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Relato: Las crónicas del hombre más feliz del mundo.


 


Relato: Las crónicas del hombre más feliz del mundo.

  Crónicas del hombre más feliz del mundo*1 jueves en la mañana, me levante, cepille los dientes como de costumbre, desayune el mismo cereal de siempre, me puse el uniforme del cole y me aliste para irme. Es lo último que recuerdo de mi anterior vida; alegre, triste y normal vida. Escribo esto puesto a que estoy a punto de pagar la absurda condena por la vida más feliz, que un hombre pueda tener. Ese mismo jueves al salir de la casa con dirección al cole, después de haber caminado 20 metros, un carro me golpeó, desperté en una silla con ganchos en las manos, pies y un enorme dolor de cabeza. Frente mío estaba un anciano calvo, con ropas mugrosas y manchada de sangre, solo me dijo; perdón por arrollarte, pero después me lo agradecerás, verde enciendes y rojo apagas; acto seguido se acercó y me golpeo con su bastón, dormí quien sabe cuánto. Desperté en mi cama desnudo con una pulsera muy peculiar, tenía dos botones, verde y rojo. Sin saber si había sido un sueño me levante para verme al espejo y la cicatriz en mi cabeza me afirmo que no lo era. No había forma de quitarme la pulsera, intente presionando el botón rojo varias veces pero era inútil, probé con el verde, desapareció y con ella todo mi cuerpo. En el espejo solo se podía ver un cuadro barato de un payaso, el cual estaba detrás de mí, detrás de mi carne, pero no podía creerlo así que asustado solo presione el botón rojo para volver a ver esa cabeza cicatrizada, fui a sentarme en mi cama y meditar. Después de 20 minutos, fui a la cocina comí el mismo cereal de siempre, presione el botón verde y Salí. Mi nueva vida acababa de comenzar. Era difícil al principio, sentía que todos me veían aunque no fuera así, el viento era frio, pero sabía cuál era mi destino; la casa de mi tía. Verónica, tez blanca, pelo negro, no muchas tetas pero con un culo carnoso. Desde las memorias de mis hormonas recuerdo que me encantaba visitarla por una sola razón, me masturbaba con sus pantaletas que dejaba en el baño, siempre lo hacía, otras veces con más suerte podía tomar las pantaletas de su hija Areli que estaba en la misma edad que yo en ese tiempo, olían tan rico. Deje de ir porque un día al hacer lo mismo no pude aguantar más, me las lleve a la boca, después por toda la cara hasta que acabar en mi pene, fue tan rápido que no alcance a quitarlas, no quería, las manche de semen no sabía que hacer así que las enjuague pero el semen se pegó aún más, asustado, las tire al inodoro, pero lo tapo. Corrí y nunca más volví aunque creo que mi tía nunca le dijo a mi madre. Y hoy después de tanto puedo volver. Entre por la puerta de atrás, caminé hacia la sala donde se encuentra mi tía, con un vestido de niña que dejaba ver su figura, parecía una señorita apenas, su cuerpo de niña pero con su tremendo culazo, y mi prima al lado de ella estaba al parecer por ir a su clase de gimnasia, vestía con blusa y licra, vaya que había crecido, tenía unas tetas que me provocaban hacerles un hoyo y cogérmelas, su culo no era tan bueno como el de mi tía, pero definitivamente era la protagonista de muchas pajas. Al despedirse mi prima, pocos segundos después una bestia en mí se desencadeno, quería violarla ahí mismo, quería meterle mi pene en su boca, en su culo, en sus tetas, en sus pies, quería que me arrancara las bolas con su lengua. Pero me contuve. Tenía que, solo la seguí hacia donde se dirigía, su cuarto. Al parecer estaba por ir a algún lado ya que estaba escogiendo ropa de gala, era tan extraño, ella tan tranquila escogiendo ropa para salir mientras que un hombre con el pene erecto estaba al lado suyo, queriendo partirla en dos, en tres o en los pedazos que pueda. No aguante más, me empecé a masturbar a 30 cm de su rostro, ella estaba sentada viendo la ropa mientras que un pene estaba escasos centímetros de sus labios, note que se dio “cuenta” porque empezó a arrugar la nariz en busca de ese olor tan peculiar, jajajaja lo que hubiera pagado por una foto de su rostro en ese momento, en fin, estaba a reventar pero no podía desperdiciar mi leche solo en eso, tenía que hacerle saber que así como las vacas necesitan pasto para lactar, así mi verga necesitaba de ella para lactar. Guarde la necesidad un momento y espere a que se desnudara, pero tardo mucho enserio que tardo mucho. Lo sentí mucho por ella y por mí pero no aguantaba más, fui al botiquín de primeros auxilios y busque, busque, lo encontré! Pastillas para dormir. Agarré 4,5, creo más de 6 ahora ya no recuerdo. Fui corriendo a su cuarto, estaba vestida de otra forma, tenía puesto una falda de su hija, quien sabe porque, tal vez quería sentirse joven de nuevo, y arriba tenia puesto una blusa blanca... Corrí hacia ella, la agarre por atrás, le pellizque los pezones muy fuertes a la espera de un grito desollador para poder meterle las pastillas. No debí lastimarla tanto pero yo no fui yo, era ese demonio dentro de mí, esa sombra que siempre estuvo desde que nací. Se resistió claro, era tan bella llorando, pero no podía dar marcha atrás, así que opte por hacerlo más rápido, la agarre de la melena y la azote con la pared, sangro un poco pero era por su bien. Estaba parado enfrente de ella, o al menos de su cuerpo inerte, no sabía que hacer primero, incluso pensé en irme, pero ese demonio regreso solo para obligarme a posar mis ojos en su pueril capricho, sus axilas. Limpias, blancas y un tanto aguadas, era tan feliz en el momento en que de su cabeza agarre un poco de sangre de su herida en la cabeza para ponerla en su axila para así poder follarmela, sentía que reventaba pero de nuevo me contuve, había más partes por explorar, follar, perforar. Ya había sentido lo suave de sus axilas golpear mi glande, así que tenía que ir por otra parte… oh dios!; su boca, era tan hermosa, sus ojos parecían perdidos pero su boca estaba semi abierta invitándome a entrar, claro que lo haría, coloque una rodilla a cada oreja de ella, estaba en un trono real, me senté poco a poco, primero sentí en mi ano una respiración lenta y fría, sabía que ella lo hacía a propósito así que para agradecerle agarre su mandíbula y la abrí en par en par, acomode un poco mis bolas para entrar en su cavidad, sentía lo caliente de su saliva envolver mi escroto pero no la sentía viva, así que al llenar sus mejillas agarre y volví a cerrar su mandíbula, carajo, sabía que ella quería arrancarme las bolas, le encantaba, deje que ella se excitara un poco con el sabor a testículos mientras me masturbaba picando sus ojos con mi pene, era tan divertido pero tan rico, no hubiera parado pero sus ojos pobrecitos empezaron a sangrar, no quería dañarla, solo hacerla disfrutar. Basta de juegos me dije, los juegos no me bastan me dijo, saque mis pelotas de su caliente boca, su cabello olía tan rico, sus pequeñas tetas me llevaban a imaginar que estaba violando su cuerpo de 14 años, las agarre apenas con las llenas de los dedos, eran tan suaves y aun mas con la blusa, bese sus pezones y dispuse a bajar. Baje un poco más, aun mas y ahí estaban, sus lindos pies, lamí sus plantas de arriba para abajo, ya mojados con mi saliva, tomé ambos y en el hueco que formaban pegados de planta a planta, me dispuse a meter mi pene. Sentía el frio de sus pies, veía su hermoso rostro con la mandíbula abierta y sus ojos cerrados, sus piernas abiertas me dejaban ver lo guarra que era pues ni pantys se había puesto. Un latido en mi pene me indicó que era tiempo de parar, solté sus violados pies. Siguiendo mi plan procedí a amarrar sus piernas y manos, pero con 40 cm de largo, lo necesitaba para sentirla viva. Esperé esta vez pacientemente, duró mucho la espera pero valió la pena, ahí estaba verónica acostada, asustada, atada, sin saber que estaba pasando, todo estaba listo y sellado, nadie escucharía. -¡Ayuda!,! Alguien ayúdeme! Gritaba ella siempre tan linda, sabía que no reconocería mi voz después de tanto así que hable con tanta confianza -soy tu admirador secreto, tranquila lo vas disfrutar mucho, quieras o no. -¡porfabor no! No me hagas nada, prometo no decirle a nadie pero déjame en paz. -no no no, dile a todos, porfabor díselos, ya no aguanto, lo haré. -¿! Qué harás ¡ ? ¿Dónde estás? ¡Alguien ayúdeme!. Veía su cuerpo tratando de zafarse, la sola idea de saber que ella se resistía me volvía endiabladamente cachondo, me acerqué despacio y empecé a tocar sus piernas hasta llegar a tus tetas, su cuello. -no sabes cuánto me excitas, ni yo lo sé, cada vez es más... te quiero partir. -¡noo! Suéltame, donde estas, que es esto. ¡Ayuda! Mientras le presionada un poco el cuello, puse mi pene en la entrada de su culo, y le susurré: -grita más anda, ¿sientes esto?, así me pones cada vez que gritas, te lo meteré si no gritas. Hundía mi cara en sus pequeñas tetas, se podían sentir sus pezones aun con la blusa, los chupe tanto como pude, su blusa se mojó con tanta saliva, ahora sus tetas se podían ver eso me volvió loco, le rompí la blusa y chupe como un bebe -¡aaaaahg! que buenas están, saben a ti, grita más, no calles! -¡ya déjame porfabor! ¡Para! Mi pene estaba a estallar, pero soy hombre de palabra. Me volteé para subirle más la falda, y poder relajarla, me senté un momento en su pecho, sentía sus pezones hinchados en mis pelotas. -no puedo respirar, quítate porfabor. -de acuerdo hermosa, solo disfruta y relájate. Me apoyé de rodillas y agaché mi rostro hasta su pelvis, olfateé como si fuera un perro con su comida, lento, muy lento empecé a lamber en círculos su clítoris, ella se movía desenfrenadamente pero sin poder hacer mucho, empezó a arquear su espalda lo que hacía de nuevo que mis pelotas pegarán con su pecho. No me rendí y lambí más fuerte y más rápido, ella se movía más… pero no gritaba. Así que me volteé furiosamente hacía su rostro, agarré le abrí la boca y le metí mi pene hasta la garganta cuidando con mis manos que su boca no cerrará -¡te dije que si te callabas te la iba a meter! Podía ver sus ojos llorosos, su garganta empezó a desechar jugos gástricos, sentía mi pene tan caliente así que empecé a mover mis caderas, rápido, mis bolas le golpeaban su barbilla, pero sabía que si seguía la ahogaría así que paré y esperé a que se tragara su vomito con sabor a mi carne para que pudiera respirar. Cuando por fin recupero el aliento se mantuvo callada unos momentos -¡Te dije que gritaras! -¡no porfabor! No, ya no más, que eres, porque no te puedo ver. -soy dios, vine a llevarte al cielo, solo déjate querer mi ángel hermoso Necesitaba pajearme un poco porque si no explotaría mi pene, así que me senté delante de su vagina y mientras me pajeaba, le tocaba su clítoris con los dedos de mis pies, ella no dejaba de moverse, simulando que no quería y gritaba la misma palabra solo para hacerse creer que no quería que la follará. -tú no eres dios, que quieres de mi porque haces esto. -no lo soy, ni tu un ángel, ¿eres imbécil o qué? Es obvio lo que quiero, violarte hasta que me digas que te gusta Siempre me molestaron las preguntas tontas, quería penetrarla ya pero no paraba de gritar, así que no había de otra, le dije que si gritaba le pellizcaría los pezones. -¡no no no no! Empecé a tirar de sus pezones hacia arriba, sus tetitas parecían conos, parecía que se les despegarían de su pecho -¡noooooooooo! ¡¡¡Ya para!!! Procedí a retorcer sus ya morados pezones. Y ella solo se mordía los labios hasta sangrar, ya lo había entendido. -te dije que gritarás! Pero ella solo temblaba, lloraba, su boca estaba cerrada, sus labios color rojo sangre, era tan bella. La agarre del torso y la coloque hacía debajo de la cama; su espalda era tan exquisita, era una diosa echa carne, y ahí estaba: su carnoso culo, el causante de todo mal. Baje mi cara solo para verificar que no estaba soñando, agarre una nalga con cada mano, lo apreté tan fuerte que pude verificar, no era un sueño, lo abrí de par en par solo para ahogarme del rico olor de su culo. Escupí en la entrada, abrí mis piernas lo suficiente y de una sola estocada, le metí toda mi verga, estaba dilatado, ella lo había disfrutado. Ya no quería esperar más, era una bestia, Movía mis caderas tan rápido como un humano lo puede hacer, algo en mi no me dejaba soltar mi semen, era tan bueno estar como un perro follando, como un animal, no pensaba, pero no quería terminar aun. Le soltaba golpes a sus nalgas solo para sentir como se contraía su esfínter, no era la primera vez que alguien le partía el orto, se sentía usado. Mi pene estaba hirviendo, ella movía sus caderas, empezaba a sentirse mi perrita, apretaba sus puños. Le pegaba debajo de las costillas, sentía su interior queriendo fundirse con mi pene. Había llegado al límite, agarre sus cabellera y moví mis caderas lento pero fuerte, hasta el fondo, por fin llene de leche todo su interior era tanto que se empezó a salir por su ano, escurriendo hacia su vagina, pero como dije, soy hombre de palabra, saque mi pene aun duro y latente, volteé su torso y comencé a follarla con poco menos de ahínco. Su rostro había dejado de llorar, tenía la mirada perdida, me acerque para darle un beso y volví a mi labor, terminé por segunda vez, pero antes de hacerlo paré y terminé echando todo en su bello rostro, su mirada vacía cambió a asco, no podía hacer nada, así que paso la lengua por todo su rostro o hasta donde llegaba, se lo metía a la boca y lo escupía. Por dios!! Era tan lenta, baje hasta su pelvis pero ya no había nada que me llamará la atención pero tenía que, metí mis dedos en su orto, y empecé a follarla con la mano, mi otra mano estaba ocupada dentro de su vagina, quería que sintiera vergüenza así que me dispuse a provocarle un orgasmo, metí mis dedos hasta dentro, el lugar que conocía muy bien, comencé a presionar y mover en ese punto, sus caderas empezaron a moverse, sus pies se extendían, su boca ahogaba pequeños gemidos, moví tan rápido hasta sentir como se contraía su cuerpo, salían chorros de la muy guarra. Pero no paré, no podía. Seguí ella parecía un gusano retorciéndose. Hasta que por fin, escuché: -¡YA PARA! Me gusta que me violes -pensé que nunca lo dirías Saque mis manos mojadas, entre al baño, me bañe con todo cuidado y me dispuse a salir…pero la puerta estaba por abrirse, era mi prima.
 



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Relato: Las crónicas del hombre más feliz del mundo.
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