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Relato: Sexo con mi profesora de historia


 


Relato: Sexo con mi profesora de historia

  Me llamo Tomás y soy de un pueblo de España. Estaba en segundo de bachillerato cuando ocurrió esto. Empezaba un nuevo año, el último, antes de ir a cursar mi carrera y como es normal tuve profesores nuevos que no tuve otros años. Este curso fue algo distinto pues aunque, como siempre, cada profesor nuevo aparece,te imparte una asignatura, lo conoces, acabas curso y no lo vuelves a ver; esta vez en historia (de España) tuve una profesora nueva llama María la cual sería la que tomará mi virginidad y con la que haría la eyaculación de mi vida (pero no adelantamos hechos).

Como ya he dicho se llamaba María y me daría historia. Era una mujer de unos 34 o 35 años. Su estatura era buena de pelo negro largo y recogido la parte trasera de la cabellera con una pinza del pelo. Normalmente acostumbraba a venir maquillada a clase pero solo pintándose los labios y los ojos. En cuanto al físico era delgada y estaba en buena forma, con buenos pechos, grandes y firmes (solía llevar bastante ropa que le tapaba pero aun así se notaba) y, sobre todo, un culo magnífico. Quiero detenerme aquí un poco pues fue lo que más me atrajo de ella. A la hora de hablar de su culo hablo de uno que era muy grande (bastante grande en relación con el resto del cuerpo pues las mujeres de su condición física no llegan a tener culos tan grandes) y también firme y blandito cuando lo tocabas pero lo suficientemente duro para darle buenas nalgadas (yo mismo lo probé por experiencia ;)). La primera vez que la vi no me llamó la atención pero cuantas mas clases pasaba dando con ella más me sentía atraído por ella. La mayoría de todos mis compañeros pasaban de ella pues parecía otra del montón pero yo prefería seguir sus explicaciones y estar siempre a su disposición. En poco tiempo alcancé confianza con ella sobre todo porque era el que más colaboraba en clase y el que mejores notas sacaba (nunca bajé del nueve en sus exámenes) y siempre la tenía contenta. En algunas ocasiones cuando mandaba trabajos individuales se los presentaba fuera de clase para que me los corrigiera y ver en qué he fallado, dónde puedo mejorar etc. En algunas situaciones me hacía la corrección fuera de las clases ordinarias y quedábamos solos para estar más tranquilos y hacer la charla más amena (en una de esas aulas será cuando lo haga con ella pero nuevamente no adelantemos hechos). En esas charlas la profesora se veía conmigo más alegre de lo normal y más simpática conmigo que con el resto de la clase, lo cual me parecía lo más normal porque era el que mejores notas sacaba y le atendía en todo, pero lo que me empezó a extrañar fue un poco su comportamiento y miradas, pues me miraba constantemente y mostraba alguna sonrisa entre los labios mientras lo hacía; pero lo mejor fue cuando en dos ocasiones me lanzó «indirectas». En una ocasión me dijo que era el mejor alumno que ha tenido nunca, lo cual respondí que no era para tanto pero ella dijo que sí y que ojalá «tuviera un hijo mío» lo cual respondí que exageraba y ella se empezó a reír, pero noté un ligero gesto de lástima en el rostro que se lo noté. La segunda vez fue algo más lejos pues al finalizar con una charla sobre un trabajo entre ella y yo a solas me preguntó sin más que si tenía novia. Esa pregunta me dejó algo desconcertado pero lo vi como una tontería y le respondí que no, preguntándome entonces por qué. Simplemente le dije que no quería porque los estudios me parecían más importantes que estar con una chica. Ante esta respuesta se extrañó por lo que respondí, pues ella misma me dijo que «me veía como un hombre guapo, inteligente y musculoso» (aclaro que debo ser de los pocos estudiantes que existen que saca buenas notas y tiene por entretenimiento el gimnasio y los deportes). Tras decirme esas cualidades, dijo «si yo tuviera tu edad no dudaría lo mínimo en tenerte como novio». Dicho esto volvió a reírse por lo que dijo y no le di la menor importancia, pero nunca me imaginé que todo eso posteriormente me dejaría hecho un hombre nuevo.

Pasamos a la parte sexual. Había acabado segundo de bachillerato y estaba a punto de prepararme para la selectividad. Había cumplido los 18 años ya (en febrero) y por aquel entonces ya estaba atraído sexualmente hacia la profesora. Las clases habían acabado y tocaba estudiar pero el último día de clases me surgió la duda sobre un texto que caería en el examen de selectividad de historia y le pregunté a María que si podía verla un día para quedar y mirar el texto, y ella aceptó encantada, diciendo que nos veríamos el sábado de esa semana en la Facultad, lo cual me extrañó al principio. Tras cuatro días, llegó el sábado y fui a la Facultad para quedar, que estaba completamente vacía ( normal pues las clases habían acabado y era sábado). Me fui al aula aislada donde nos veríamos los dos y allí estaba ella, pero fue algo distinto esta vez. El aula de aquella vez estaba en un extremo del Instituto donde no había nadie al alrededor. Cuando entré en el aula estaba con la persiana bajada hasta casi el final, de tal forma que había poca luz pero lo suficiente como para ver perfectamente (no se me pasó por la cabeza que estaba así la persiana para que no se pudiera ver desde el otro lado). Como iba diciendo allí me estaba esperando, sentada en una silla frente a una mesa pequeña y, al otro lado de esa mesa,estaba mi sitio. Esta vez llevaba ropa más ligera, de tal manera que se veía la parte superior de los pechos, y eso que acostumbraba a taparse. ¿Me estaría seduciendo? fue lo primero que pensé pero no di mas
importancia.

La explicación fue normal como siempre pero esta vez me miraba de vez en cuando y mostrando una ligera sonrisa cada vez que lo hacía. Esta vez sí que sospechaba algo, pero empecé a prestar más atención a aquellos pechos que sobresalían un poco por encima; captando mi atención, y empecé a atender más a mis fantasías eróticas que a las explicaciones. Cuando acabó de explicarme, me llamó la atención, pero no lo consiguió las primeras veces porque estaba pendiente de sus pechos. Tras una larga voz volví en sí y caí de nuevo a la Tierra y dije que estaba un poco distraído nada más. Fue entonces cuando mostró una sonrisita y me preguntó «¿Te gustan mis pechos?».
Me quedé blanco y rojo y a la vez (pues tenía razón), pero logré preguntarle qué es lo que me estaba diciendo. Ella me dijo que me había embobado viéndola y que le estaba viendo las tetas, mientras se reía. No supe qué hacer porque me había cogido y esto nunca antes me había pasado con una mujer, por lo que no se me ocurrió otra cosa que admitirlo y pedirle perdón por lo que hice. Ella se alegró más todavía y levantándose de la silla y viniendo hacía mí, estando al otro lado de la pequeña mesa donde estábamos para hablar del texto, me dijo que no pasaba nada. Cuando estaba en frente de mí, me preguntó «¿Te gusto?».

Me quedé impactado, pues creía que estaba soñando; pero no era así. La única profesora que me gustaba, que me sentía atraído por ella y que, en ocasiones, me masturbé pensando en ella, me preguntaba si le gustaba. Tenía a la profesora justo delante de mí. Me costó algo responder porque estaba pensando ¿ Qué hago?, pero la respuesta que se me vino a la cabeza fue simple. Sabía que yo a ella probablemente le gustaba, y estaba tratando de seducirme. Además, no había tenido sexo antes por lo que esta era mi oportunidad perfecta para dejar de ser Virgen y hacerlo con una mujer que me gustaba. Mi respuesta fue contundente y le dije que sí me gustaba, y que me sentía atraído por ella, y que desearía tener sexo con ella. Las dije también con miedo pues probablemente me podría dar una bofetada por ello, pero, para mi sorpresa y alegría, dijo tal que así lo siguiente: «me alegro de escuchar que sientes lo mismo por mí». Volví a creer que estaba soñando o que estaba con una fantasía sexual. Una maestra va a hacerlo con un alumno casi 20 años más joven. Parecía una película porno o una historia hentai; pero no. Todo esto era verdad, e iba a perder la virginidad con mi propia profesora. Mis pensamientos se disiparon cuando María se sentó de cara a mí, entre mis piernas, sintiendo su buen culo en mi piernas y sus pechos en el pectoral (la tenía tan dura que sentía que me iba a estallar). Me miró a los ojos, me dedicó una sonrisa con los labios, y me dijo (si no recuerdo mal) esto:

«Te quiero, pero no podemos ser pareja porque somos maestro y alumno y por nuestra diferencia de edad. Pero te quiero y te necesito, y no lo puedo controlar. Por eso te pido que sólo por hoy, solo por un día, tu seas mi novio y yo tu mujer. Pero por favor si estás de acuerdo, no se lo cuentes a nadie, que esto quede en secreto entre nosotros...y nuestro amor». Yo, simplemente, contesté que sí y que la amaba.

Acto seguido, me besó en los labios y mezclamos nuestras lenguas. Yo movía mucho mi lengua con la suya pues lo quería todo de ella. Llegué a besarla tan fuerte y con tanta intensidad, que cuando separamos nuestros labios, tuvo que respirar un poco forzosamente. Tras tomar aliento de nuevo, me preguntó, «quieres tener mis pechos?», y acto seguido, se quitó la camiseta y el sujetador, las dos cosas casi a la vez. Por fin, tenía sus dos enormes y firmes tetas frente a mí. Nada más verlas, agarré las dos, cada una con una mano, y me puse a sobarlas. Una de ellas la agarré de tal forma que delimite el pezón derecho con la mano y lo chupé, como si fuese un crío chico. Su sabor era algo extrañó, pero me encantó, y me puse un buen rato mamando el pezón mientras con la otra mano jugaba con sus tetas. Ella no hacía otra cosa que gemir del gusto y , diciéndome que no parara, que siguiese así. Tras unos minutos así, nos detuvimos un poco, y, mirándole a los ojos, le dije que quería «ser uno con ella». Ella dijo que adelante, que para eso estábamos allí.

Sin rodeos, se puso delante de la mesa y se inclinó sobre ella, dejando su magnífico culo frente a mí, y me dijo «soy tuya». Creí que volvía a ser un sueño, pero me alegré cuando volví a caer en la cuenta que no lo era, que podía penetrarla en posición de «animales o perritos». Me acerqué a ella, y, desabrochándole el botón del vaquero, le bajé los pantalones y las bragas con él. Ante mí, tenía su enorme culo, de forma prácticamente perfecta; y su vagina, con unos cuantos pelos, pero no muchos, y que ya estaba algo mojada. Sin pensarlo dos veces, me bajé los pantalones y tenía mi polla lista para metérsela. Ella se sorprendió al verla, y yo también cuando me di cuenta. Estaba teniendo la mayor erección de mi vida (debía medir como entre 18 y 19 centímetros sin exagerar), normal si era la primera vez que iba a follar y tenía delante un culo y un coño que tanto los había deseado.

«Ostia, no tengo protección», dige.

«No te preocupes, esta vez no hará falta. Para una única vez que lo haré contigo, quiero hacerlo a lo natural».

No podía crecer más porque ya estaba en mi límite, pero con esas palabras me habría crecido más. Iba a follar
sin condón, que suerte la mía.

Entonces, no quería detenerme. Antes de empezar, con la mano izquierda me la agarré y empecé a masturbarme con ella, mientras que con la derecha, empecé a hacerle una paja o masaje en el coño. Debió gustarle porque movía un poco las caderas cada vez que le tocaba el coño, y daba gemidos de gusto,mientras apoyaba la cabeza en la mesa tranquilamente. Yo empecé a masturbarme con más fuerza, pero me detuve rápidamente porque no quería correrme tan pronto. Sin que se diera cuenta, apunté la punta del pene en la vagina y, nada más parar la masturbación que le hacía, se la metí ENTERA en la vagina de una sola penetración y con todas mis fuerzas. Con esa sorpresa, dio una mezcla entre gemido y grito ante la penetración (menos mal que aquello estaba vacío y nadie nos oía). Yo me quedé inmóvil con todo el pene dentro para sentir todo su interior, mientras que ella me dijo que no sea tan bruto. Le pedí perdón y le dije que no lo pude evitar, ya que la quería sentir toda y me dejé llevar. Ella dijo que estaba bien.

Tras estar como unos diez segundos aproximadamente con todo el pene dentro, empecé a moverme. No había sentido algo así en mi vida. Estaba cálido y estrecho, y se sentía muy bien. A pesar de ser mi primera vez, intenté moverme de la mejor manera posible. Ella dijo que se me daba muy bien, lo que hizo que me pusiera muy contento. Esa postura era genial, cada vez que se la metía, sentía todo su enorme culo en mi pelvis, y se sentía muy bien. Con las penetraciones, cerraba los ojos para intentar sentirlo todo de ella. Con una mano le agarré una nalga, con gran fuerza pero no lo suficiente como para hacerle daño, y con la otra volví a jugar con sus tetas, pero no duró mucho porque enseguida tenía las dos manos cada una en una nalga, mientras seguía la penetración (no estoy seguro pero creo que en algunas penetraciones llegué a tocarle el útero con la punta del pene). Cada vez que se la metía, más loco me volvía, y con la mano derecha, le di una nalgada contundente . Ella me dijo por favor que no volviera a hacer eso. Le pedí perdón y seguí con las penetraciones. Cada vez que sentía su culo en la pelvis, más ganas me daban de agarrarlo y no soltarlo. De pronto, empecé a sentir algo líquido. Eran sus fluidos vaginales, estaba empezando a tener un orgasmo, mientras decía que no parase. Yo, mientras tanto, no paraba de metérsela con ganas; y así estuvimos muchos minutos follando en la misma postura, hasta que le dije que no me quedaba mucho por alcanzar el clímax. Ella, para mi sorpresa, me dijo «puedes correrte dentro si quieres cariño».

Tuve unas ganas tremendas de hacerlo. De hecho, era lo único que quería hacer. Seguir metiéndosela sin parar hasta correrme en su coño; pero fui racional y pensé que una profesora embarazada tras tener sexo con un alumno era lo peor que le podía ocurrir. De pronto, tuve una idea que hizo que el empalme continuase firme. Gracias a los fluidos vaginales, sentía el pene resbaladizo, y tenía su culo en mente. Sin pensarlo dos veces, la saqué sin más, agarré las dos piernas de la profesora y las puse encima de la mesa, de tal forma que ahora todo su peso estaba sobre la mesa. Su postura de estar tumbada, con su coño y su culo todavía frentes a mí, hizo que me excitara aún más.

¿«Qué estás haciendo»?, preguntó, pero muy pronto lo averiguaría. Con su culo frente a mí, le levanté la nalga superior y le vi el ano (muy limpio por cierto), y al igual que con la vagina, se la metí ENTERA. Dio otro gemido de placer con un poco de dolor, pero en el fondo sabía que le gustaba. Llamarme raro si queréis, pero su culo me gustó más que su vagina (será porque su culo era lo que mas me gustaba de ella). También estuve unos segundos con la polla metida hasta el fondo para sentir su recto; y empecé a moverme de nuevo de la misma forma con la vagina. Me costaba moverme más, porque su culo apretaba más, pero el placer compensaba. Ella empezó a respirar con algo de dificultad (normal, ya que puede que fuera su primer anal, y no tenía el pene bien lubricado). Con cada penetración, más fuerte se la metía y más excitado me sentía.Tras varios minutos de penetración, ya no aguantaba más. Estaba a punto de correrme y, como un niño chico, le dije que la quería mucho. Ella parece que le gustó, porque en sus gemidos se notaba más placer todavía. Con ello, hice mis mejores y mas rápidas y profundas penetraciones. Como si me moviera automáticamente, seguía metiéndosela sin parar hasta que me sentí al límite. En la última penetración, la metí en lo más profundo que pude para correrme en el fondo de su culo.

Dios, fue la corrida de mi vida. Todavía recuerdo la gran cantidad de semen que sentía echar con gran fuerza. Además, me había pasado una semana sin masturbarme y, con lo que excitado que estaba, eché una cantidad bestial, todo en su culo. Cuando sentí que había acabado de echar hasta la última gota de esa cantidad de semen, saqué la polla con cuidado. Nada más sacarla de su culito, una pequeña cantidad salió detrás, debido a la cantidad que su ano no podía aguantar. Ella jadeó y cayó rendida en la mesa, sintiendo mis fluidos en su interior (creo que hasta ella también se corrió con el sexo anal, gracias a todo el semen que eché). Yo, por mi parte, casi me caigo al suelo de lo agotado que estaba, pero me mantuve en pie; y me acerqué a su cara para besarla de nuevo, y ella aceptó beso.

«Voy a tener que limpiar mi culo a fondo tras haberte corrido de esa forma», me dijo. Le pedí perdón de nuevo, pero también le conté que me gustaba tanto su culo que no pude evitarlo, y no quería hacerlo en la vagina porque eso le causaría problemas como quedar embarazada.

Minutos después, nos vestimos y, cuando me di cuenta de la hora que es ( estuvimos casi media hora ), le dije que me tenía que ir porque había quedado con unos amigos, y ella se despidió de mí con un profundo beso. Antes de marcharme, me dijo que tuviera mucha suerte en la selectividad, y que «si nos volvemos a ver, esto hay que repetirlo».
Me marché del instituto convertido en alguien nuevo, pues no sólo era ya un hombre, sino también lo había hecho con una profesora que me gustaba más que ninguna otra mujer.

Tras selectividad, fui a la Universidad y ella fue trasladada a otro centro de enseñanza, pero no sé cuál. Es una lástima que puede que no la vuelva a ver...pero si la vuelvo a ver, pienso follar con ella otra vez; y esa próxima vez...lo más probable es que me corra en su coño ;)
 



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Relato: Sexo con mi profesora de historia
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