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Relato: Existe una vida después del trabajo


 


Relato: Existe una vida después del trabajo

  Relato erótico coescrito por email entre ella y él

Noviembre 2011, España

Contacto: e_v_a_s_i_o_n_69@hotmail.com



PERSEIDA
Llegas muy cansado a casa después de trabajar. Entras, y hay un camino iluminado con velas hasta tu escritorio, el cuál tomas, y donde ves que te espero yo casi desnuda, con un conjunto de ropa interior negra muy erótico, dejando a medio ver mis senos; estoy tumbada sobre él, muy abierta de piernas. Con una mano acaricio mi sexo lentamente por encima de la braguita y con la otra estoy humedeciendo mis labios lentamente con un hielo y rozando mi cuerpo con él; mientras te miro con mucho deseo de poseerte, muy ansiosa de sexo...

ADAMANTIN
Entro por la puerta, al cabo de un día triste. Me sorprenden las velas. Sólo una fracción de segundos. Rápidamente entiendo que me preparaste una sorpresa agradable, y que la mejor parte de mi día está por venir. Sigo lentamente las velas hasta llegar a mi escritorio. Estás allí tumbada. Erótica. Irresistible. Tu ropa interior negra transmite sexualidad. Transmite potencia. Veo tu mano acariciando tu sexo. Me gustaría ser su mano. Me gustaría ser tu sexo. Me gustaría poseerte. Veo tu pecho. Quiero tocarlo. Quiero besarlo. Me acerco de ti. Te siento en el borde de la mesa. Mis labios entran en contacto con los tuyos. Mis manos se posan sobre tus caderas. Te beso suavemente. Te miro en los ojos. Nuestras miradas se cruzan durante unos largos segundos. Sigo besándote. Mis manos andan por toda tu espalda. Mi boca empieza a besar tu cara. Luego mis labios bajan por tu cuello. Se quedan besando tu cuello. Bajan poco a poco. Hasta tu pecho. Besan su parte visible y desnuda. Una mano sube hasta tu nuca. Otra se dirige hacia tus entrepiernas, que acaricia durante un largo minuto. Veo que tus bragas humedecen. Lo huelo. Empiezo a subir mi mano hacia tu sexo. Un dedo se introduce hacia tu clítoris por debajo de la ropa. Puedo confirmar tu humedad. Me excita. Quito mi camiseta. Quito mis vaqueros. Me quedo delante de ti en calzoncillos. Notas mi sexo endureciendo.

Me aparto un metro de ti, y me siento en la silla. Empiezo a extraer de mis calzoncillos mi sexo duro e hinchado de excitación. Mientras tanto te miro en los ojos. Leo tu deseo de tocarme sin poder. Empiezo a masturbarme lentamente delante de ti. Te miro con deseo, pero me quedo sentado, lo suficientemente lejos para que no puedas alcanzarme desde el escritorio. Mi mano empieza a recorrer mi sexo de forma cíclica, desde arriba hasta abajo, mientras mis ojos recorren tu cuerpo...

PERSEIDA
Uhmmm, noto como mi respiración está cada vez más acelerada, deseo que sigas tocándome pero no lo haces, quiero seguir sintiendo como tus labios recorren lentamente todo mi cuerpo, como me acaricias suavemente por toda mi silueta, pero te quedas apartado de mí, y eso hace que aumenten mis ganas de querer follarte. Me noto cada vez más cachonda, muerdo y humedezco mis labios sedienta de ti, veo tu sexo duro, me apetece, mi boca quiere saborearlo; me pongo de rodillas sobre la mesa, sigo mirándote mientras acaricio mi cuerpo lentamente, toco mi cabeza, enredándome el pelo como si empezara a perder el control, empiezo a sentirme animal, a perder la coherencia; acaricio mis pechos, y bajo mi mano hacia mi clítoris, meto mi mano entre mis braguitas y me toco durante unos segundos mientras te miro fijamente a los ojos; miro como deslizas tu mano por tu pene duro; estoy muy húmeda.

Pausadamente bajo los tirantes de mi sujetador, lo desabrocho y lo dejo caer, dejo q me mires durante un momento, y sigo tocando todo mi cuerpo poniéndote más cardiaco cada vez. No puedo dejar de recorrer con la mirada tus brazos, tu fuerte pectoral, tu cuello que tanto me gusta, todo tu cuerpo al milímetro. Eres malo, sabes que te deseo desesperadamente pero no vienes hacia mí, me haces sufrir y extrañamente me gusta, me pone. Necesito sentir tu cuerpo enlazado con el mío, quiero besarte.

Sigo imaginando como sería tener tu sexo duro en mi boca.... no lo puedo soportar más; bajo lentamente de la mesa, me apoyo con delicadeza en el suelo y me pongo a caminar a cuatro patas hacia a ti, muy sigilosa y sensualmente, como si de una gata me tratara.

Cojo tu pene entre mis manos, te miro y le pego un lametón lujuriosamente de abajo arriba, sin dejar de mirarte a los ojos…

ADAMANTIN
Mi pene enrojece de excitación. Te miro en los ojos, deseándote. El contacto de tu lengua con mi sexo me provoca una intensa emoción.

Un momento tan deseado. Tan esperado. Ese encuentro, mi sexo lo anhelaba desde tanto tiempo que llegado el momento de la cita, la ansiedad sube hasta su paroxismo. Quiero disfrutar de este momento presente. Quiero abandonarme a la felicidad que visiblemente estás dispuesta a ofrecerme. Cada segundo será un rincón de paraíso que no me quiero perder. Pero me encuentro inseguro. Mi exaltación es tan grande que temo no ser capaz de disfrutar durante mucho tiempo antes de rendirme a tu ya evidente total dominación sobre mi cuerpo y mis sensaciones íntimas. Sé que cuando empieces a ocuparte de tu sexo con tu lengua, tu boca y tus manos, no seré más que un muñeco para ti. Te prometo ser un buen esclavo sexual, pero espero que seas un buen maestro. Que seas paciente conmigo y que me des la oportunidad de tener unos minutos de placer. Espero sufrir lentamente antes de morirme entre tus manos.

Una de mis manos acaricia tu nuca. La otra juega con tu pelo. Es lo máximo que me siento capaz de hacer. Cualquier otra iniciativa sería fútil. Sería pura ilusión de tener elección sobre mi destino próximo. Te miro en los ojos desesperadamente. Mi mirada te pide indulgencia. Te estoy totalmente entregado mi amor...

PERSEIDA
Me siento poderosa, puedo hacer lo que quiera contigo, estás sumiso a mí. Me esmero en saborear tu pene como si fuera una deliciosa golosina, mi lengua juguetea con él, mis labios lo besan por todas partes, mi mano lo acaricia con suavidad pero firmemente de arriba abajo; uhmmm es tan irresistible, tan delicioso, lo introduzco en mi boca una y otra vez, chupando cada gota de su jugo, me encanta jugar con él, ... Ver y sentir lo excitado que estás y escuchar tus pequeños jadeos me hacen saber que estás disfrutando y yo disfruto chupando tu polla dura, empujas mi nuca hacia él, me gritas con la mirada que no pare, que acabe; pero no estoy dispuesta a hacértelo pasar bien, quiero que sufras de placer!!!!.... así que paro en seco!!!

Subo poco a poco por tu cuerpo besándote y lamiéndote, dedico un tiempo a tu cuello, te beso por las orejas y voy hacia tu boca, rozo mis labios con los tuyos, los muerdo, te beso lascivamente mientras impido que te sigas tocando... mi sexo está muy muy húmedo... me levanto y me siento en el suelo tirando de ti hacia él. En el suelo seguimos besándonos y acariciándonos apasionadamente, con un movimiento rápido consigo tumbarte, te agarro los brazos y con cierta fuerza los apoyo sobre el suelo como símbolo de posesión sobre ti, estoy encima tuya, te tengo sujeto y sigo besándote alocadamente mientras me refriego por tu polla dura, lo justo para asegurarme que sigues muy excitado... me muevo hacia arriba para semi-sentarme en tu boca y colocar mi sexo muy mojado sobre ella, agarrándote por el pelo para que comas, para que me deleites con tu lengua...

ADAMANTIN
Soy tu objeto. Me acabas de confirmar tu completa dominación cuando introdujiste mi sexo en tu boca. Es como si mi poder de decisión propia hubiera huido de mi cuerpo en ese mismo instante. Ahora mi boca recibe tu sexo como una recompensa. Como un favor concedido por el maestro a su esclavo, después de haberse portado bien durante los momentos difíciles. Mientras se acerca tu sexo de mi boca, mis ojos notan su brillante humedad, y mi nariz toma inspiraciones rápidas e irregulares para detectar señales del excitante olor de tus secreciones femeninas. Unos pocos segundos más tarde, mis labios entran en contacto con el objeto de sus deseos. Te saboreo. Eres exquisita. Eres el postre de mi dura jornada. Ambiciono devorarte. Aguardo aprovechar hasta la última gota de tu jugosa intimidad. Mis brazos y mis manos se cierran vigorosamente alrededor de tus caderas, como para resguardar ese deleitoso regalo, y acercarlo con fuerza hacia mi cara.

Mi lengua empieza a recorrer tu sexo, desde tu clítoris hasta la rociada entrada de tu vagina. No puedo refrenar mi deseo de barrer tu sexo una y otra vez, explorando cada uno de sus rincones. Anhelo conocerlo mejor. Poco a poco, mi atención se centra en tu clítoris. Mi lengua lo rodea. Flirtea con él durante un largo minuto. Mi boca se abre más generosamente, e introduzco tu clítoris en mi boca. Lo chupo. Lo devoro. Me siento feliz. Me siento un hombre afortunado. Escucho tus crecientes gemidos, y me siento un hombre logrado. Sigo saboreando tu sexo durante unos largos minutos, parándome unos segundos de vez en cuando, acelerando otras veces. Tus gemidos se hacen más intensos y tu respiración se hace más rápida. Pero hoy no estoy comiendo tu sexo por ti, sino exclusivamente por mí. Me halaga imaginar a mi dueña agradecida por el placer que le está dando su esclavo, cuando en realidad él no lo hace por ella, sino por interés proprio.

Mientras tanto, empiezo a recuperar mis fuerzas, y vuelvo a sentirme capaz de tomar algún control sobre nuestro intercambio placentero de favores. Sin dejar de comer tu sexo, mis manos empiezan a acarician tu pecho. Recorren también todas las partes alcanzables de tu cuerpo. Voy girando tu cuerpo de media vuelta sobre mi boca, de tal forma que me des la espalda. Mis manos tienen ahora un acceso más fácil y más práctico a tu pecho. Tu mirada no puede reprimir pararse en mi sexo duro, que se erige delante de tus ojos. Lo empiezas a coger entre tus manos. De forma inesperada, mis manos te empujan por la espalda y te obligan a arrodillarte, colocándote boca abajo, tus labios al alcance de la punta de mi sexo. Tardas tan sólo unos instantes en darte cuenta de que nuestros cuerpos forman ahora juntos la tan aludida posición 69. Notas como además de mi lengua que sigue acariciando suavemente tu clítoris, un dedo está empezando a hacerse camino por la entrada de tu vagina...

PERSEIDA
Ufff, he pasado de someter a ser dominada casi sin darme cuenta, dejándome llevar por fuerzas sobrenaturales. Mi cuerpo está totalmente poseído por la lujuria, por una atracción irresistible, eres mi sol particular que me proporciona calor, placer que nadie más sabe darme como tú.

Siento como se hunden tus dedos en mi vagina, como tu lengua saborea mi clítoris, me gusta sentir que tienes mis caderas cogidas con fuerza, mientras no pueden evitar moverse ligeramente al roce de tu lengua en mi sexo caliente y húmedo... delante de mí vuelvo a tener mi juguetito favorito, tu polla dura. La meto en mi boca una y otra vez, la rozo entre mis dedos y mezo mis manos por ella, mi lengua juega por tu glande, acaricio tus testículos, siento que la necesito, que necesito chupar tu pene como si de agua se tratara para sobrevivir, es tan deseable... empiezo a gemir, entre jadeos, susurro tu nombre...siento que después de tanto tiempo hemos conseguido conectar a la perfección, como dos piezas de puzzle...

ADAMANTIN
Mi atención se centra en tu sexo. Mi dedo va y viene entre las puertas de tu vagina y tu clítoris. Gozo de una vista única y lujosa sobre tus zonas genitales. Puedo ver sin ser visto. Esta inmensa excitación visual se amplifica cuando tu mano se acapara de mi verga, y tu boca la engulle. Mis pulsaciones se aceleran. El momento presente es insólito en nuestra relación. Es nuestro primer instante de placer mutuo compartido y simultáneo. Ninguna emoción supera la felicidad recíproca y cómplice.

La intensidad de mis emociones crece rápidamente bajo el entusiasmo de tu labor sobre mi sexo y la maestría de su ejecución. Mi discernimiento me abandona poco a poco. Intento devolverte la delectación que me entregas en la medida de mis capacidades. Pero las señales de la proximidad de un orgasmo explosivo son ahora evidentes. Mi vista se nubla. Mis fuerzas se desvanecen. Los músculos de todo mi cuerpo se rinden y se relajan. Mi cabeza descansa pesadamente sobre el suelo. Mi boca permanece abierta, gimiendo, respirando rápidamente. Mi cuerpo espera, impotente, su ejecución a muerte. Unos segundos más tarde, un violento orgasmo sacude mi cuerpo entero. Mi sexo es un volcán en erupción, y mi semen es expulsado potentemente, como si se tratara de lava en fusión.

PERSEIDA
Antes de que se acaben mis fuerzas quiero sentir como te corres en mi boca, saborear la explosión de semen caliente, quiero que mueras de placer por unos segundos. Ese reto me pone más cachonda todavía. Cada vez muevo más y más rápido mi mano por tu sexo, mientras golpeo suavemente tu puntita contra mi lengua, siento que estás a punto de irte... ya falta poco, lames a duras penas mi sexo, estás en otra dimensión, sigo chupando mi caramelo, un poco más, ya casi está… y por fin!! Uhmm siento la explosión de todo tu jugo en mi boca, como se derrama por todas partes...

ADAMANTIN
Una inmensa fuente de exaltación adicional me conquista cuando tu boca permanece encerrando mi sexo durante mi eyaculación. Nunca un orgasmo mío había recibido tan especial y gratificante atención.

Después de la culminación de la tempestad, nos quedamos varios minutos tumbados en la misma posición. Mis pulsaciones vuelven a bajar paulatinamente. Nuestras manos acarician nuestros cuerpos. En sus andaduras superficiales, se encuentran y se acarician entre ellas. Nos besamos con afección y en signo de gratitud. Sonreímos. Sentimos la felicidad y la satisfacción de la labor bien acabada. Dentro de poco tiempo habrá que levantarse, moverse. Pero ninguno de los dos parecemos querer tomar la iniciativa. Algunos pasos son resolutamente difíciles de dar en las relaciones sexuales…
 



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Relato: Existe una vida después del trabajo
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