webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: La Bruja


 


Relato: La Bruja

  

Cuando me enteré de que la chica con la que me había
acostado, amiga íntima de mi novia, era una bruja, no supe cómo reaccionar; me
dio miedo, terror, y ese miedo pudo más que mi amor, así que, craso error,
amenacé con descubrirla, delatarla, aunque no sabía bien a quién.


Estábamos en su casa, acabábamos de hacer el amor, y sus
profundos ojos negros me estaban mirando fijamente cuando yo estaba de los
nervios; su cuerpo desnudo sobre la cama, su melena negra azabache desparramada
por la almohada, sus pechos erguidos y desafiantes, todo hacía que perdiera la
cabeza por ella, pero estaba tan asustado que no me paré a pensar en lo que
estaba diciendo.


Entonces, mientras me estaba vistiendo, Esther se concentró,
me miró, apuntó su dedito hacia mí, y antes de que me pudiera dar cuenta, me
encontraba dentro de una jaula de un tamaño que apenas me mantenía encogido. Me
revolví, gesticulé, grité, pero solo provoqué que ella volviera a apuntar su
dedo, y me vi rápidamente fuertemente atado y amordazado.


Me explicó que la única forma de controlarme es cuando
estuviésemos juntos, a escasos metros, por lo cual ya nunca se separaría de mí,
por mucho que yo protestase; ya podía ir olvidándome de todo, de mi novia, de mi
familia, de mis estudios, de mi vida, y que a partir de ese día solo viviría por
servirla, adorarla y darle placer. La verdad es que estaba en sus manos, ya que
con un movimiento de su dedo podía hacer de mi lo que quisiese; me había puesto
una mordaza en un instante, a lo mismo que las ataduras, y la jaula, algo más
grande no le había constado ni un segundo.


La jaula desapareció en un visto y no visto, y mi mordaza
desapareció también; fui levantado por una fuerza desconocida, levitado unos
centímetros y acercado a la cama donde Esther estaba echada, desnuda y
acariciándose el sexo. Mi cabeza fue llevada hacia su entrepierna, y aunque yo
quería girarla, aquella fuerza me lo impedía, con lo que mi cara quedó
perfectamente encajada. Entonces, aunque seguía mi cuerpo elevado en el aire, la
fuerza que me mantenía la cabeza desapareció, pero sin un momento para
relajarme, las manos de Esther me la cogieron y la apretaron contra su sexo
ávido de placer.


Mi nariz se enterró en el bien recortado monte de venus,
mientras mis labios se pegaban como una ventosa a sus labios vaginales, pero mi
lengua se negó a dar el placer que la bruja buscaba. Agarrándome por los
pabellones auditivos, aplastó más mi cara en su coño, instándome a que le
proporcionara lo que buscaba, pero como yo me negaba, conjuró una nueva treta;
yo sentí como si una lengua saliese de su propio coño, se enroscara a mi lengua
y la atrajese hacia el interior de la gruta. Cuando mi lengua entró en su coño,
la extraña forma que me la tenía atrapada la guió hacia las zonas que excitaban
a Esther, así que le hice una mamada dirigida que le llevó rápidamente al
placer. Se corrió abundantemente, en mi boca, e incluso la forma que tenía
atrapada mi lengua introdujo sus flujos en mi boca, empujándolos hacia mi
garganta a medida que emanaban, obligándome a tragarlos. Una vez satisfecha,
soltó mi cabeza y con su dedo me envió, a un metro de altura del suelo, a un
rincón de la habitación. Volvió a amordazarme.


Se pasó un buen rato pensando, cavilando, caminando de un
lado a otro de la estancia, meditabunda, mirándome de vez en cuando, una veces
con ternura, otras con curiosidad; finalmente se paró delante mío y me dijo que
le había estado dando vueltas a cómo me iba a tener siempre cerca, ya que para
tenerme siempre el control sobre mi debía estar siempre a menos de dos metros de
mi y encontró la mejor solución, tanto para arreglar aquella situación como para
obtener un extra de placer durante todo el día. Me sacó de la jaula una vez más,
me mantuvo desatado, de pie, pero inmóvil, y concentrándose, lanzó su dedo
contra mí. Cuando, lo hizo un escalofrío recorrió mi cuerpo, y al momento todo
cambió; yo podía ver la habitación, pero lo hacía como si estuviese tumbado en
el suelo. Veía el techo, pero me sentía el cuerpo extraño, siguiendo en la
inmovilidad en la que antes estaba.


Esther se acercó a mí, la vi agacharse y agarrarme. ¿Podía
subirme como si fuera un folio? Entonces pensé en qué me había convertido, y
para que tuviera plena consciencia de mi situación, me llevó hasta un espejo.
No, no podía ser, no podía creérmelo; Esther, sosteniendo en sus manos, mostraba
al espejo unas braguitas de algodón blanco, del tipo pantaloncito corto,
aparentemente normal, pero que yo supe que era yo mismo. Ya no tenía dudas de
que estaba completamente en sus manos, que no tenía escapatoria, y de que nadie
en el mundo sabría nunca de mi paradero.


La bruja entonces se dispuso a ponerse las braguitas; yo noté
como si abarcara sus piernas con mis brazos, y sentí cómo sus muslos se
deslizaban por mis biceps, acercándose su culo más y más a mi cara. Cuando las
tuvo puestas, sentía mi nariz entre sus nalgas, con la punta apoyada en su botón
rosado, mis ojos cegados por los glúteos y mi boca pegada a su sexo. No era una
sensación de dolor sino de bienestar, cosa de la que me sorprendí; acaso una
cierta sensación de ahogo, no, no de ahogo, sino de algo que me llenaba, como
una máscara. Cuando empezó a caminar sentía sus nalgas sobando mi cara y sus
labios vaginales restregarse en mi boca, pero tampoco era una mala sensación.


Pero cuando se sentó todo cambió; mi cara se vio aplastada
con una fuerza inusitada, mi nariz a punto de explotar apretada contra su ano, y
mi boca quedando totalmente introducida entre los labios de su sexo. De aquella
forma no podía ni respirar, la cabeza a reventar y mi vida en sus manos, o mejor
dicho, en su culo. Traté en vano de buscar una posición más cómoda, pero, ¿cómo
hacerlo siendo una braguita inerte?. Entonces oí la voz de Esther; ¡me estaba
hablando con la mente!. Me decía cómo me encontraba así, y le dije, no sé cómo,
que me ahogaba. Entonces noté como todo mi ser se introducía entre sus nalgas;
lo que en realidad estaba haciendo es que se metía las bragas por el culo,
oprimiendo todo mi cuerpo entre sus glúteos, pero de esa manera encontraba un
resquicio para respirar, aunque la sensación de agobio y presión persistían.


Conseguí decirle mentalmente que así ya podía respirar, con
lo cual se reclinó en el sofá en el que estaba sentada y cogió el teléfono; fue
entonces cuando su plan destrozó por completo mi vida. Llamó a mi novia Marisa,
y no sé cómo, cuando empezó a hablar era mi voz la que salía de su garganta; yo
me alarmé, quise impedirlo, pero, ¿cómo hacerlo?. No había manera de evitar que
Esther hiciese lo que le diese la gana, así que traté de llorar cuando oía cómo
la bruja le decía a Marisa, con mi voz, como si fuese yo, que ya no volvería a
verme, que me había enamorado de una extranjera y que desaparecería para siempre
de la ciudad y de su vida. Esther pudo notar cómo sus flamantes braguitas
humanas se mojaban, debido a mis lágrimas, y eso la excitó.


Esther notó algo que nunca había sentido; a pesar de que sus
poderes la habían acompañado toda la vida, no había tenido la necesidad de
usarlos para su provecho, pero al pararse a pensarlo, únicamente lo sentía
conmigo. Decidió que seguiría su vida normal, pero con un pequeño cambio en su
placer.


Se reclinó cómodamente en el sofá, se estiró la braguita, o
sea, a mí, de manera que mi nariz quedaba justo entre sus labios vaginales, y
comenzó a acariciarse, empujando mi nariz dentro de su coño, excitándose y
mojándose. Mi boca quedaba libre para poder respirar, pero mi nariz se llenaba
de jugos, y cuando se corrió, mi cara quedó empapada.


Una vez saciada se dedicó a hacer pruebas conmigo; se quitó
las braguitas y las dejó sobre una mesa; primero me convirtió en jarrón, y al
echarme agua me sentí totalmente mojado, pero introdujo dos rosas por la boca,
haciéndolo a la vez en mi culo. Me sentía humillado, mojado y penetrado. Luego
me convirtió en vela, que al encenderla me llenaba el cuerpo de cera, en lámpara
que me quemaba todo el cuerpo y en consolador, que al introducírselo en su coño
todo mi cuerpo quedó dentro de ella.


Después me convirtió en sofá, y justo cuando lo iba a probar,
llamaron a la puerta; era Marisa, desecha en un mar de lágrimas. Esther la
acompañó y se sentaron en el sofá (yo); el culo de mi novia quedó sobre mi cara
y Esther se acomodó en mi estómago. Mi novia le contó la conversación que ella
creía haber tenido conmigo y su amiga la escuchó con atención, como si no
supiese nada del tema.


A continuación sucedió algo que me llenó de rabia, aunque me
excitó también; Esther comenzó a acariciar a Marisa, susurrándole palabras de
cariño al oído, dándole pequeños besos en el cuello, y mi novia se dejó llevar,
sin duda afectada por el duro golpe que acababa de sufrir. Así que se relajó y
se entregó a las caricias de su amiga, retozando con ella, deleitándose con
largos morreos y magreos de tetas; eso sí, era Esther la que llevaba la
iniciativa, y Marisa se dejaba hacer, pero noté como la braguita de mi novia se
mojaba a marchas forzadas, así como el coño de Esther, ahora desnudo.


Cuando finalmente llegaron a su placer, Marisa le confesó a
su amiga que se había sentido muy bien, que le daba las gracias, pero que sentía
confusa, que necesitaba pensar. Su amiga se quedó con una sonrisa en los labios,
satisfecha de su manipulación en nuestras vidas, pero quería hacer a Marisa
suya, sin contarle nunca lo que había hecho conmigo. Volvió a convertirme en
braguitas y se acostó.



A la mañana siguiente se despertó pronto, para ir a clase; yo
estaba dolorido, cansado, y aunque había pensado en que todo era un sueño,
pronto salí de mi error. Al levantarse, lo primero que hizo fue ir al aseo, y se
sentó en la taza sin quitarme de su cuerpo; comenzó a mear y toda la orina fue a
para a mi garganta, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Me ahogaba, mi
garganta esta a punto de estallar, y además ella tiraba de su braguita,
metiéndome dentro de su coño, con lo cual, si no es porque la meada no fue muy
larga, hubiera muerto.


Se metió en la ducha y fue entonces cuando se deshizo de mí;
cuando estaba en el suelo de la bañera, me convirtió en una persona normal,
aunque atado, y estuvo duchándome durante un rato, sentada sobre mi pecho,
frotando mi cara con una esponja, y es que me aseguró que la mayor parte de mi
vida la iba a pasar pegada a su culo, aunque, si me portaba bien, podría tener
algunos privilegios.


Me puso a prueba; tras la ducha, y mientras se vestía, me
dejó en mi forma natural y me mandó a prepararle el desayuno; me dio la espalda
y se metió en el cuarto, dejándome en la duda de salir corriendo o doblegarme a
ella. Lo mejor sería seguirle el juego, y esperar a que se confiara en su
dominio, no fuese que fallara en la primera ocasión y endureciese mi esclavitud.


Le preparé el café y cuando apareció en el salón estaba a
medio vestir; llevaba puesto el pantalón y la blusa, pero ésta abierta,
mostrando sus pechos. Me dijo que me pusiera a cuatro patas y se sentó sobre mi
lomo, y mientras desayunaba me contaba las ventajas de entregarme totalmente a
ella. Si así lo hacía, podria seguir disfrutando de Marisa, ya que estaba segura
de hacerla suya. Aguanté.


Una vez dispuesta, me convirtió esta vez en sujetador, y me
colocó en su pecho; yo sentía sus dos tetas en mis manos, y mi cara entre ambas.
Cuando me abrochó, mi cara se aplastó contra su pecho, terminó de abrocharse su
blusa y salió de casa para ir a clase. Mientras caminaba, sus pechos se movía y
balanceaban al ritmo del paso, y mis manos no podían sostener aquellos volúmenes
que además estrujaban mi cabeza entre ellos.


La mañana se pasó entre clase y clase, y la mayor parte del
tiempo estuve dormitando entre sus senos, solamente sobresaltado cuando, entre
clases, ella se levantaba, salía al pasillo, fumaba un pitillo o iba al aseo.


Por la tarde, después de comer, momento en el cual me había
devuelto mi forma y le serví la comida, nos fuimos de paseo, de compras, y el
resto de la tarde la pasó estudiando, y yo, un rato humano haciendo su colada,
limpiando la casa, un rato como consolador, alojado en su interior, luchando por
poder respirar.


Pasaron tres días hasta que volví a ver a Marisa; habían
quedado aquella noche de viernes para salir y bailar un ratito. Esther me
llevaba de braguitas, así que de entrada no pude verla. La bruja debía estar
bastante contenta conmigo, porque se dirigió al aseo, me quitó de su cuerpo y me
convirtió en un librito de bolsillo muy fino. Cuando regresó al lado de Marisa,
me mostró como algo que se había encontrado en el aseo; fue cuando pude
contemplar el rostro de mi amada, aunque nada podía decirle, y le pidió que se
lo guardara, ya que Marisa llevaba pantalones. Mi novia me metió en uno de sus
bolsillos traseros y quedé aplastado entre su nalga y la tela del pantalón; a
pesar de estar tan incómodo, sobre todo cuando se sentó un rato y me aplastó
completamente, un sentir de felicidad me llenó por estar cerca suyo.


Cuando se despidieron Esther le pidió el librito a mi novia,
y cuando llegamos a casa mi bruja me sonrió con benevolencia, diciéndome que si
en todo la obedecía y me portaba bien podría disfrutar de muchas veladas en
manos de Marisa.


La vida transcurrió de esa manera varias semanas, y hacía ya
una que Esther había propuesto a mi novia irse a vivir con ella. Pero aún debía
pasar una prueba bastante dura; un día se trajo a un amigo a casa para
follárselo, y tras los preparativos y juegos, él fue a penetrarla; entonces
Esther abrió el cajón donde yo estaba en forma de condón. Me puso en la polla de
su amante, y a la vez pude sentir como esa polla me entraba por el culo y por la
boca al unísono, rellenándome como a un pavo por Navidad. Entonces agarró por
las caderas a Esther, apretó y yo me metí dentro de la bruja una vez más, pero
enculado y con la boca llena; el espacio era mucha más limitado, ya que todo mi
cuerpo quedaba entre la polla del amante y las paredes vaginales del coño de mi
dueña.


Cuando se corrió, por supuesto toda la leche penetró tanto en
mi culo como en mi boca, y cuando la polla se encogió, yo lo hice como una pasa;
mi terror acudió cuando el hombre se fue al aseo, se quitó el condón y lo tiró
al water. Meó sobre él (yo) y se dispuso a tirar de la cadena en el momento en
que aparecía Esther y le dijo que no lo hiciera, porque estaba rota, que ya lo
recogería ella todo por la mañana. Una vez que el hombre se fue de la casa, mi
dueña me rescató medio ahogado, me devolvió la forma humana pero me dejó atado y
lleno de semen y orina, metiéndome debajo de la cama.



Dos días después mi novia, aunque ya no podía llamarla así,
apareció en casa de Esther con su equipaje, dispuesta a quedarse a vivir allí, y
aceptando la relación con la bruja; mientras Marisa colocaba sus cosas en el
armario, Esther se/me quitó las bragas y me convirtió en consolador, dejándome
encima de la mesilla para más tarde. No tardaron mucho en retozar sobre la cama,
ya que Esther agarró a Marisa por la cintura y la arrastró sobre el colchón.


Cuando se abrazaron en la cama, yo estaba encima de la
mesilla, erguido, contemplando como Esther acariciaba el sexo rasurado de mi
novia mientras le mordisqueaba los pezones; la pasión se desbordaba por los
límites de la cama, el calor subía hacia el techo en forma de nube condensada y
los sexos y bocas era volcanes en plena erupción.


Ahora era Marisa la que se encontraba sentada a horcajadas
sobre Esther, restregando su coño sobre las tetas de su amiga mientras ésta,
acariciándole el culito, le comía las tetas sin parar, recorriendo toda la
extensión de los globos con su lengua, mordiendo levemente sus pezones. El coño
de mi novia era un hervidero de vapores, de jugos, de placer, y Esther, notando
ese placer sobre su propio pecho, la apartó a un lado, la tendió boca arriba en
el lecho, abrió sus piernas y, poniéndose entre ellas, le prodigó una lamida que
parecía que iba a terminar con su vida.


Cuando la bruja me cogió de la mesilla sentí como si unas
enormes manos asieran todo mi cuerpo a la vez, y aunque ella no presionara lo
más mínimo sobre el supuesto ser inanimado, yo sentí una presión bastante
fuerte. Mi novia ya estaba a cuatro patas sobre la cama, con su culo en pompa y
su sexo ofrecido al invasor que le iba a llevar al séptimo cielo. Esther se
dirigió a mi, diciéndome que me portara bien, y acto seguido me apoyó sobre el
coño de Marisa, presionó levemente y mi cuerpo se fue adentrando en la gruta del
sexo de Marisa.


La sensación de entrar allí me impresionó fuertemente, era
como si me metiera en una de esas tripas de los monstruos que vemos en la tele,
pero aquello era real; hacía calor, mucho calor, todo estaba húmedo y la
estrechez del cubículo me hacía apretarme contra mi mismo. Mi posición era la de
firmes, con las manos pegadas al cuerpo, y como siempre, sin poder moverme, y
cada vez que Esther me introducía y sacaba del coño de mi propia novia, mi cara,
mi pecho, mis piernas, todo mi ser se rozaba con las paredes vaginales de mi
Marisa.


Estuvieron un buen rato así, y cuando me sacó medio ahogado,
se giró Esther, dejando derrotada a Marisa, y me conjuró para convertirme en
arnés, con la misma disposición que antes, pero con correas. Se colocó detrás de
mi novia y la poseyó durante largo rato, haciéndome penetrar en su coño, y a mi
manera, me hacía a la idea de que yo mismo le hacía el amor.



A partir de entonces casi nunca volví a tener la forma
humana, pero si tenía una u otra forma según el humor de mi dueña; cuando me
quería premiar me convertía en consolador o en braguitas, que algunas veces se
ponía Marisa, pero cuando no me portaba bien, me convertía en taza de wáter, en
condón o en zapato.


Ellas vivieron juntas por un tiempo, y cuando se separaron,
nunca más volví a ver a Marisa.


 



Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .



Número de votos: 0
Media de votos: 0


Relato: La Bruja
Leida: 20422veces
Tiempo de lectura: 11minuto/s

 





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes
Foro porno
sexo
lesbianas
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados
porno
peliculas porno gratis
videos porno gratis
telatos porno incesto
porno español
travestis
peliculas porno
zoofilia
sexo gratis
sexo madrid
chat porno
webcams porno
fotos de culos
juegos porno
tarot
juegos
peliculas online
travestis
Cocinar Recetas
porno
Curso Doblaje
It developer
porno italiano 3G gratis
olgun porno
erotische geschichten



Webcams Chicas de Misrelatosporno.com
 
Todo sobre acuarios
 
Si te gustan los acuarios, suscribete a neustro canal de youtube !!!
Pulsa aqui abajo .