez que veía una, y si
ya era grande de por sí, a mí me parecía enorme, como un cañón.



-¿Quieres una hembra eh mono cabrón?. Pues vas a tenerla…



Me dio la impresión de que estaba enloqueciendo. Yo, a punto
de dejar que un orangután me follase por primera vez y me convirtiera en su
mona. Tiré mi ropa por el suelo, quedándome desnuda ante él, que parecía aprobar
lo que yo estaba haciendo. A pesar del calentón que Charlie llevaba yo
sabía que era inofensivo pues se había criado en cautividad. Me metí en la jaula
con él y lo cogí en brazos. Se volvió a aferrar a mis tetas, cogiéndolas como si
temiera no volver a tenerlas. Me las tocó un buen rato para excitarme, y bien
cachonda que me puso, el muy cuco sabía lo que se hacía con su hembra humana. Me
tumbé en la paja del suelo para dejarle hacer todo lo que quisiera. Sentí un
dedo que comenzaba a tocarme en mi coño, a entrar y salir para ponerme húmeda,
sin llegar a desvirgarme. Recliné mi cabeza y me dejé hacer, estaba totalmente
rendida a aquella maravilla que nunca había sentido. Su dedo hacía delicias en
mis vírgenes entrañas.



-Ooooooohhh por dios…esto es el
paraíso…uuuuuuuuummmmmm….sigue Charlie…tócame, tócame más….hazme tu mona…



Zoofilia. Nunca jamás pensé mucho en ella en toda mi vida, y
si lo hacía lo consideraba una aberración de mentes retorcidas y enfermas, de
depravados y gente amoral, pero ahora se me antojaba como algo que deseaba
experimentar hasta gritar de gusto. No sabía lo rico que era sentir como un
animal te pone a tono para poseerte, y en aquel instante yo quería ser la mona
de Charlie. Llevé mis manos por su cuerpo y acaricié su pecho y sus
brazos hasta tocarle la polla. Era la primera que tenía en mis manos y su tacto
me resultó tan extraño como excitante. En cuanto comencé a pelársela Charlie
hacía pequeños gemidos y gestos con la cara que me decían que lo estaba gozando.
Se acercó a mí y puso su miembro en mi cara, pidiéndome que me tragara toda su
polla. Abrí todo lo que pude y una vez la tragué, el cabrón de él me agarró por
la nuca y comenzó a follarme la boca como un verdadero poseso. Aquello me había
cogido por sorpresa y estaba un poco asustada, por lo que intenté librarme de
él, pero era imposible, estaba bien sujeta y con su polla llenando mi boquita.
Se meneó adelante y atrás con prisa, con saña, sin importar que yo pudiera estar
disfrutándolo. Por un momento sentí como si me estuviesen violando. Charlie
chillaba y chillaba, no había manera de hacerle callar. Cuando lanzó un largo
grito se vino en mi boca y tuve que hacer verdaderos acopios para no
atragantarme, por lo que tuve que tragarme todo el semen que pude y echar el
resto, incapaz de seguir. Por fin me liberó y pude respirar con tranquilidad
creyendo que todo había pasado. Que equivocada estaba.



Charlie se me subió encima, inmovilizándome y
acariciando mis tetas. Pasó su boca por ellas y me chupó tomándose su tiempo,
sabiendo que me tenía dominada y asustada. Debido a mi excitación tenía las
tetas muy duras y los pezones bien tiesos, algo que a mi amante no le pasó por
alto. Los tocó un poco para jugar con ellos y retorcerlos, haciéndome gemir de
placer y dolor a la vez. Al cansarse de tocarlos los chupó un buen rato
queriendo sacar algo de leche, pero no le fue posible. Aún así estuvo
intentándolo un buen rato para dejármelos doloridos, a punto de reventar. Mi
cuerpo ardía en deseos de sexo. Quería ser follada allí mismo. Quería que ese
mono me follase y me reventase como el animal salvaje en que me había
convertido. Lo deseaba.



-Vamos Charlie, fóllame, fóllame viva, reviéntame con
tu pollón hijo de puta. Destrózame el coño, fóllate a tu doctora…



Charlie entendió mi orden a la primera. Le facilité la
tarea abriéndome bien de piernas y levantando un poco el culo para enseñarle mi
cuquita dilatada y húmeda. Su olor le provocó, lo sé por como volvió a
empalmarse delante de mí. Se subió encima mío, me tocó el coño un poco y me
clavó toda su animal hombría sin darme tiempo a acomodarme, haciéndome dar el
grito más fuerte de toda mi vida.



-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRGGHH!!...



Charlie quedó impasible ante mi dolor. Se limitó a
cogerme bien fuerte por los hombros para tenerme bien sujeta y se puso a
follarme como una bestia. Mi cuerpo entero estaba temblando entre el dolor de la
desvirgación y el placer de mi primera relación sexual. Como me embestía el muy
hijoputa, parecía querer torturarme y tuve la sensación de que eso era lo que
hacía. Sentí que su polla me estaba desgarrando y que me mataría, que me partía
en dos. Me bamboleaba de un lado a otro y me dolía muchísimo debido al tamaño
que tenía, pero me estaba gustando más allá de cualquier límite imaginable.
Respiraba con dificultad, jadeaba y me costaba tragar saliva, como si estuviese
atragantada por tener algo en mi boca.



-Aaaaaahh aaaaaaaahh aaaaaaaaahh aaaaaaaaahh
aaaaaaaaaahh…fóllame Charlie, ¡¡fóllameeeeeeeeeeee!!...así,
asíiiiiiiiiii…jódeme mono cabrón…



Difícilmente un hombre puede igualarse a un mono en cuanto a
potencia sexual. Charlie me penetraba sin bajar el ritmo ni por un
segundo, iba a tanta velocidad que pensé que en una de las acometidas iba a
empalarme y que su polla me iba a salir por la boca. ¡¡Y no paraba de
follarme!!. Me encontraba fascinada por la tremenda energía con la que me estaba
perforando. Mis tetas se movían como flanes de gelatina, mis piernas ardían, mi
cuerpo era un volcán a punto de entrar en erupción. Mis mejillas estaban
rojísimas de lo ruborizada que me encontraba por mi sobreexcitación. Todo mi ser
temblaba y recibía a gusto aquella pervertida experiencia que desde luego era lo
mejor que me había pasado nunca.



-Ooooooh oooooohh ooooooooohh ooooooooooh oooooooohh…voy
a…voy a correrme…me voy a correr…aaaahh aaaaaaahh aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahh…



Charlie dio unos cuantos chillidos agudos y eyaculó
dentro mío con varios chorros que salieron a toda velocidad. Me poseyó en todos
los sentidos y cuando se salió me cayó un poco de su semen en el vientre.
Llevada por la curiosidad lo cogí con los dedos y lo probé. Era muy raro por su
textura y sabor, pero entonces me sabía a gloria. Al dejarme sola quedé allí
tumbada, sin moverme, con la cabeza en las nubes, jadeando por el cansancio que
tenía y absolutamente incrédula por lo que acababa de hacer. ¡Me había follado
un mono!. No sabía si enfadarme por permitir semejante atrocidad ó alegrarme por
descubrir el placer de la zoofilia. Charlie hizo bien su trabajo: me
folló de tal manera que quedé en un mar de dudas. Me incorporé un poco y vi un
pequeño charco de sangre en la paja, que evidentemente era mi sangrado natural
de la desvirgación. Al mirar a Charlie éste se me acercó y me abrazó como
si volviera a ser el de siempre, como si nada hubiera pasado. Me sentí
tremendamente lasciva por estar desnuda abrazada a un mono que hacía pocos
minutos me había echado mi primer polvo, fue como estar en la jungla. Le
acaricié y mimé un poco. El roce de su peludo cuerpo junto al mío enervó de
nuevo mi excitación, sentí el deseo de volver a dejar que me follara. Pasé una
mano por su vientre y se la cogí para masturbarle. Charlie se dejó hacer
como adivinando lo que su ama humana quería. En lugar de ponerme tumbada como la
primera vez, me puse a cuatro patas con mis manos en los barrotes para sujetarme
bien. Sentí como su dedo volvía a tocar mi conejo para saber si estaba húmeda, y
lo metió un par de veces para mojarlo y después probar el sabor de mis jugos.
Debió gustarle muchísimo, porqué noté como se me subió a la grupa, penetrándome
sin preparatorias, haciéndome daño con su primera estocada. La mezcla entre
placer y dolor era divina, sublime. Me puso a mil.



-AAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAHHH…CHARLIEEEEEEEE…así
métemela máaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaas…Oooooooohh diooooooooooosss…



Me cogió de los hombros como la otra vez, pero ahora, como
estábamos en la posición que le era más favorable, Charlie metió la
directa con más vigor que antes. Literalmente me estaba desgarrando como un
violador. ¡¡Y lo estaba disfrutando!!. ¡¡Me corría por todas partes gozando de
su polla!!.



-¡Aaaaaahh aaaaaaaaahh aaaaaaaaaaah aaaaaaahh aaaaaaaaaah
aaaaaaaaaaaahh!....fóllame mi amor…fóllame más…¡¡MÁAAAAAAAAS!!...viólame
Charlie
…destrózame, préñame, rómpeme, fuérzame…AAAAAAAAAHH AAAAAAHH…



Estaba chiflada perdida. Mi mente solo podía pensar en querer
más, más fuerza, más rápido, más fuerte, más violento, más, más, más…Estaba loca
de sexo. Empecé a mover las caderas para seguir el ritmo de mi bestial amante y
gozar aún más. Tenía mi panocha tan dilatada que podría aparcar allí un camión
de lado y un quedaba sitio para algo más. La polla de Charlie me ponía
excitadísima, me daba caña muy duro y me encantaba sentirla follándome como la
guarra que era. Me sentí la mujer más puta del mundo, la más asquerosa, la más
viciosa, pero en mi perversión también me sentí la mujer más feliz, la más
complacida y satisfecha. Noté que mis piernas me temblaban, mi cuerpo vibraba
entero, y advertí que iba a correrme otra vez lo mismo que él.



-¡¡OOOOOOOOOHH OOOOOOHH OOOOOOH OOOOOOOH OOOOOOOOOOOHH
OOOOOOHH!!...ME CORRO CHARLIE ME CORRO…CÓRRETE MONO
CABRÓN…CÓRRETEEEEEEEEEEEEEEE ¡¡AAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAARRRRGGHHH!!...



Tres, cuatro, cinco chorros salieron disparados a mi vulva
mientras Charlie chilló mientras se corría. Yo no sabía si estaba un
orgasmo gigantesco, varios pequeños ó miles diminutos pero lo que sabía es que
no paraba de gozar. Me llenó tanto la panocha de su semen que me empezó a
resbalar por las piernas. Charlie me tocó un poco más el coño viendo como
se me salía su leche y luego se estuvo tocando un poco. Salí de allí como pude,
cogiendo la ropa y sin vestirme llegué hasta un despacho donde pude descansar un
poco. Por suerte las videocámaras estaban desconectadas, si no me habrían
descubierto, despedido y seguramente denunciado. Tenía el cuerpo dolorido, lleno
de marcas por todas partes, con mis piernas manchadas de semen, y suerte tuve de
que no le dejase desvirgarme el culo. Me vestí como pude y volví a casa para
intentar dormir, pero entonces Kiko se me echó encima moviendo la cola,
pidiéndome que le llevara a su paseo nocturno. Con mucho pesar cogí la correa y
salí a un parque cercano para que hiciera sus necesidades.



-Vamos Kiko, Mamá está cansada y quiere dormir.
Termina pronto.



-¿Nunca van a gusto del dueño, verdad?.



Me giré sobresaltada. Llevando el collie más guapo que he
visto en mi vida, apareció el hombre más atractivo que me había encontrado
nunca: alto, como metro noventa, pelo castaño claro, de ojos profundos, oscuros,
buena presencia.



-Eeehh sí-contesté-…siempre van a lo suyo…pero es que estoy
deseando que termine ya que estoy agotadísima del trabajo…



-Jajajajajaa…suele pasar. Yo también tengo que sacar a
Perla
de paseo ó si no se me pone a ladrar tanto que los vecinos se me
quejan.



-Es un animal precioso el que tiene usted.



-Su labrador también es muy guapo. ¿Cómo se llama?.



-Kiko.



-Hola Kiko, yo soy Fernando. ¿Disfrutando del paseo
con tu ama?.



Por primera vez en su vida Kiko fue a lamerle la mano.
Me quedé de piedra ya que siempre había sido muy hostil a los extraños, pero esa
vez no.



-Eres el primero al que no ladra-dije extrañada-.



-¿En serio?. Debe ser buena señal.



-Sí, seguro. Eeh, lo siento mucho, pero tengo que irme, de
verdad. Estoy muy cansada.



-¿Nos veremos algún día por aquí-me preguntó con gran
apremio-?.



-Posiblemente.



Me fui de allí con una sensación extraña.



-¡¡Eeeehh-me gritó en la lejanía-. No sé tu nombre!!.



-¡No te lo he dicho-contesté irónica-!.



Pude ver que él sonrió con confiado sarcasmo, como si supiera
que volveríamos a encontrarnos, lo que me hizo sonreír a mí. Volví a casa, dejé
a Kiko en su cesta para que durmiera y yo me metí en la ducha para darme
una buena limpieza que me dejara impecable. Después me metí en cama y dormí como
un lirón hasta la mañana siguiente.



Al despertar, lo hice con la sensación de que todo había sido
un sueño, pero el dolor de mi cuerpo me dijo todo lo contrario. Me levanté de la
cama, me puse el albornoz(siempre duermo desnuda) y me fui a ver un poco la TV.
Mientras echaba un pitillo, hice repaso a todo lo ocurrido la noche pasada.
Charlie
, su excitación, mi locura al dejarme ser follada…Me eché las manos a
la cabeza y lloré desconsoladamente. Fue entonces cuando entendí lo que mis
padres y todos mis amigos me habían ido diciendo a lo largo de los años: estaba
sola. Me obsesioné tanto con mi vida profesional, que no hice vida personal. ¿De
que sirve cumplir tus sueños si no tienes con quien compartir esa alegría?. Por
suerte no tenía un trabajo al que volver a toda prisa, era mi día libre, solo
que en vez de ir al cine, ó alquilar una película, me quedé allí sola, llorando
por haber sido tan tonta. Escuché entonces un gemido a mi lado y vi a Kiko
mirándome con tristeza.



-Hola mi amor. Mamá esta triste, pero no pasa nada ¿vale?.
Estoy bien.



Gimió de forma lastimera un par de veces viendo mis lágrimas.
Le rasqué la cabeza y le di mimos. Él me lamió un poco la cara haciéndome
cosquillas y me hizo sonreír un poco. El bueno de Kiko me sacó un poco de
la tristeza en la que había caído. Mientras le rascaba, desfilaron por mi mente
las imágenes de la noche pasada e intenté comprender como era posible que
aquello, siendo algo tan perverso, me hubiera gustado tanto, y me pregunté
también si sería posible que Kiko pudiera hacerme lo mismo. Lo cierto era
que en aquel momento necesitaba evadirme de todo. Necesitaba sentirme bien.
Quería huir de aquel dolor.



-¿Quieres mimos eh?...Que cariñoso eres guapetón…



Le hice un par de caricias por el lomo y bajé a su vientre y
como siempre que yo hacía eso, él se echó en el suelo para dejarse acariciar.
Estuve haciéndole carantoñas unos minutos, y buscando un modo de evadirme del
dolor, mi mano bajó hasta su oculta verga, acariciando lentamente para
excitarlo. Kiko pareció no molestarse por las intenciones de su ama, todo
lo contrario. Seguí acariciando hasta ver asomar una gran polla rojiza de
considerable tamaño. Caí en la cuenta de que nunca había llevado a Kiko
de perras para que se desahogara, pobrecito mío. Bueno, ahí estaba yo para
aliviarle. ¿Quien mejor que su propia ama para satisfacer sus necesidades?. Con
cuidado de no lastimarlo toqué su polla para notarla, la pajeé un poco
sintiéndola en todo su esplendor y Kiko resopló un poco diciéndome que le
estaba gustando lo que le hacía. Deslicé el cinturón de mi albornoz, abriéndolo
a los lados para que me viese desnuda. Me sentí ponerme húmeda mientras
masturbaba a mi perro, pero realmente húmeda. El gran tamaño que tenía y lo
caliente que estaba me tenían en trance. Dejé de sobarle y volví a echarme en el
sofá, recostándome un poco y abriendo mis piernas para dejarle mi vulva a la
altura de su hocico. Él se levantó del suelo, se puso entre mis piernas
olfateándome y sin que le dijera nada, se puso a lamerme. Al primer lametón
perdí la noción de la realidad y gemí de puro goce. No había sentido nunca nada
igual. Su lengua me saboreaba con rapidez, mis jugos le volvían loco y me puse
cachonda. Quedé allí un buen rato dejando que me lamiera y me probara el tiempo
que hiciera falta. El placer que me estaba dando me puso tan caliente que mis
mejillas volvían a arderme de lo excitada que me tenía.



-Aaaaaahh aaaaaaaahh aaaaaaaaaah aaaaaaah aaaaaahh
aaaaaaaaahh…lámeme bien mi amor…bébete los jugos de tu ama querida…dale Kiko
dale…mmmmmmmm…



Me relamí varias veces, mi cabeza desvariaba, mi cuerpo
recibía su lengua de buena gana y sentía derretirme allí reclinada. No tenía
idea de lo que me había estado perdiendo hasta que lo había probado. Kiko
era una joya en bruto que ahora estaba mostrando toda su habilidad. No podía
creerlo: ¡hacía tan solo unas horas me había entregado a un mono y ahora iba a
hacerlo a mi propio perro!. ¿Qué diablos me estaba pasando?. ¿Es que estaba
perdiendo la razón ó simplemente estaba desesperada por estar sola?. Lo único
que sabía en ese instante es que solo quería llegar al final. Quería mi amado
perro me montara, que me follara. Me incorporé para ponerme a cuatro patas como
a las perritas separando bien las piernas facilitándole la tarea y quitándome el
albornoz para que me tuviera a su entera disposición.



-Vamos Kiko vamos…móntame Kiko…venga, súbete y
móntame…vamos perrito bonito móntame…



Fue fantástico sentir su peso sobre mi cuerpo cuando se me
subió a la grupa. Abrí un poco mis labios vaginales y con los dedos y
aaaaaaaaaaaaaaaarrrggghhh me la clavó hasta el fondo. Lancé un ronco y largo
gemido cuando me hubo penetrado. Puso sus patas en mi cintura sujetándome bien y
se dispuso a follarme como un loco.



-¡Aaaaahh aaaaahh aaaaaahh aaaahh aaaaaahh aaaaaaaahh aaaaahh
aaaahh aaaaaahh!…¡¡KIKOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!...oh dios míoooooooooo que
perrooooooooooooooo…fóllame Kiko, móntameeeeeeeeeeeeeeeeeee…



Era increíble la fuerza y la rapidez con que me follaba. Yo
creía que Charlie era rápido, ¡pero Kiko le ganaba con creces!. En
mis oídos escuchaba un "plop plop plop plop plop" de chocar sus caderas en mi
culo que me excitó aún más. Su polla en mi coño era deliciosa y todo un vicio
para mi cuerpo. Mis pezones me iban a explotar de lo duros que estaban, y mi
panocha se dilataba que era una barbaridad. Allí tumbada con los ojos cerrados
estaba dejando que mi perro me follara. Me lo estaba pasando bomba, gimiendo
como una loca esperando que su semen me inundase y me hiciera gozar como la
perra que era. Kiko seguía taladrándome a una velocidad de vértigo
haciéndome resoplar y jadear, sintiendo que el momento final se acercaba a pasos
agigantados.



-MMMM MMMMM MMMM MMMMM…OOOOOOH OOOOOOHH OOOOOOOOH OOOOOOHH
OOOOOHH OOOHH…SÍ, SÍIII SÍIIIIIIIIIIIII…ME CORRO…ME CORRO TODA…FÓLLAME KIKO,
FÓLLAME VIVA…ME CORROOOOOOOOOOOO ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRGGHH!!...



Me corrí por todas partes pero él aun no había terminado y
siguió un poco más hasta que sí me llenó de su semen, que no paraba de salir,
como si él fuera una fuente. Mis orgasmos iban uno detrás de otro llevándome a
gritar de placer. Tanto semen echó que noté como algo se me resbalaba por las
piernas. Estaba muy caliente, pero lo peor fue que un enorme bulto se le formó y
se metió en mi vulva. Habíamos quedado enganchados uno con otro y tuve miedo
pensando que aquello sería para siempre, pero al cabo de unos minutos de seguir
echando semen empezó a deshinchar su bulto y pudimos desengancharnos. Quedamos
culo con culo, como tantas veces había visto en algunos parques cuando sacaba a
Kiko de paseo, antes de quedar desunidos. Tiró un poco de su lado, yo del
mío y se salió de mí. Miré a mi vulva y la vi empapada de semen. Estaba perpleja
al comprobar la copiosa corrida de un perro. Debido al cansancio que tenía no
pude si no quedar allí, en la misma posición, esperando que tuviera un poco de
fuerzas para ducharme y saber que hacer. Mal hecho. Kiko debió
interpretar que quería más guerra, porqué me folló otra vez, y otra vez, así
hasta 4 ó 5 veces que me convertí en la perra de mi perro. Quedé tan satisfecha
que pensé que había muerto y ascendido al cielo. Haciendo acopio de fuerzas me
senté y vi como Kiko se lamía la polla, que estaba brillante de mis
jugos. Al verle así sentí que me habían dado la misma bofetada que con
Charlie
: la bofetada de la culpabilidad. Me quedé tan trastornada, tan
angustiada, que levantándome como pude me metí en la ducha, me vestí, metí a
Kiko
en el maletero y conduje una hora hasta volver a mi antigua ciudad y
llamar al timbre a casa de mis padres como una loca. Cuando vi a Mamá abriendo
la puerta lloré y me eché en sus brazos.



-¡Tesoro!, ¿pero que haces aquí?.



-¡¡Mamáaaaaa!!...lo siento mucho Mamá…lo siento lo siento lo
siento…



Me llevó a la sala de estar y nos sentamos allí. Volví a
abrazarla llorando como cuando era niña. Necesitaba más que nunca que me
confortase.



-¿Qué ha pasado mi amor?. Vamos, cuéntame. ¿Qué pasó?.



-Ay Mamá…es que…lo siento…lo siento mucho…



-¿Pero el qué?.



-No haberos hecho caso, a ti, a Vanesa, a Lola, a todos. Lo
siento mucho Mamá. Ahora entiendo lo que queríais decirme.



Mamá quedó como petrificada mirándome. Parecía una estatua.



-¡Paco!, ¡PACO!. Dios mío, que ya ha ocurrido.



-¿Qué dices, Macarena-preguntó mi padre desde la cocina-?.



-¡¡Que ya ha ocurrido Paco!!.



Mamá me abrazó con tanta fuerza que casi me estaba rompiendo
las costillas. Yo no entendía nada. Sentí un beso en mi coronilla y alguien que
me abrazaba desde atrás y supe que era Papá, confortándome junto a Mamá.



-¿Pero que pasa Mamá?, ¿por qué lloras?.



-Mi amor, te quiero mucho…Llevo esperando este día desde que
tenías seis años.



-¿Cómo-pregunté confusa-?.



-Aún recuerdo el día que viniste a decirme que querías ser
veterinaria, y no sabes como me hizo feliz que mi niña quisiera ayudar a los
animales, pero con el tiempo te aislaste de la gente, apenas salías a
divertirte, no tenías novios, solo vivías para estudiar. Yo rezaba cada noche
para que vieras lo que queríamos decirte. No sabes la angustia que he vivido
todos estos años, lo mucho que deseaba que llegara este momento.



-¿Pero por qué no me dijiste nada Mamá-sollocé-?.



-Por qué no quería interponerme en tus sueños. Se te veía tan
ilusionada…



Enjuagué las lágrimas de Mamá, le di un beso en la mejilla y
otro abrazo tan emocionada que casi volví a llorar.



-¿Tú lo sabías Papá?.



-Claro que sí, y quise hablarlo seriamente contigo, pero ella
no quiso. Decía que ya te darías cuenta por ti misma, y por lo que he visto
tenía razón.



-¿Pero que pasó para que te percataras de una vez-me preguntó
Mamá-?.



-Nada, no pasó nada-respondí-. Ayer cerré yo el zoo como
siempre, paseé por él antes de irme y luego volví a casa, y esta mañana cuando
me desperté, no sé, me sentí tan vacía Mamá, tan sola…y miré a mi alrededor y vi
que estaba sola…y solo pude coger el coche y venir a veros…solo podía pensar en
venir a veros…



-Que felices somos cariño-me dijo Papá-…por fin lo has
entendido. Ahora sabes que si insistíamos tanto era porqué te queríamos mucho y
no queríamos verte sola.



-Lo sé Papá. Ahora lo sé-respondí con vehemencia-.



-Y por suerte ha sido a tiempo.



-¿A tiempo?, ¿a tiempo de qué-pregunté-?.



-De cambiarlo-me contestó-. Hija mía, ya has conseguido tus
sueños con solo 24 años. Mucha gente tarda toda una vida en realizarlos, pero tú
ya lo has hecho. Ahora puedes dedicarte a ti, a ser feliz, a buscar un buen
hombre, a divertirte y a recuperar el tiempo perdido. No desaproveches esta
oportunidad que se te ha brindado.



Abrazado entre ellos, recordé mi breve encuentro con Fernando
y Perla la noche pasada y sonreí pensando en volver a encontrarme con él.
Ciertamente me había cautivado mucho anoche y en mi corazón deseé volverlo a ver
lo antes posible.



-Sí Papá. Lo haré, te lo prometo.



Pasé el día entero con ellos y con Víctor, mi hermano
pequeño, el cual se llevó un alegrón al ver a su hermana que volvía a casa. Fue
un día memorable lleno de recuerdos y ternura como hacía mucho que no tenía. Me
quedé a dormir allí y a la mañana siguiente muy temprano volví a mi trabajo como
si nada hubiera pasado. Mis jefes me preguntaron si había pasado algo ya que
habían visto una pequeña mancha de sangre. Les dije que Charlie se había
alterado y que a lo mejor había herido a alguna mona. Ellos creyeron mi historia
y nadie jamás supo lo ocurrido. Me apenó mucho no poder contarle a mis padres
toda la verdad, pero aquello se había en mi pasión secreta, en mi vicio
inconfesable, pero albergué la esperanza de poder sincerarme algún día.



Hace casi un mes que desperté de mi letargo gracias a mi
orgía con Charlie y Kiko. Desde entonces he dedicado un poco de
tiempo a mí misma, aumentándolo poco a poco con el paso de los días: empecé a
salir de marcha con mis viejas amigas, a divertirme para compensar los años
perdidos, y porqué no, a echar un buen vistazo a los hombres. Aún no he
encontrado a ese Donjuán que me enamore y me haga suspirar, pero tengo el anhelo
de que algún día daré con él, ó él conmigo. Respecto a Fernando y Perla,
he salido todas las noches por los lugares cercanos donde nos encontramos
aquella vez, deseando volver a verlos, pero para mi decepción no ha sido así.
Sin embargo, aún recuerdo la sonrisa pícara que me lanzó en la distancia y la
sensación de que pronto volveríamos a vernos. Estoy deseando que eso suceda. He
soñado muchas veces con ese reencuentro, e incluso que le contaba a Fernando mi
secreto y que a él no solo le gustaba si no que además él lo hacía con la
preciosa Perla. Por su parte, Kiko y Charlie siguen
echándome unos polvos sensacionales. Nada me gusta más que ponerme a su
disposición para dejar que me gocen a su antojo y me follen hasta la locura,
para convertirme en toda una amante de los animales como cuando era niña, y para
hacerme la mujer más feliz del mundo. Lo reconozco: soy zoofílica, y me encanta…


 

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Relato: Begoña: pasión inconfesable
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