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Relato: Las Crónicas de Bagman (2)


 


Relato: Las Crónicas de Bagman (2)

  

Toda la ciudad duerme tranquila... ¿Toda? ¡No! Un superhéroe
se priva del sueño para vigilar que ningún malhechor perturbe el de sus
ciudadanos. Ese héroe es... ¡Bagman!


Desde la azotea de una casa, Bagman, contempla New City.
Lanza un suspiro de satisfacción. A pesar de la ignorancia de los neocitenses,
sus vidas están mucho más seguras desde que él ha llegado a la ciudad. Parece
una noche tranquila. Más esa es una afirmación muy aventurada en la vida de un
superhéroe. Repentinamente, algo le golpea por la espalda: tan poderoso como la
carga de un rinoceronte, tan doloroso como una patada en los güevos. Bagman sale
despedido y cae en la azotea de la casa vecina, un par de plantas más abajo.
Dolorido debido a ambos impactos, Bagman se da trabajosamente la vuelta, a
tiempo para ver como una figura femenina, cubierta de cuero negro, ha saltado
tras él.


- ¿Nightgirl?


- No. Soy Horca - murmura ella, avanzando a su encuentro -.
Soy tu muerte.


CON LA SOGA AL CUELLO


Retrocedamos unos días hasta un lugar similar, otra azotea,
pero esta vez de día y frente a un colegio. Bajo sus pies, varios escolares
rodeaban a un tipejo de sospechoso aspecto e higiene descuidada.


- Venga, chavales. Por ser para vosotros os la dejo a 20
pavos... y pierdo dinero.


El camello notó un golpe a su espalda. Como el que produciría
un objeto pesado al caer. O un superhéroe al saltar desde un edificio, por
ejemplo.


- Creo que deberíamos hablar - oyó a su espalda.


El delincuente se volvió con rapidez y vio un tipo
extremadamente musculoso, que sobrepasaba con creces el metro ochenta, con una
bolsa que le cubría el rostro. Gritó: "ostiá" y salió corriendo rápidamente en
dirección contraria. Bagman no se molestó ni en correr tras él, simplemente
saltó. Saltó y aterrizó por delante del traficante, que chocó contra él como el
que choca contra una pared de ladrillos. Salió rebotado y cayó de espaldas al
suelo.


- Tío, no sabes con quien te estás metiendo - le amenazó,
mientras se llevaba la mano a la nariz sangrante -. Me protege la Mafia, cabrón.


- Yo que tú, me quejaría. Deberían protegerte mejor - repuso
Bagman, llegando hasta él y dejándolo inconsciente de una patada.


Con un gruñido, el héroe se cargó el cuerpo inconsciente del
camello al hombro. Entonces sintió unos golpecitos en el otro hombro. El
superhéroe se volvió, encontrándose con una diminuta adolescente, pero, aun así,
bastante atractiva, vestida con la falda azul oscuro de tablas, las medias
blancas y la corbata a rayas azules y verdes que la identificaba como alumna del
colegio próximo. Aunque es dudoso que la sombra de ojos, los mitones de rejilla
y la fina correa de cuero claveteada que rodeaba su cuello fueran parte del
uniforme. Una macarrilla, la pesadilla de sus profesores, sin duda. La chica le
miraba desafiante con sus brillantes ojos verdes.


- ¿Y mi dosis? - preguntó a Bagman.


- ¿Perdón?


- Mi dosis, joder. Ya la había pagado.


- Perdóneme, señorita, pero mi misión consiste precisamente
en evitar que este delincuente les suministre droga a usted y a sus compañeros.


- ¿Y quién cojones te ha pedido ayuda? ¿Eh?


- Señorita, cuando crezca comprenderá que he hecho esto por
su bien - y dicho esto, Bagman se volvió para irse.


- No, por favor - oyó una voz llorosa a su espalda -.
Necesito esa dosis, por favor.


- Señorita - dijo el héroe volviéndose hacia ella -, la
ayudaría si pudiera pero...


- Te chuparé la polla, si quieres - le cortó ella, con una
lasciva sonrisa.


- ¿Cómo? Perdón... yo... - balbuceó Mike.


- Dicen que la chupo muy bien - susurró la colegiala,
mientras se aproximaba aun más a Bagman, acariciándole el pecho desnudo con la
mano.


- Me parece... que eso que me propone no está bien.


- Te voy a hacer la mamada de tu vida. No te arrepentirás.


El superhéroe miró a la adolescente. La verdad es que parecía
muy desesperada. Mike había leído que el síndrome de abstinencia era una
experiencia horrible. Ya parecía arrepentida. Seguro que, en cuanto saliera de
clase, iría corriendo a buscar una clínica de desintoxicación. No pasaría nada
por darle una dosis a la chica. Además, aunque bajita y bastante plana, tenía
unos ojos increíbles, una espesa melena castaña que enmarcaba un preciosa carita
y un cuerpecito esbelto y perfectamente proporcionado. Vamos, que estaba muy
buena. Bagman había oído en algún sitio que las flacas son las que mejor la
chupan y él llevaba varias semanas sin comerse una rosca.


- Está bien - admitió el superhéroe -. Una dosis. Pero solo
por esta vez. Después buscarás tratamiento.


Y diciendo esto cogió a la muchacha bajo su otro brazo y
saltó hacia las alturas. El grito de alarma de la adolescente pronto se
transformó en una risa.


Con un par de saltos, Bagman alcanzó una azotea desde donde
juzgó nadie podría verles desde los alrededores.


- Bueno, habíamos quedado en que... - Mike empezó a hablar,
no sabiendo como plantear el tema.


- Cállate y disfruta, cabrón - le dijo la colegiala,
empujándole contra la pared de la caseta desde la que se accedía del interior
del edificio al tejado.


Poniéndose de rodillas ante él, la chica le desabrochó con
rapidez, hija de la práctica, el cinturón y los pantalones vaqueros. Tras
bajarle los pantalones y los calzoncillos, extrajo la semierecta verga de Mike.


- Menudo pedazo de carne tenemos aquí - admiró, con los ojos
brillantes de excitación.


Con una mano le cogió la polla, mientras que con la otra
empezó a acariciarle los testículos, sopesándolos. Juguetona, pasó su lengua,
lentamente, por el glande. Luego comenzó a lamer con su lengua el pene del
hombre, desde la base hasta la punta, mientras deslizaba la mano con que le
sujetaba los cojones hacia atrás. Suavemente, le introdujo al superhéroe un dedo
en el ano. Mike saltó sorprendido, pero inmediatamente se rindió al placer que
esto le proporcionaba. La chica volvió a pasar la lengua por el glande, haciendo
que el superhéroe no pudiera ahogar un gemido de placer. La colegiala empezó a
chuparle la punta, metiéndola y sacándola de su boca, introduciéndose cada vez
más la verga de Bagman: la punta, un trozo, la mitad, hasta metérsela entera,
con el pubis de Mike chocando regularmente contra los labios de ella. Cuando el
hombre estaba a punto de correrse, ella se detuvo, sacándose la polla de la
boca. Luego comenzó a chuparle el glande, como si fuera un pequeño pezón, para
continuar, instantes después, introduciéndose de nuevo la verga hasta las
pelotas.


- No puedo aguantar más - admitió el superhéroe.


- Córrete, vamos, en mi boca.


Varios chorros de semen surgieron de la verga de Bagman, pero
la chica los recibió con su lengua con extraordinaria puntería. Una vez hubo
lamido bien el pene del hombre, la colegiala se alzó, tan solo con un rastro de
lefa en la comisura de los labios, y se dirigió hacia el camello, comenzando a
registrar su cazadora.


- ¿Qué pasa? ¿Qué...? - murmuró este, al sentir las manos de
la chica.


- Cállate, hijo de puta - dijo la colegiala, pateándole la
cabeza.


El traficante volvió a quedar inconsciente y ella continuó su
registro, traspasando toda la droga que encontraba, de los bolsillos del
delincuente a su mochila.


- Ese no era el trato - intentó resistirse Bagman, aun con el
pantalón por los tobillos.


- Tranquilo, cariño - dijo la adolescente, acercándose a él
-. Yo me encargo de todo, no te preocupes.


Y poniéndose de puntillas, le alzó la máscara y le besó
metiéndole la lengua, de tal forma que el hombre sintió endurecerse de nuevo su
miembro.


- Si quieres repetirlo, recuerda: Jenny, décimo J - y se
marchó hacia la bajada al edificio - . Espero que esté abierto... Ha habido
suerte, lo está. Adiós, cariño.


Pero se equivocaba. No había estado abierto. Y si Bagman
hubiera mirado, habría visto un pestillo en el suelo, arrancado de cuajo.


Días más tarde, un importante asunto se ventilaba en la
trastienda de la sastrería Fanttoni. Johnny Tagliatella, capo di capi de la
Mafia en New City, se entrevistaba con una hermosa mujer oriental mientras daba
buena cuenta de un abundante plato de pasta.


- Pasa, querida. Siéntate. Quítate la gabardina, las gafas de
sol...


- Estoy bien así, gracias - contestó la mujer - Y le
agradecería que no me llamara "querida".


- Como quieras ¿Un plato de pasta?


- ¿Para que me ha llamado?


- Una chica directa, me gusta - admitió el mafioso,
recorriéndola con sus ojillos, como queriendo adivinar como era el cuerpo que se
escondía tras el abrigo -. Un trabajo.


- Ya lo suponía. ¿Quién?


El capo arrastró sobre la mesa un sobre hacia ella.


- Tu objetivo.


- ¿Quién es este payaso? - preguntó ella, ojeando unas fotos.


- Un tal Bagman. Ha llegado hace poco a la ciudad, pero nos
está haciendo bastante daño en el menudeo de droga. Sobre todo cerca de los
colegios.


- ¿No pueden encargarse sus chicos de él?


- Queremos que te encargues tú. Debe morir. No debe tener
ninguna oportunidad. Que todos sepan que nadie puede jugar con la Mafia de New
City.


- Bien. Ya conoce mis condiciones. La mitad ahora, la mitad
al terminar el trabajo.


Y sin más palabras salió de la sastrería Fanttoni. "Capo di
capi", iba pensando: "Perdedor, ni siquiera es capaz de encargarse por si solo
de un superhéroe de tercera. Bueno, más trabajo para Horca".


Y así llegamos al momento actual.


Al acercarse la mujer, Mike pudo apreciar que, efectivamente,
no se trataba de Nightgirl. Era más baja que ella y de piel aceitunada, lo que
proclamaba su origen oriental. También se vestía de cuero, con botas hasta el
muslo, pero prefería un apretado top, que encerraba unos desafiantes pechos, y
unas braguitas. La máscara no le cubría la cabeza, sino que se reducía a un
antifaz alrededor de los ojos, que permitía apreciar una cascada de pelo
azabache en torno a su rostro y unos gruesos y sensuales labios color rubí.
Además llevaba los brazos tatuados con sendos dragones rojos gemelos. Haciendo
frente al dolor, Bagman se alzó. Horca respondió a este movimiento con una
patada circular que impactó en el pecho del héroe como un ariete. Nadie le había
golpeado tan fuerte hasta ese momento. Cayó hacia atrás, apenas con respiración.
Horca avanzó hacia él, colocando sus pies a ambos lados de su cuello. Cogiéndole
por el pelo, le alzó hasta que quedó a la altura de las rodillas de ella,
entonces le aprisionó el cuello con las piernas y comenzó a apretar.
Inmediatamente, Mike alzó sus manos para evitar que ella le asfixiara. Intentó
separarle las piernas pero fue inútil.


- No podrás hacerlo. No podrás librarte de la tenaza de mis
piernas. Toda tu fuerza es inútil contra la que puede desarrollar mi
endoesqueleto - le explicó. Y con una risotada, añadió: - Estás condenado.


Efectivamente, Bagman notaba que cada vez la respiración se
le iba haciendo más difícil. Un zumbido apenas le permitía oír y motas
brillantes aparecían ante sus ojos.


- Vas a morir, Bagman. Entre las piernas de Horca - fue lo
último que oyó antes de que la oscuridad se cerniera sobre él.


Bagman despertó, débil como un gatito, y miró a su alrededor.
Parecía estar en un gimnasio, pequeño pero bien equipado. Aún le dolía respirar
y se encontraba mareado. Una puerta se abrió al fondo de la habitación y entró
la atractiva oriental que lo había apalizado.


- Bienvenido a mi casa, Bagman - le dijo.


- ¿Dónde estoy? - preguntó nuestro héroe, incorporándose.


- Cállate, nadie te ha preguntado - respondió Horca,
devolviéndole al suelo de una patada, por suerte mucho más floja que las
precedentes. Apoyando un pie sobre su pecho, miró hacia abajo y, desde esta
posición de dominio, continuó hablando:- Estás en el gimnasio de mi casa. Iba a
matarte, pero, dado lo fácil que me ha resultado derrotarte, decidí divertirme
antes un poco contigo. Así que te he traído a casa, para que nadie pudiera
interrumpirme.


- No creas... - intentó de nuevo intervenir Bagman.


La mujer se inclinó hacia él y lo abofeteó.


- Eres demasiado hablador. Habrá que poner remedio a eso - y
dicho esto se sentó con su pubis sobre la boca del superhéroe. Alzó las manos de
él sobre su cabeza y las aprisionó bajó sus poderosas piernas -. Ahora estás
mejor.


Mike se encontraba ahora indefenso entre las piernas de la
mujer. Indefenso y totalmente humillado. Bagman, el poderoso superhéroe, era
ahora poco más que un cojín para la asesina asiática.


- Tengo pis -dijo, de pronto, la mujer.


El hombre quedó sorprendido. "¿Qué quería decir con
aquello?". Pero pronto comprendió. Horca se echó hacia un lado la tira de las
bragas y comenzó a orinar. El líquido ambarino se deslizó por la cara y el pelo
de Bagman. Él quería chillar, pedirle que se detuviera, que dejara de humillarle
así, asustado porque el hecho de que ella le meara encima le había producido una
erección, pero el sexo de la mujer sobre su boca le impedía articular palabra.


- ¿Qué te parece ha parecido? Te ha gustado, ¿verdad? -
preguntó Horca con una siniestra sonrisa, alzándose sobre sus rodillas.


- Por favor... - balbuceó el hombre.


- Dime que te ha gustado.


- Por favor... déjame...


- ¡Te he ordenado que me dijeras que te ha gustado, estúpido!
- la asesina le abofeteó violentamente.


- Lo siento... lo siento... me ha gustado - admitió él,
derrotado.


- Así está mejor - admitió ella con una sonrisa. Y añadió,
poniéndose en pie: - Me parece que me voy a poner más cómoda.


La supervillana se quitó las bragas, ofreciendo a nuestro
héroe una perfecta vista de su coñito depilado. Bagman sabía que era su
oportunidad para huir pero Horca le había derrotado, con más facilidad y
causándole mayor dolor de lo que él nunca hubiera soñado, y le había humillado
totalmente. El superhéroe novato estaba aterrorizado por la asesina y permaneció
quieto, contemplando su afeitado pubis como un animalillo ante una cobra.


- Me parece que ya es hora de terminar con esto - anunció la
mujer.


Y colocó su culo sobre el rostro del superhéroe. Su nariz, su
boca, estaban en la raja del culo de ella, pero, a pesar de eso, nada de aire
alcanzaba sus vías respiratorias.


- Chúpame el culo - le ordenó.


Y el héroe, completamente vencido, empezó a trabajarle el ano
con su lengua. La supervillana lanzó una carcajada y comentó con voz ronca:


- Vas a morir, Bagman. Vas a morir chupándome el culo - y
añadió: - ¡Diooos! Esto siempre me pone a cien.


Mike empezó a sentir un movimiento rítmico que le indicó que
Horca estaba masturbándose sobre él. A pesar de ello, la villana no permitía que
ni una sola bocanada de aire alcanzara al hombre mientras se pajeaba. Mike
empezó a sentir ardor en el pecho, las luces ante sus ojos y después empezó a
hundirse en la oscuridad.


- ¿Qué coño pasa aquí? - oyó de pronto.


Momentos después, Bagman tosía, inesperadamente liberado de
la presa que amenazaba con ahogarle. La cabeza le dolía horriblemente y le
parecía que nunca podría volver a levantarse. En la habitación, junto a él,
parecía haber dos mujeres gritándose:


- ¿...a casa y que me encuentro? ¡A la señorita tirándose a
un desconocido!


- ¡No es lo que parece! ¡Simplemente me he traído algo de
trabajo a casa!


- ¿Trabajo? ¡Los gemidos que lanzabas no me parecían de
trabajo!


La recién llegada era una rubia delgada, que sobrepasaba a la
otra por casi una cabeza, vestida con una minifalda y un top con un estampado de
flores. Cuando su cara no estuviera contorsionada por la ira, debía ser bastante
atractiva.


- Bueno, nunca he sido contraria a mezclar trabajo y placer.


-¡Zorra! - aulló la rubia agarrándola del pelo y de la parte
superior del top. De un tirón, hizo saltar parte del cierre del top, quedando a
la vista uno de los grandes pechos de Horca.


- ¡Hija de puta! -masculló la oriental, forcejeando con ella.


Entre sus forcejeos, las dos furias abandonaron el gimnasio.
Bagman las siguió, a duras penas, hasta lo que parecía el salón de la casa.


- ¡Te voy a matar! - aseguraba la rubia.


Horca hizo presa de la minifalda de la otra entre sus manos y
tiró de ella, desgarrándola y dejando sus braguitas blancas al aire. Parecía
mentira que la asesina, que tan fácilmente había derrotado a Bagman, no hubiera
liquidado sin problemas a aquella rubia delgaducha.


- ¡Esa falda me había costado 100 dólares, cabrona! Te vas a
enterar.


Y en respuesta, terminó de arrancarle el top de cuero,
quedando Horca vestida tan solo con el antifaz y las botas.


- ¡Qué miedo me das! ¿Quién me va a pegar? ¿Tú? No eres lo
suficientemente mujer para eso - se burló la supervillana. Y diciendo esto le
alzó el top, revelando los menudos pechitos de la otra, los golpeó con las
palmas de las manos y gritó: - ¡Mira que tetitas! ¡No tienes tetas, eres
prácticamente un tío!


La rubia lanzó un rugido al oír esto y saltó sobre su
antagonista, que la zancadilleó y la tiró al suelo. Aprovechando su momentánea
indefensión, la morena le arrebató los restos de la falda y le rasgó las
braguitas, soltándole un par de palmetazos en el pubis. La rubia se defendió
cogiendo del pelo a la otra.


- ¡Suéltame, furcia de mierda o te mataré! - gritó Horca.


- ¡Nada de eso! Ahora mismo me vas a comer el coño y quizá te
perdone.


- ¡Antes muerta, guarra! ¡Suelta! - aseguró la asiática,
echándose hacia atrás para escapar de su enemiga.


Pero ella no se desprendió. Es más, aprovechando el impulso
hacia atrás de aquella, la empujó haciéndola caer sobre su espalda y colocándose
ella encima. Tomando ventaja de su mayor estatura, le puso a su antagonista los
pechos sobre la cara.


- ¿No decías que no te gustaban mis tetas? Pues ahora me las
vas a chupar.


Y así lo hizo Horca, con un entusiasmo que desmentía
afirmaciones anteriores. Momentos después, la rubia se alzó de rodillas sobre
ella y acariciándose los senos, preguntó:


-¿Te gustan ahora mis tetitas, zorra?


- Las adoro, ama - contestó la morena.


- Así me gusta - aprobó la rubia, e inclinándose sobre la
otra mujer, la besó diciendo: - Eres un pequeño putón buscalíos, pero nadie sabe
ponerme caliente como tú...


Finalmente, Bagman pudo retirar su mirada de la pareja.
"Mejor que salga zumbando de aquí, antes de que estas piradas se acuerden de
mí", pensó. "Joder, ya es la segunda vez que me salva una mujer... Aunque,
bueno, como el objetivo de esta tal Horca era matarme, técnicamente podría
decirse que ha sido una victoria mía, ¿no?"


 


No te pierdas el próximo episodio: La identidad secreta de
Bagman en peligro en "BAGMAN AL DESNUDO".


 


LA SACA DEL CORREO


Gracias a todos los que habéis valorado el anterior relato,
pero en especial a los que me habéis aportado vuestros comentarios: Sylvie, RauL
y badboy.


Sylvie, siento decepcionarte, pero no tenía pensado volver a
hacer aparecer por aquí a Hammelin a corto plazo. De todas formas, es un
personaje que a mi también me gusta, así que su vuelta (dentro de más o menos
tiempo) está asegurada.


RauL, la posibilidad que me comentas de tomar un personaje la
verdad es que me halaga. Pero te agradecería que no lo hicieras con Bagman.
Ahora mismo es el hilo conductor, el personaje que estoy utilizando para dar
forma al "Universo New City" y tengo planes muy concretos para él. Cualquier
otro está a tu disposición.


 



Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .



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Relato: Las Crónicas de Bagman (2)
Leida: 21236veces
Tiempo de lectura: 13minuto/s

 





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