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Relato: La Insaciable Carolina 3


 


Relato: La Insaciable Carolina 3

  Hola a todos. Les contaré de otra de mis aventuras sexuales. Hace algún tiempo, trabajaba para una compañía de comunicaciones importante a nivel mundial, en el área de ventas, me correspondía apoyar a los distribuidores en los estados del centro de México, en uno de mis viajes, estuve trabajando con un distribuidor de nombre Pablo, quien tenía una empresa en la cual ofrecía nuestros productos. Pablo en aquel entonces era un joven de unos 25 años, alto como 1.80 de estatura, blanco, delgado, muy apuesto y atractivo, aunque muy tímido. Llegué por la mañana a su oficina, estuvimos trabajando toda la mañana y al medio día fuimos a comer a un restaurante, platicamos amenamente y degustamos la comida, regresamos a la oficina y seguimos con el trabajo, durante este tiempo, Pablo no dejaba de mirar mis piernas, no se atrevía a hacerme comentarios ya que, era un poco tímido. Pablo me gustaba bastante, ya lo había conocido en una convención de la compañía, y sabía que también yo le gustaba mucho.
Como ya les había platicado en mis anteriores relatos, físicamente soy de estatura regular, piel clara apiñonada, tetas muy grandes, que llaman mucho la atención de los hombres, tengo cadera ancha, nalgas grandes y firmes, pero mi mayor atractivo, que además es lo que atrae a los hombres son mis muy bien torneadas piernas que además me gusta lucir con faldas cortas.
Al término de la jornada laboral, le pedí a Pablo que me llevara al hotel, él accedió de muy buena gana, en el camino, estando yo en el asiento del copiloto, con toda premeditación dejé que mi falda subiera más de la cuenta, lo suficiente para poner nervioso a Pablo, quien trataba de conducir, llevar la plática y ver de reojo mis piernas. Yo le decía que lo que no me gustaba de viajar es que tenía que cenar y dormir sola, esperando que él hiciera algún comentario insinuante o directo, pero como les comenté Pablo era muy tímido y no se atrevió.
Me dejó en el hotel y nos despedimos, al llegar me di un baño y pedí de cenar a la habitación, me quedé pensando en Pablo y me decidí a llamarlo, le dije que me sentía sola, que estaba deprimida y necesitaba alguien con quien hablar. Me dijo que en unos minutos estaría en el hotel, le di el número de habitación y le dije que subiera por mí.
Pablo tocó la puerta y yo le abrí, para esto ya me había vestido con ropa ligera, en la habitación había una pequeña mesa con dos sillas, le dije que se sentara que necesitaba platicar con él. Estuvimos platicando un rato, él se veía nervioso, ya que, no tenía mucha experiencia con las mujeres, esto terminó por excitarme, hombre joven, guapo, con poca experiencia, conmigo, una verdadera zorra, era una presa que no podía dejar ir. Le dije, espérame un momento, y entré al baño, me desvestí y salí solamente cubierta con una toalla, al verme, Pablo casi cae de la silla, quedó con la boca abierta, Llegué hasta donde se encontraba sentado, me paré frente a él y dejé caer la toalla al piso, vi en su expresión, sorpresa, temor, deseo, tomé sus manos y las coloqué sobre mis grandes tetas, me senté sobre sus piernas de frente a él, lo besé apasionadamente, Pablo estaba completamente excitado y jadeante, en la posición que yo estaba, sentía su verga completamente dura debajo de su pantalón, prácticamente le ofrecí mis tetas para que me las mamara, ya que, él parecía no poder vencer su timidez, Pablo succionaba fuertemente mis pezones iba de uno a otro y de regreso, perecía un niño mamando, para este momento, yo me encontraba muy excitada, con mi vagina completamente húmeda. Yo animaba a Pablo, diciéndole; ¡Que rico me mamas las tetas! , ¡Sigue!, ¡Así! , gemía y gemía, porque me gustaba lo que me estaba provocando.
Me puse de pié y jalé a Pablo, lo besé en la boca y comencé a ayudarle a desvestirse, le quité el cinturón y abrí su pantalón, buscando ávidamente su verga, todavía de pié, yo besaba a Pablo mientras él me tenía agrarrada de las nalgas, yo masturbaba su verga, la sentía completamente dura, me decidí a bajar, me puse de rodillas y cogí su verga con las dos manos, la acariciaba y observaba lo que me iba a comer. La verga de Pablo era de muy buen largo, unos 15 cm, ancha y cabezona, primero lamí la cabeza, al sentir esto, Pablo lanzó un fuerte gruñido, arqueó la espalda jadeando aceleradamente, metí esa verga dura y caliente completamente en mi boca y comencé a succionar, meterla y sacarla de mi boca, Pablo me agarraba de los cabellos, se movía como si estuviera cogiendo mi boca, tenía que hacer un esfuerzo por detenerlo un poco porque su verga me estaba llegado a la garganta, su verga estaba durísima, pensé que si seguía mamándole se iba a venir, así que me puse de pié y lo llevé a la cama, lo empujé y cayó de espalda, me fui encima de él mi vagina quedó encima de su verga, sin aún penetrarme, comencé a moverme, ya mis jugos mojaban la verga de Pablo, quien solamente jadeaba, gemía y me veía como me movía encima de él. Me levanté un poco, acomodé su verga entre los labios de mi concha y me senté sobre ese pedazo de carne dura y caliente, me salió un fuerte gemido cuando sentí como esa verga dura, larga y cabezona llenaba completamente mi vagina, comencé a moverme primero lentamente, ya me sentía ardiendo, con el movimiento rozaba fuertemente mi clítoris y comencé a gemir con fuerza, sentí que Pablo tensaba su cuerpo, le dije, ya no me voy a mover porque te puedes venir, cuando en ese momento, Pablo se vino, gemía y gruñía al tiempo que decía; ¡oh no!, yo sentía su semen caliente dentro de mí.
Me sentí mal por Pablo, aún jadeantes él y yo, lo veía apenado, me decía, ¡perdón, no lo pude controlar!, le dije; Relájate, no pasa nada, me bajé de encima de él, me acosté a su lado y comencé a besarlo, él correspondió a las caricias, tomé su mano y la conduje a mi concha, que estaba llena de sus mecos, introdujo sus dedos, impregnándolos de nuestros fluidos, nuevamente tomé su mano y la llevé a mi boca, lamiendo y succionando esos fluidos, esto lo puso nuevamente excitado, me fui sobre su verga y me acomodé en posición de 69, le puse mi vagina llena de sus mecos en la cara y él solamente lamía su propio semen, mientras yo le mamaba la verga, así estuvimos un rato, la verga de Pablo ya estaba nuevamente dura y lista para regresar a la batalla.
Ahora Pablo tomó la iniciativa, se fue encima de mí, en la posición de misionero, casi con desesperación me la metió de una sola embestida, no tuvo resistencia, mi concha estaba completamente lubricada por su leche y mis jugos vaginales. Pablo comenzó a bombear con fuerza, mete y saca, yo lo animaba, ¡Así Pablo!, ¡Dame con todo!, ¡Que rica verga!, ¡Sigue!, ¡Hazme venir!, comencé a moverme al ritmo de Pablo, los dos jadeábamos casi al mismo ritmo, sentí que comenzaban a tensarse mis músculos pélvicos, ¡Sigue!, ¡Más fuerte! Le decía a Pablo, ¡Me vengo!, ¡Me vengooo!, sentía mis fuertes latidos, jadeaba y gritaba, Pablo seguía metiendo y sacando con fuerza, no dejó de bombear con su verga mientras yo tenía un largo y placentero orgasmo.
Pablo bajó un poco el ritmo, aún ambos jadeantes, le dije que me dejara moverme de posición, me puse en cuatro y Pablo entendió el mensaje, se acomodó atrás de mí y me la metió de un empujón, comenzó a moverse con fuerza, su larga, dura y caliente verga entraba y salía bien lubricada por nuestros fluidos, yo sentía como la cabezota de su verga rozaba las paredes de mi vagina, y sentí que venía otro orgasmo, igual de intenso que el anterior, Pablo ya había aprendido a seguir bombeando para hacerlo más intenso, yo gemía al ritmo de mis pulsasiones, jalaba las sábanas y mordía la almohada. Tuve otros dos orgasmos iguales antes de que Pablo me depositara otra dotación de su leche.
Al terminar caímos uno al lado del otro, yo seguía moviendo mi pelvis, sentía como si aún tuviera le verga de Pablo dentro de mí. Pasados unos minutos, pedimos unas bebidas, platicamos un rato y Pablo se despidió. Al día siguiente, trabajamos en su oficina, cuando cruzábamos nuestras miradas nos sonreíamos, recordando lo ocurrido la noche anterior. Por supuesto que repetimos la dosis esa noche.
Volví un tiempo después y tuvimos otros encuentros sexuales cada vez más intensos.
Espero que les haya gustado, pronto les compartiré otras de mis aventuras sexuales.
Besos!

 



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Relato: La Insaciable Carolina 3
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