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Relato: El bultito de mi hija pequeña


 


Relato: El bultito de mi hija pequeña

  

EL BULTITO DE MI HIJA PEQUEÑA


Hola a todos. No sé si se acuerdan de mí, me llamo Rafael, el
que hace ya varios meses contó como mi hija Rosa se convirtió en mi amante a sus
13 años (
El bultito de mi hija
). Como ya dije anteriormente, tengo
una esposa, Teresa, y dos hijas: la susodicha Rosa, la mayor de las dos, y
Julia, la pequeña. Ambas se llevan cuatro años de diferencia y ambas, cada una a
su tiempo, descubrieron el sexo a través de mí.



Mi hija Rosa, con el paso del tiempo, se había convertido en
una mujercita adorable de generosas curvas y rostro encantador. Sus ojos verde
esmeralda eran intensos y fascinantes, su melena ondulante la hacía más bella, y
sus pechos habían crecido de manera apetecible. Mientras mi hijita querida
estaba dando el estirón, yo disfrutaba de todos los placeres con ella cada vez
que podía. Hacíamos el amor como auténticos enamorados durante toda la noche,
aunque ella me pedía probar nuevas posturas, nuevas formas de amarnos…No fue
hasta que pasaron ocho meses que acordamos en desvirgar su ano, una de tantas
noches que su madre se fue a trabajar. Primero lo limpiamos a conciencia para
que no hubiera problemas de higiene, y después probé algo llamado beso negro,
que consiste en besar y lamer el ano para dilatarla y ponerla cachonda, lo cual,
pese a lo raro que era al principio, la excitó muchísimo.



-Mmmmmmmm mmmmmmm mmmmmm…me gusta mucho Papiiiiiii…me arde el
culito…sigue lamiéndolo…



-¿De verdad te gusta eso mi cielo?, ¿te gusta que te lo
lama?...



-Sí Papá, me gustaaaaaaaaaaaaaaaa…me siento derretir en tus
manos…te quierooooooooooooo…



-Yo también te quiero mi niña…



Estuve centrándome en su ano durante mucho tiempo,
sensibilizándole la zona más secreta de su cuerpo, besándolo y lamiéndolo para
agrandarlo. Rosa tuvo un fuerte orgasmo mientras se lo lamía, y con su vocecilla
ilusionada me dijo "Ay Papi que rico…si me he corrido solo con la lengua quiero
que la metas para gozar más". Aquello hizo que mi polla se empinase enseguida, y
mi hija, que vio lo erecto que estaba, me pidió que dejara de lamerla para poder
dedicarle a mi polla los mimos que tan loco me ponían. Solo ella sabía excitarme
tanto. Primero estuvo jugando con ella en sus manos, deleitándose de notar lo
dura que estaba y saber que era ella la causante de tanta excitación. De
segundo, como no, llegaron sus besos. Breves, cálidos, tiernos, de la punta a
los huevos y vuelta a empezar. Me besaba el miembro como una verdadera devota de
él. Sus manos cálidas lo masajeaban, su lengua dulce lo acariciaba y humedecía.
Rosa sonreía al saber que eso me arrancaba unos roncos gemidos de placer. Tras
los besos, llegó el momento en que se la metía en la boca y me hacía una mamada
de impresión que me dejaba sin aliento, mamada que ahora sabía iba a ayudar a
que desvirgase su ano. Me dejó bien ensalivado, y finalmente me miró con ojos
brillantes.



-Es la hora Papá. Vamos, desvírgame mi culito. Es todo para
ti…



Se puso de rodillas sobre la cama, con sus manos bien
agarradas a la cabecera, y yo me coloqué detrás de ella, poniendo mi verga entre
sus tersas nalgas. Mi glande intentó entrar y aunque necesité empujar un poco,
la preparatoria había dado resultado y no hubo muchos problemas. En pocos
segundos había conseguido metérsela entera.



-¡PAPIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!...¡¡AAAAAAAAAAAAAAAYYY!!...



-¿Te duele mucho, cariño?, ¿te la saco-pregunté nervioso-?.



-No Papi, no la saques…me duele pero no la saqueeeeeesss…



-Como quieras mi amor…haré lo que tú quieras…



Me curvé detrás de ella, y con mi brazo la rodeé, besándonos
un rato, acariciándonos mientras su ano se amoldaba a mi polla ensartada en él.
Me excitó muchísimo la escena: los dos desnudos, padre e hija, arrodillados en
la cama, y ella con mi tranca en su culito. Era una situación que me calentaba
no solo por el morbo que tenía(que era bastante) si no por la idea de que Julia
se despertase y nos viera.



-Ahora Papaíto…hazme el amor por detrás…ya no me duele…



-Sí tesoro, vamos allá…



Puse un brazo rodeando su pecho y la otra mano se apoderó de
su clítoris para matar dos pájaros de un tiro: sujetarla y apretarla contra mí.
Comencé a moverme con cierta lentitud para disfrutar esos primeros instantes,
regocijándome de lo bien que se la metía a mi hija querida. No podía creer que
en algo tan pequeño y estrecho entrase algo tan grande.



-Mmmmmmmmmm…me gusta mucho…no te detengas Papá…me gusta como
me lo haces…aayy que rico que siento…



-Te quiero mi niñaaaaaaaaaa…uuuuuuuuufff es tremendo…me
encanta darte por el culo…siento como tus nalgas me la estrujan…aaaaaaaahh
aaaaahh aaaaahh…¿te gusta amor?...¿te gusta que te la clave por ahí?...



-Sí Papá, me gusta…me gusta mucho…está delicioso mi amor…está
divino…mmmm mmmmmm mmmmm…



-Mueve las caderas tesoro…muévete conmigo, gocemos juntos…



Rosa aprendió con torpeza, pero por suerte para ella siempre
fui buen maestro y a los pocos minutos ya nos estábamos moviendo a la vez,
acompasando nuestros movimientos, disfrutando de una pasión exacerbada como
nunca. No podía contener la infinita pasión que mi hija sacaba de mí, no podía
detener mis acometidas, cada vez más rápidas y frenéticas, hasta tal punto que
pensé que iba a romperse en mis brazos.



-Aaaaaaahh aaaaahh aaaahh aaaaaahh aaaaaahh aaaaahh…estoy
gozando Papi estoy gozándolo…dame más…aaaaaaaaaaaaaaayyyy que
ricooooooooooooo…dame tu lechita Papáaaaaaaaaaaaa…



-Ay amor que no puedo máaaaaaaaaaaaaass…que culito tan
delicioso…eres divina mi amooooooooooooor…aaah aaah aaah…aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah
me corrooooooooooooooooo AAAAAAAAAAAAAAAAAAHH…



Tres, cuatro, cinco chorros de mi semen salieron como balas
hasta llenarle su culito. Aquella primera vez fue sensacional. Nunca gozamos
tanto como entonces, y eso que hubo repetición para consolidar que su ano ya
estaba dispuesto a recibir verga a cualquier hora del día.



Tras aquella experiencia, nuestras pasiones fueron más lejos
y cada vez que hacíamos el amor teníamos largas charlas sobre los chicos a los
que ella conocería, las experiencias que tendría con ellos, si sería sensato
incluir a alguien más a nuestras noches locas…pero sobretodo hablábamos de
Julia, de la posibilidad de iniciarla a ella también. Tranquilamente pasaron
casi tres años entre pito y valdemoro, y Rosa se había convertido en una
adolescente de aspecto angelical de casi 16 años cuya figura bastaba para
provocar las miradas de los chicos que pasaban a su lado. Sus curvas se
acentuaron proporcionándole una generosa forma de mujer que para mí era todo un
orgullo de padre. Fue cercano su 16 cumpleaños que se afianzó el iniciar a
Julia. Yo estaba sentado en mi sillón favorito, y Rosa sentada sobre mi regazo,
con mi polla ensartada en su culito, mientras la dejaba a ella tomar el control
de la situación, y de mí.



-Mmmmmmm mmmm mmmmm mmmmm…hoy estás muy duro Papá…la tienes
muy firme…



-Es que me excitas con ese culito tan respingón…



-Papito lindo…¿verdad que harías cualquier cosa por mí?,
¿verdad que lo harías?...



-Claro…claro que sí…uuuuuuuufff…¿qué quieres mi amor?...



-Pronto es mi cumpleaños…y quiero ya mi regalo…



-¿Yaaaaaaa?...ooooooooh mmmmmmmmm…sigue moviéndote linda…¿qué
es lo que quieres?...



-Quiero que desvirgues a Julia papaíto…quiero que la
inicies…¿lo harás?...dime, ¿lo harás Papá?...



-Oooooohh oooohh ooooohh ooooooooooooh…síiiiiiiiii…sí
cariño…lo haré, lo haré por ti…la desvirgaré, la follaré, la penetraré…le haré
de todo…



-Aaaaaaaaaaaahh…ven Papá…sóbame las tetas, y encúlame más…



La hice echarse sobre mi pecho de espaldas a mí, puse sus
manos en sus redondas y firmes tetas y jugué a retorcer sus pezones, a
empitonarlos, a acariciarlos entre mis dedos traviesos. Rosa echó las piernas
por los brazos del sofá abriéndose de par de par y se puso en la posición idónea
para que yo la penetrase mejor. Me sentí como un niño con zapatos nuevos,
enculándola tan espléndidamente que me hubiera encantado que alguien nos sacara
una foto. Los polvos con ella eran magistrales, y acabamos gozando como dos
amantes que éramos entre besos y caricias.



Al día siguiente, y con la idea de tantear el terreno, me
acerqué al cuarto de Julia para ver si ella sabía algo sobre la materia. Como su
madre había ido al supermercado, tenía unos minutos libres para comprobar lo que
mi niña pequeña sabía de sexo.



-Hola Julia, ¿puedo pasar?.



-Hola Papá, sí, pasa…¿Quieres algo?.



-Sí mi amor. Verás, esto es un poco embarazoso, así que te
pido que quede entre tú y yo, ¿de acuerdo?.



-Claro Papá. ¿De que se trata?.



-Pues de ti. Verás, tu hermana pronto cumplirá los 16, ya es
una jovencita, y tú pronto empezarás a crecer también…



-Sí, y estoy deseando crecer Papá…quiero ser como Rosita y
conocer a un chico con el que me sienta la más feliz del mundo…



Aquellas palabras merecieron un fuerte abrazo al que no la
negué. Ella me sonrió y me dio un beso en una mejilla, y luego en la otra.



-Estoy seguro de que algún día encontrarás a ese chico
cariño, pero me preguntaba si tú sabes lo que los chicos y las chicas hacen a
esas edades…



-¿Quererse, no?.



-Jajajajaajajajajajajaja…sí, quererse…pero también hacen algo
más…



-¿Te refieres a…?...aaaaaaaaaaahh…sí Papá, he leído algo de
ello en clase de naturales…



-¿De verdad-pregunté sorprendido-?.



Se pasó unos minutos contándome lo que había leído y la
verdad es que estaba algo puesta en la materia. Cuando quise hablar más, Teresa
llegó de sus compras y acordé con ella que no le diría nada a su madre y que
otro día seguiríamos hablando y que si quería yo se lo enseñaría todo. Ella
asintió con mirada ilusionada y me fui a mi despacho, algo turbado por las cosas
que había oído. Sentado en mi amplio sillón decidí que Julia correría la misma
suerte que su hermana, y que lo antes posible teníamos que quedar solos para
vivir ese momento. ¿Pero como?.



Rosa y yo estuvimos fraguando diversos planes, pero ninguno
de ellos parecía salvar el mayor inconveniente a la hora de poseer a mi hija
pequeña: su madre. Bien por un motivo o por otro, Teresa me impedía quedarme a
solas con ella, lo cual era un problema bastante grande. Nuestra frustración era
tan grande que nos la desquitábamos a base de 69s y algún que otro polvo, pero
en la mente de ambos premiaba el deseo de ver a Julia convertida en mi nueva
amante. Poco sabíamos que el destino nos sacaría del atolladero por pura
casualidad.



Como dueño que soy de un club náutico en el muelle deportivo
de la ciudad, tenía la suerte de conocer a gente de todo tipo y condición
social. Uno de ellos era Darío, un magnate de los negocios podrido de dinero
hasta el tuétano, que de vez en cuando se pillaba alguna que otra cogorza. Fue
una de esas noches, estando yo presente por motivos de negocios, que él también
estaba y se había pillado un buen ciego. Como los camareros no sabían tratar muy
bien con él, decidí ocuparme personalmente y le llevé a una zona privada a fin
de que no armase más escándalos.



-Eres un buen amigo-me dijo con su aliento apestando a
alcohol-…¿sabes?...¡tú!, eres mi amigo…



-Sí Darío, lo que tú quieras, pero ahora quédate aquí y
descansa…



-Tú eres mi amigo…¿verdad que eres mi amigo?...



-Que síiiiiiiiii-repuse algo molesto-…soy tu amigo…



-¿Quieres saber un secreto?...es…mi mayor
secreto…sssssssssshh-hizo mueca de guardar silencio mirando a todos lados-…no lo
cuentes ¿vale?.



-Vaaaaaaleeeeeeeeeeeeeee-contesté ya mosca perdido-.



-Amigo mío…me follo a mi hija…como lo oyes-repuso en tono
airado-…la me follo todas las noches…y su madre ni se entera…



¿La pequeña Jenny haciendo incesto con su padre?.



-Y que sepas, que es una guarra…es una golfa-dijo en tono
grandilocuente-…como su madre…le hago de todo…de todo-recalcó airado y más ebrio
de lo normal en él-…



Si bien quedé alucinado de que Jennifer, una chica a la
personalmente conocía, casi de la edad de Rosa y que era todo un encanto, se lo
montase con su padre, lo cierto es que se me presentó la ocasión perfecta, y en
lugar de marchar de allí como tenía previsto, me quedé escuchando todo lo que
Darío me contaba, e incluso lo animé a que siguiera hablando, tomando buena nota
de todo lo que decía. Aunque me costó imaginarlo al principio, luego volví a
casa con la mente llena de imágenes lascivas de Jennifer y Darío montando como
conejos. Lo primero que hice nada más llegar fue hablar con Rosa y contarle lo
ocurrido. Quedó tan sorprendida como yo, y asintió a la idea que yo le propuse
para quedar a solas con Julia. Ya solo era cuestión de tiempo.



Esperé varios días hasta volver a coincidir con Darío. Al
verlo, éste me saludó como si nada hubiera pasado, con lo que, tal y como pensé,
la resaca de la borrachera había provocado que olvidara todo lo que me contó.



-¡Rafael, amigo mío!. Oye, no lo recuerdo muy bien, pero sé
que hace poco me emborraché y perdí la cabeza. Quiero disculparme ¿vale?.
Prometo que intentaré no beber tanto. Lo siento.



-Estás perdonado hombre, no te preocupes. ¿De verdad que no
te acuerdas de la borrachera?.



-Tengo recuerdos vagos, imprecisos…¿dije alguna barbaridad?.



Le llevé a mi despacho en el club para hablar a solas, con lo
cual él ya sospechaba que algo sí había contado. Una vez le empecé a contar todo
lo que él me había dicho antes, se le cayó el alma al suelo. Le dije que no se
preocupase, que no iría a la policía pero que a cambio me ayudase en cierto
proyecto que tenía pensado, con lo que él se enteró de que yo también me
acostaba con mi hija mayor y de mis intenciones de hacerlo con la pequeña. Darío
aceptó, previo acuerdo de un futuro proyecto mutuo que él propuso y que me
pareció muy interesante.



Mi mujer siempre ha sido una entusiasta de los barcos, y cada
vez que tenía un momento libre aprovechaba para ir por el club para ver los
yates de los socios y soñar con viajar por alta mar. Cuando llegué a casa
diciendo que Darío la invitaba a ella y a Rosa para hacer un pequeño crucero de
una noche, faltó poco para que diese saltos por las paredes.



-¡¡Te quiero esposo!!, ¡¡eres una joya!!. ¿¡De verdad me voy
de crucero!?.



-Sí amor mío, tú y nuestra hija mayor. Julia se queda porqué
me parece pequeña para ir en yate y quizá pueda marearse. Yo me quedaré con
ella, así que vete tranquila, ¿vale?.



-¡¡Claro que vale!!. ¿¿Cuándo nos vamos??.



-Tú pon el día y él lo preparará todo. Además, creo que hay
un convite el próximo fin de semana, podrías aprovecharlo, ¿no crees?.



Teresa llamó a Rosa para decirle lo del viaje, y tras
saberlo, mi niña me guiñó un ojo con malicia. Por fin teníamos la ocasión
perfecta. Los días pasaron eternos hasta que el Sábado llegó y cercano el
atardecer Julia y yo fuimos al puerto a despedirlas.



-Pasadlo bien las dos, ¿vale?. Y ya nos contaréis-les dije-…



-Divertíos vosotros también-me contestó Teresa-. Hasta luego…



El yate levó anclas y lentamente salió del puerto rumbo a
alta mar, convirtiéndose en un pequeño punto en el horizonte en poco tiempo.
Julia y yo volvimos a casa y al cerrar la puerta, mi corazón dio un vuelco. ¡¡Ya
era mía!!.



-Oye cariño, ¿te gustaría que tú y yo pasáramos la noche
juntos?.



-¿Juntos, Papá?.



-Sí amor, juntos, y yo te contaría todo lo que sé sobre sexo,
así, cuando crezcas, sabrás que hacer.



Julia aceptó de buen grado, con lo que acordamos juntarnos en
la salita en ropa interior. Mi pequeña apareció solo con unas minúsculas
braguitas y yo en shorts, abultando un poco mi verga para que ella no pudiese
dejar de mirarla. Al mirarla, me embelesé. A media luz, mi hija era una
muchachita preciosa que prometía superar a su hermana en belleza y
voluptuosidad. Sus ojos azules, su rubio cabello en tirabuzones y su expresión
misteriosa me atraían de forma irresistible, pero lo que más me sedujo fue ver
que, a sus 12 añitos, mi niña ya tenía un bultito asomando por sus braguitas,
que al igual que ocurrió con Rosa, me relamí con solo mirarlo. Nos sentamos
juntos en el sofá y le sugerí de ponerle una película porno(de las pocas que
tengo) para que aprendiera. Julia aceptó. Sus ojitos brillaron al ver a una
mujer de rodillas mamando la tranca de un hombre, y luego como ésta se ponía en
perrito para que él la penetrase.



-¿Te gusta lo que ves?.



-Sí Papá…me gusta mucho…aaaayy siento mucho calor Papi…me
siento muy acalorada…



-Es normal cariño, ocurre cuando te excitas, no pasa nada…



Con todo el descaro del mundo abracé a mi niña, la atraje
hacia mí y con la mano libre la puse sobre su panochita oculta por aquella
pequeña prenda, frotándola con mucha suavidad. Julia posó su cabeza en mi hombro
con sus ojillos semi cerrados.



-Mmmmm mmmmmmmm mmmm mmmmmmmm…¿por qué esto se siente tan
dulce?...dime Papá, ¿por qué se siente así?...



-¿Te sientes bien?.



-Síiiiiiiiiiiiiiiii…me siento muy caliente…me arde mi cuerpo
Papá, y me duelen mis pechitos…



-Eso ocurre cuando tu cuerpo responde a las caricias, entra
en calor y es un calor muy agradable…Mira mi amor, mira lo que tengo debajo de
mis shorts…



Sus manitas me los bajaron un poco y asomó mi polla, en
erección total. Tocar el bultito de Julia y ver como se endurecía me había
excitado tanto o más que con Rosita. Mi niña abrió los ojos de par en par viendo
aquella barra caliente y sin que le dijera nada la tocó y rodeó con sus manos.



-Que dura está…¿la tienes así por mí Papi?...



-Sí amor, por qué te quiero mucho…venga, sigue tocándola…



La paja que me había empezado a hacer era demencial. Con
lentitud, sin prisa pero sin pausa, Julia me masajeaba mi verga con mucho mimo,
bajando y subiendo, bajando y subiendo. Aaaaaaaaahh dios mío, que sensaciones.
La líbido ya estaba por las nubes. Pillándome por sorpresa, ¡me la lamió!. Su
lengua estaba probando el sabor de mi pene como si éste fuese un caramelo que
ella desease probar, y mi mano no dejaba de tocarla en ese bultito tan
apetecible. Pronto se humedeció, mojando sus braguitas, lo que me provocó el
deseo de montarla a horcajadas, pero debía esperar un poco más.



-Papi lo siento, creo que me he hecho pis en el sofá…



-Jajajajajajajajajajajaja…no cariño, no es pis, si no unos
jugos que cuando estás excitada tu cuerpo exuda y que son muy ricos…a los
hombres nos encanta que las niñas se mojen…



-¿De verdad son muy ricos?...¿tú de quien los probaste?.



-De Mamá, claro. Los de ella son deliciosos. ¿Quieres que
pruebe los tuyos?.



-Sí Papá, prueba mis jugos-me dijo muy ilusionada-.



La hice recostarse en el sofá y sin quitarle las braguitas
seguí acariciándola. Después las aparté y vi una conchita bellísima, mojadita,
de aspecto divino, con unos labios finos y bien dibujados, sin un solo pelo.
Puse mi cabeza entre sus piernas y guié mi lengua hasta tocarla.



-AAAAAAAAAAAAAAHHH…aaaaaaaaaah aaaaaahh aaaaahh aaaaaaaahh
aaaaaaaaaaahh aaaaaaahh aaaaaaaaahh…Papi, Papiiiiiiiiiiiiiiiiiii…lámeme más Papi
lindo…por favor Papi no pares…



-No mi amor, no pararé…sabes mejor que tu madre…



Ella me sonrió, con sus mejillas sonrosadas, con sus ojos
vidriosos del placer que le estaba dando. Me sentí en el cielo viendo lo mucho
que ella disfrutaba. Mi lengua probó a penetrarla un poco, y tan excitada estaba
que lo logré. Sus jugos eran abundantes, riquísimos, y en ese momento no sabía
si lo eran tanto o más que los de su hermana. Mi verga palpitaba que era una
barbaridad, estaba deseando que entrase, pero me preocupada lastimarla, por lo
que paré mis lametones y le indiqué que ella podía hacerme lo mismo.



-¿Quieres que te la chupe Papá?.



-Sí cariño, ven…ven a chuparla…será como chupar un polo de
fresa…



Me incorporé sobre el sofá y Julia se puso de rodillas.
Estaba muy salida. Podía verlo en sus ojos entornados y sus mejillas al rojo
vivo. Cogió con su mano derecha mi pene y con la izquierda me acariciaba el
cuerpo. Lamió mi glande un buen rato al notar lo mucho que yo disfrutaba tras el
primer lametón, hasta que por fin, abrió su boquita todo lo que pudo, su cabeza
bajo, y mi miembro aaaaaaaaaaaahh desapareció. Su cabeza subía y bajaba metiendo
y sacando mi tranca de su boca. Al verla chupármela tuve de nuevo aquella
sensación, como hacía tres años, de ser el peor padre de toda la Tierra, pero al
igual que entonces, me era imposible dejar de gozarlo a cada instante, sintiendo
que solo yo podía hacerle aquellas cosas con tanto amor y cariño.



-Aaaaaaaahh aaaaaaaaaahh aaaaaaaaaahh aaaaaaaaahh
aaaaaaaaaahh…que bien la chupas cariño…eres sensacional…te quiero Julita…te
quiero muchooooooo…



-Mmmmmm mmmmmm mmmmmm mmmmmmm…yo también te quiero
Papaíto-dijo sacándosela y mirándome, mientras me masturbaba-…¿lo hago bien?,
¿estás disfrutando?.



-Sí tesoro, disfruto mucho…no pares, no nos enfriemos…



-Es imposible, yo estoy muy caliente Papá…estoy muy excitada…



La película porno, que no habíamos quitado, mostró a una
mujer que estaba teniendo penetrada brutalmente por su ano. Los gritos hicieron
que Julia, sin sacarse mi miembro de su boca, mirase la película y luego a mí.



-¿"Esto", se puede meter ahí?...



-Sí cariño, pero no es muy fácil y a ti te costaría mucho…más
adelante si quieres, podemos intentarlo…pero por ahora no, ¿vale?.



Ella asintió y se volvió a tragar mi verga, chupando hasta
hartarse. Estaba preparada y yo también, por lo que la pregunté si quería
hacerlo en la cama y me dijo que no, que le gustaba el sofá. El ambiente, muy
erótico, se cargaba cada vez más, y yo ya no pude contener mis ansias, así que
terminamos de desnudarnos, eché a Julia en el sofá y me puse encima de ella.
Nuestro primer beso fue tan intenso como libertino. Lujuria en estado puro. Los
siguientes ya fueron con lengua, chocando entre ellas como un duelo a espadas,
enseñando a mi pequeña lo que era besar en toda su variedad. La frescura de su
boca y la calidez de su lengua con la mía bastaron para sumirnos en nuestro
mundo de placeres, a cada cual mejor.



-Agárrate fuerte mi amor…voy a penetrarte, ¿vale?.



-Sí Papuchi…hazme el amor…quiero sentirte así…vamos Papaíto
métemela, te quieroooooooooo…



Me quedé extasiado al ver lo mucho que lo deseaba. La cabeza
de mi pene chocó con su conchita mojada, apreté, apreté más…Sus labios vaginales
se enrojecieron con rapidez al iniciar la penetración, se hincharon y dilataron
mientras mi verga decía "paso que voy" hasta que alcancé, en un estremecimiento
sobrecogedor, a penetrarla del todo. Julia protestó contra aquel invasor, se
retorció entre el sofá y yo queriendo apartarme de su lado y sacarse aquella
cosa, pero le pegué un fuerte beso en los labios para acallar sus gritos y
agarré con fuerza sus muñecas para dejarla indefensa.



-¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!...ESTO ESTÁ MAL PAPIIIIIIIII…ME
DUELEEEEEEEEEEEEE…NO, NO QUIERO ASÍ…DUELE MUCHO…ME VAS A
PARTIIIIIIIIIIIIIIRR…AAAAAAAAAAAAYYY…



Lloró y sollozó mucho debido al dolor, pero enjuagué sus
lágrimas con toda mi ternura, llenando su cara de besos, de caricias. Besé su
frente lisa y suave, su naricilla delicada, sus párpados, sus mejillas
enrojecidas, acaricié su pelo, su carita, fui aplacando su dolor con mi cariño
hasta que dejó de llorar y también de gemir.



-Lo siento mi amor, se me olvidó decirte que la primera vez
duele mucho-y le dio un beso para calmarla-…lo siento-le besé otra vez-…lo
siento-otro beso-…lo siento-y otro-…ya pasó, ¿eh?-y otro más-...no llores
tesoro, que ya pasó-y más besos-…



Correspondió a mis besos con uno enorme suyo, sonriéndome
luego.



-Vale Papuchi, te perdono si me juras que ya no dolerá-dijo
en tono infantil-.



-Te lo juro mi amor. A partir de ahora disfrutarás. Abrázame
cariño.



Al abrazarme, pasé mis manos por su espalda y las puse en sus
hombros. Me rodeó con sus piernas y empecé a hacerle el amor a mi pequeña. Su
vulva estaba más cerrada aún que su hermana, me apretaba con tanta fuerza que
cada penetración era una experiencia única. Su calor me abrasaba como si
estuviese en mitad de un pavoroso incendio. La calidez de mi niña me llevó a un
mundo de sensaciones ya conocido, renovándolo con su energía y dándole frescura
a un ambiente algo viciado.



-Aaaaaaahh aaaaaaaahh aaaaaaaahh aaaaaaaahh aaaaaaaahh
aaaaaaaahh aaaaaahh aaaaaahh…Papá te quiero, te quiero…móntame más…aaaaaaaaahh
como me gusta…no pares Papi, no te detengas por nada…aaaaaaaahh aaaahh…



-Te amo Julita…te amo…eres maravillosa mi amor…eres muy
caliente…me excitas…me pones a mil…oooooooooooohh que dulce eres…me vuelves
loco…ooooooohh oooooooohh oooooohh oooooooohh…



Nuestra excitación era como un alud de nieve que estaba a
punto de arrollarnos montaña abajo. Mis embestidas hacían vibrar todo su
cuerpecito tierno y cálido, y de su boca salían gemidos incoherentes. Volvimos a
besarnos con rapidez, moviendo las lenguas y las cabezas en un estadio de
euforia que hacía muchísimo tiempo no tenía, y yo que pensaba que la primera vez
con Rosa era majestuosa. ¡¡Y UNA MIERDA!!. Julia era puro fuego volcánico, y
aprendía con una rapidez increíble. En una sola noche estaba haciendo lo que
tardé meses con su hermana, y como gozaba. Su carita retorcida de placer era un
derroche de sensualidad y locura que daba gusto verla. No podía parar de
penetrarla, de hacerle el amor, de desvirgarla como solo yo podía hacerlo.



-Aaaaaaaahh aaaaaaaaaahh aaaaaaaaaahh aaaaaaaaahh…Aaayy
Papuchi que siento que voy a explotar…aaaaaaahh aaaaaaaaahh…sigue Papi
sigue…aaaahh aaaaahh aaaaahh…voy a estallar…a estallaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaar…



-Pues estalla mi amor…estalla conmigo…ya viene corazón mío…ya
vieneeeeeeeeeeeee…ooooooohh ooooooooooh oooooooohhh ooooooooohh…



-Estallo Papá estalloooooooooooooooo…te
quierooooooo…aaaaaaahh aaaaaaaaahh AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH AAAAAAAAAAAAAAHH
PAPIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII…



-¡¡OOOOOOOOOOOOOOHH!! ¡¡OOOOOOOOOOOOOOHH!!
¡¡OOOOOOOOOOOOOOHH!!...¡¡JULIAAAAAAAAAAAAAAAAA!!..



Mi semen largo tiempo retenido salió escopeteado y la regó
por dentro. Sus manos iban imparables por mi cuerpo, acariciándome,
sintiéndome…Seguí moviéndome alargando el colosal orgasmo que habíamos tenido,
eyaculando un poco más dentro de ella, besándola, acariciándola, abrazándola,
queriéndola…fue el mejor orgasmo en tres años. Permanecimos echados uno junto al
otro un buen rato, íntimamente unidos, sudando y jadeando. Julia no podía parar
de besarme.



-Gracias Papá…te quiero…te quiero mucho…que rico siento con
tu pollita aún en mi concha…



-¿Quieres que la deje ahí un rato?.



-Sí papi lindo. Quiero sentir más rico, mucho más.



Su alegría, al haber descubierto un mundo nuevo y excitante,
me desbordó y atravesó de parte a parte. La película, que estaba cerca de
acabar, mostraba ahora a una mujer que estaba teniendo una doble penetración,
algo que a mí me fascina y excita de un modo terrible, por lo que tardé menos de
lo previsto en volver a empalmarme dentro de la pucha de mi niña.



-Aaaaaaaaaahh…ya estás duro otra vez Papi…me gustó sentir
como se te subía de nuevo…¿podremos hacerlo siempre que quiera?.



-Claro que sí-contesté extasiado-. Cuando tú me digas…



Cogiendo a Julia, la di la vuelta para ponerla encima mío,
diciéndole que se penetrase ella sola, que me montase. Puso sus manos en mis
hombros y torciendo su cara un poco, obedeció mis órdenes, meneando sus caderas,
cabalgándome, tomando el control de la situación. Podía ver desde mi posición
como mi pene entraba y salía, apareciendo y desapareciendo de la vulva de Julia
como por arte de magia. Puse mis manos en sus nalgas, las separé un poco y la
ayudé a que me follase. Aprendía tan rápido que me dejó boquiabierto de lo
espabilada que era. Me pidió a mitad de faena que quería sentarse sobre mí, así
que me las apañé como pude para sentarme, sin salirme de ella, para así tenerla
sentada sobre mis rodillas, pero no tomé el control si no que ella siguió siendo
la dueña de ese momento, subiendo y bajando, mirándonos a los ojos mientras ella
se penetraba. Era un reto muy excitante, y casi no parpadeábamos. Besé su
cuello, sus pechitos, sus pezones y sus tiernos labios, luego seguimos
mirándonos, poniéndonos tan calientes que en nuestra imaginación vimos como si
fuésemos a quemar el mundo entero en las llamas de nuestra pasión.



-AAAAAAAHH AAAAAAAAAHH AAAAAAAHH AAAAAAAHH…¿Lo hago bien
Papi?...¿es así como lo quieres?...¿me muevo bien?...



-Claro que sí mi vida…lo haces muy bien…vamos tesoro, ya
tengo ganas de correrme otra veeeeeeez…quiero regarte de nuevooooo…oooooohh
oooohh oooohh…



-Uuuuuummmmmmmmm…yo quiero probar tu lechita…la quiero…quiero
beberla…como tú bebiste mis jugos…la quiero Papi…dámela…dámelaaaaaaa aaaaaaaah
aaaaaaaaahh aaaaaaaaahh aaaaaaaaaaahh aaaaaaaaahahhh…



-Vale amor…valeeeeeeeeeeeeeee…toma mi lecheeeeeeeeeeee…síiiii
tómala AAAAAAAAAHH AAAAAAAAAAHH AAAAAAAAAAAHH…



En cuanto sentí sobrevenir el orgasmo saqué a mi hija de mi
regazo y la puse en el suelo para que pudiera beberse mi semen. Julia se puso a
pocos centímetros de mi glande e incapaz de contenerme me corrí en su boca,
abierta de par en par para recibir mi savia. Pajeándome un poco quise mantener
la eyaculación el mayor tiempo posible, mientras la veía tragar una y otra vez.
Cuando por fin paré ella comenzó a tragarlo con deleite gimiendo y poniendo unas
caras que me dejaron anonadado.



-MMMMMMMMMMMMMM-se relamió con expresión de verdadero
gozo-…Que rica sabe…me gusta más que la malteada…



Hasta que me quedé fláccido de nuevo ella me lo estuvo
besando, dejándolo como los chorros del oro. Después nos vestimos y la llevé a
su camita en mis brazos, dándonos un último beso después de meterla entre las
sábanas, que luego descorrió.



-Bésame los pezones Papi…



Besé sus pequeñas cerezas varias veces, a veces tirando de
ellas como si las estuviese succionando, lo que la hizo gemir de placer. Tras
enseñarle mi pene otra vez a petición suya y dejar que me lo tocara un poco,
besé su frente y la arropé.



-Papi…



-Dime linda…



-¿Se lo contaremos a Mamá?.



-No amor, será nuestro secreto ¿de acuerdo?. Si quieres se lo
diremos a Rosa, pero no a Mamá, ¿vale?.



-Vale Papá, te quiero…



-Yo también te quiero. Ahora te dejaré dormir. Buenas noches
Julia.



-Buenas noches Papá.



Me levanté a apagar la luz y la dejé dormir plácidamente. Yo
me fui a la salita y aún podía notar el olor a sexo en el aire. La película
había acabado hacía rato, así que la rebobiné y luego la metí con las demás para
no levantar sospechar. Limpié el sofá de los jugos que tenía(curiosamente, no
sangró, no sé por qué) y me fui a la cama, masturbándome al rememorar mi
encuentro con Julia hasta quedarme dormido.



A la mañana siguiente, cuando desperté, tenía a Teresa a mi
lado, mirándome con intensidad. Sus ojos irradiaban una exultante felicidad.



-¿Va todo bien-pregunté-?, ¿ocurre algo?.



-Todo va perfecto. Gracias mi amor, gracias por lo de ayer.



-¿Te lo pasaste bien verdad?.



-Me lo pasé mejor que bien. Fue fantástico.



Nos levantamos de la cama y pasamos la mañana en la cocina,
ella contando lo estupendo del viaje y yo escuchando atentamente. Tiempo después
Rosa vino medio dormida conmigo y me dio un fuerte abrazo diciéndome lo feliz
que había sido en aquel crucero. Cuando mi mujer me preguntó por lo que habíamos
hecho nosotros, contesté que estuvimos viendo una película y que ella se había
quedado dormida. Teresa sonrió con expresión aniñada, y Rosa me guiñó un ojo al
decirme que en el barco le había pasado algo que luego me contaría.



Desde aquella noche tuve por amantes a mis dos bellas hijas,
las cuales se desvivían por su padre como yo por ellas. No fue hasta dos semanas
después que Julia supo que su hermana también había sido iniciada por mí. En
lugar de enfadarse, quedó encantada al saberlo, diciéndome que le gustaría pasar
una noche los tres juntos. Cuando pudimos estar los tres juntos fue una delicia
en do mayor, despiertos toda la noche y haciendo el amor sin parar. Memorable.
Aquello hizo mi vida muchísimo más plena, con mis hijas dispuestas a dejarse
hacer de todo por mí, y el cumpleaños de Rosa fue maravilloso pues lo celebramos
en el yate de Darío, en el mar. Mi regalo de cumpleaños, por cierto, fue doble:
un colgante en forma de corazón con su nombre y mi consentimiento para que
empezase a tener novios, que la hizo dar saltos de alegría y darme un par de
besos en la mejilla que me tuvieron sonriendo el día entero.



De aquello han pasado cuatro años. Ahora Julia tiene 16 años
y se ha convertido en una adolescente soberbia, mucho más bella de lo que Rosa
lo fue a su edad. El bultito de sus braguitas ha seguido volviéndome loco cada
vez que la veía en braguitas por casa, provocándome unas erecciones tremendas
que aplacaba haciéndole el amor de todas las formas que se nos ocurrían, y es
que Julia ha salido muchísimo más lista que su hermana en sexo. Soy muy feliz.
Espero que les haya gustado leer como la inicié en los placeres de la carne.
Quizá en otra ocasión vuelva para contarles que fue lo que me contó Rosa sobre
lo que pasó en el yate la noche que desvirgué a Julia, y también el proyecto que
Darío fraguó conmigo y que fue una experiencia maravillosa y alucinante. Saludos
y hasta luego…


 

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Relato: El bultito de mi hija pequeña
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