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Relato: La apuesta de Carolina


 


Relato: La apuesta de Carolina

  La apuesta de Carolina, primera parte

Hacía calor en la calle, eran las seis de la tarde y Carolina, nuestra coprotagonista, estaba de compras, le encantaba ir de compras, pero no esta vez, debía buscarse un vestido muy sugerente, de falda corta y escote amplio, cuanta más espalda mostrase mejor, esas eran las indicaciones de Roberto, ya era difícil de encontrar uno que le gustase y cumpliera con esos requisitos en solo tres días, así que Roberto, su novio, le permitiría escoger el color, a él le gustaban el azul marino y el negro, pero se aceptaban también el verde, el amarillo y el rojo, Carolina quería encontrar un vestido que dejase algo a la imaginación, para poder usarlo de vez en cuando, pero debía cumplir con las expectativas de Roberto, ojalá eso fuera todo, también debía comprar un picardías, de tipo corset con medias y ligueros, ya se imaginaba como sería, no era tan difícil de encontrar como el vestido, y lo peor de todo, tendría que comprar un consolador, el más grande que se atreviese a probar, lo dejaba para el final porque era muy fácil de encontrar en cualquier sexshop, y porque se moriría de vergüenza al comprarlo, por alguna razón Roberto quería saber en qué tiendas había comprado cada cosa, y quería saberlo cuanto antes.
Carolina era una chica alta, medía 1,76 aproximadamente, tenía 26 años, había estudiado abogacía, ahora trabajaba en un Día de lunes a viernes, siempre había sido muy guapa, sus ojos eran azules pálidos, su piel ligeramente más pálida de lo común, tenía el pelo castaño y largo, le gustaban su suavidad y su longitud, pero no su color, ella creía que la belleza estaba en lo exótico, con su tono de piel y su color de ojos debería haber sido pelirroja y se hubiera sentido casi perfecta, pensaba en teñirse desde hace mucho pero tanto Roberto como ella apreciaban lo natural, se solía ondular las puntas, que le caían casi hasta media espalda, sus pechos eran pequeños, usaba una 85 copa B, siempre se había sentido acomplejada por ello, en general era muy delgada pero sus costillas no se apreciaban a la vista, tenía el cuerpo de una chica de 15 años, salvo por su altura, una de las cosas que más le gustaban de su cuerpo eran sus labios, eran carnosos y rosados al igual que el interior de su boca, para ella tenían la proporción perfecta, siempre había cuidado mucho de su dentadura, ahora tenía unos dientes pequeños, perfectamente alienados y blanqueados, su boca aún así era grande y cuando sonreía o se reía la abría muchísimo dejando ver toda su blanca dentadura tanto superior como inferior, en el fondo a Roberto eso era lo que más le gustaba de ella.
Por otro lado Roberto era un chico de tamaño medio, medía 1,79, cumpliría dentro de poco los 28 años y Carolina aún no sabía que podría regalarle, se esforzaba mucho para que todo fuese especial, original, diferente, y se desilusionaba si no lo conseguía así. Roberto tenía los ojos de un color verde intenso, el pelo negro y desde hace poco se peinaba como un "cani", según Carolina, que lo decía para burlarse de él con cariño, se había cortado mucho los laterales y se engominaba la parte superior del pelo en un intento de dejarse el pelo a lo pincho, pero lo tenía demasiado largo y le gustaba, así que lo dejaba caer un poco hacia atrás y los lados, era fuerte, el trabajo en las obras con su padre le habían otorgado una espalda ancha y unos brazos abultados, pero nunca había sido carne de gimnasio, no estaba definido pero no le sobraban kilos, de vez en cuando salía a correr con Carolina, una o dos veces por semana como mucho, pero siempre cogían la bici los fines de semana para darse una larga vuelta mañanera, si otros planes no se lo impedían.
Finalmente Carolina encontró un vestido que cumplía las expectativas, lo encontró en desigual, era azul y tenía estampados flores, hojas y la marca desigual en distintos tonos de azul, llegaba casi hasta sus rodillas pero tenía una abertura a ambos lados, en el lado izquierdo era pequeña pero en el derecho era bastante alta, mostraba mucho escote pero como Carolina no tenía unos pechos grandes no sentía que fuese mostrando piel de más, por la espalda mostraba la parte alta de su espalda, y después bajaba un estampado semitransparente que llegaba hasta su cintura, era caro pero era un capricho, que no se daba muy a menudo, y era el capricho de Roberto, estaba contenta con el vestido, esperaba cumplir las expectativas de Roberto, pero si no era así tendría un vestido que sin duda se pondría de nuevo.
Luego compró el picardías, que acompañó con unos zapatos de tacón altísimos que estaban en oferta, cubrían la punta del pie pero dejaban asomar un poco los dedos, y tenían una enorme mata de plumas aterciopeladas justo en la punta , había muchos corsets que encajaban en los requisitos y no eran tan caros como había imaginado, compró uno en color rojo y negro, un corset de dos piezas, que tenía una abertura delantera, pensada para abrirse y doblarse para así liberar completamente sus pechos, ésta se cerraba por delante con una cinta de seda roja muy fácil de desatar, por detrás con un fino cordel igualmente sencillo se cerraba el corset al completo, tenía una corta falda semitransparente en rojo y un tanga de seda en negro, también venía acompañado con ligueros para ambas piernas y medias, venían de regalo unos guantes negros que le llegaban hasta los codos, con encaje y semitransparentes, dejaban sus dedos al descubierto, una esposas metálicas con terciopelo rojo y un antifaz negro en forma de mariposa, le permitía ver y le pareció muy sexy, por algún motivo esa prenda la excitó más que las otras, se imaginó vestida con todo aquello en alguna habitación de hotel o casa rural solo para los dos, con Roberto esposado al cabecero de la cama y ella sobre el contoneándose del modo más sexy que podía imaginar mirándolo desnudo a través de aquel antifaz y sus instintos le dijeron que se lanzara sobre él para devorarlo, ni en su propia imaginación se pudo o quiso contener, todo su miedo y dudas se desvanecieron unos minutos, hasta que se dio cuenta de que aún debía encontrar el consolador.
- !Madre mía...¡ vamos a por ello, a quitármelo de en medio cuanto antes. - pensó mientras salía de la tienda decidida a ir al sexshop, con las bolsas de la compra, en ambas manos, tardó poco en llegar al sexshop, tenía claro donde estaba el más grande que conocía en la ciudad, pasó un rato observando cosas en general, divirtiéndose imaginando los usos de todo aquello, aguantando la risa que le producía lo que veía y los nervios, miró un montón de consoladores de goma, opacos y transparentes, con estrías, con ventosa, con modos de vibración, en diferentes materiales, de repente encontrar el vestido se le antojo sencillo y se echó a reír, miraba de soslayo a la chica del sexshop, no había nadie más en la tienda. - por favor que no venga a decirme nada... - Carolina se empezó a poner nerviosa, y más aún cuando un hombre entró en la tienda a comprar, y estuvo mucho rato dando vueltas y buscando antes de preguntar a la chica, que esperaba tras el mostrado muy discretamente, Carolina volvió a su búsqueda, tenía que ser un consolador que simulara un pene, había varios, debía tener ventosa, lo tenía, si tenía modo vibración mejor aún, lo había, de hecho dos encajaban en la descripción y en el escaparate había un cartel indicando que en el almacén tenían más modelos y tamaños, los del escaparate tenían tamaños normales muy parecidos, uno era como el pene de Roberto, que a ella siempre le había parecido grande, Carolina solo se había acostado con tres hombres, también tonteó de niña con una amiga que finalmente se cambió de acera, había disfrutado la experiencia pero no la recordaba como algo increíble, Roberto tenía el miembro más grande que ella probó, el otro era un poco más ancho y más largo, se sentía obligada a escoger ese por el mandato de Roberto, esperó a que aquel hombre se fuera y se acercó a la dependienta, le pidió el consolador que había escogido, y, como carolina esperaba, la chica de la tienda le ofreció enseñarle otros, le explicó que había más tamaños y modelos, pero Carolina lo esperaba y salió de la situación con presteza, - Es que es un regalo, no es para mí, me han encargado ese en concreto. - La chica de la tienda que aparentaba unos diez años más que Carolina la miró extrañada y con una media sonrisa que no pudo disimular, más que, dando media vuelta y cogiendo algo de un cajón - Seguro que con la suerte que tengo lleva en el escaparate desde esta mañana. - Pensó Carolina para sus adentros, la paranoia comenzó a avergonzarla, pero rápidamente la dependienta le trajo a Carol un consolador de la trastienda, venía en caja y le ofreció envolverlo para regalo, con una sonrisa pícara, son dos euros más, Carolina mantuvo su mentira, de todos modos la caja era grande y no quería que nadie pudiera ver lo que llevaba en su bolsa de la compra. - Si por favor, que suerte que me lo envuelvas, ya me quedaba sin tiempo para ir a por papel de regalo. - salió de allí deprisa mirando a ambos lados de la tienda al salir, como si estuviera haciendo algo malo, le hubiera enloquecido encontrarse un conocido o un familiar en esa situación.

3 días antes...

La semana pasada un par de parejas amigas habían venido a su casa, Antonio y maría, sus mejores amigos, Antonio siempre había sido compañero de instituto de Robert y Carol, Era un chico grande, de 1,87, había engordado un poco ahora que trabajaba como vigilante de obras, estaba orgulloso de estar titulado para ello, ahora podía ir armado, o servir como guardaespaldas, aunque seguía en el mismo puesto, de una obra a otra como vigilante, se estaba quedando calvo, tenía un año más que Roberto, es decir 29 años, era una de esas personas que no saben hablar, solo vocean, pero su actitud era siempre muy cariñosa y risueña, y eso, quitaba tensión a su tono, María conoció a Carolina en la universidad, aunque ella dejó pronto los estudios para trabajar de camarera, no era muy lista, era una chica muy pequeñita, tenía un par de kilos de más que no la hacían menos atractiva, más bien todo lo contrario, medía 1,62 y tenía 25 años, sus pechos eran grandes tal vez usaba una 105 copa D, eran la envidia de Carolina y atraían la atención de todo el mundo, ella no los escondía, sabía que ejercían cierto poder sobre los hombres y se aprovechaba de ello, aunque para una reunión entre amigos solía llevar gersey o camisa, cuando salían fuera siempre se escotaba todo lo que podía, era de un rubio brillante y su pelo parecía estar lleno de laca o algún otro potingue para mantenerlo tieso y ondulado, seguramente pasaba mucho tiempo en la peluquería, sus ojos eran marrones claros, y sus labios rosados muy pálidos, tenía uno de los incisivos centrales torcido aunque no dejaba espacio entre los dientes se montaba levemente sobre el otro incisivo, era un defecto visible que a ella le hacía sentir mal, por eso en las fotos no sonreía demasiado, pero a todo el mundo le parecía que eso le daba personalidad, la convencían como podían de que ser diferente en algo es mejor que ser casi perfecta en todo, Carolina fue quien presentó a Antonio y María en una especie de cita a ciegas, Antonio se sentía poco atractivo y rechazado por las mujeres, estaba necesitado de cariño, mientras que María quería un hombre mayor que ella que verdaderamente a nivel físico pareciese mayor, "eso la excitaba, y sentía cierta reticencia a estar con una persona de su edad, porque quería a alguien maduro y poco infantil, pero lo cierto es que ella era muy infantil, y Antonio en ocasiones también, todo estaba en su cabeza", era incapaz de mantener una relación seria y amorosa con los hombres mayores que había conocido, la mayoría no querían de ella más que sus favores, Antonio fue la respuesta, Un triunfo más de Carolina como buena amiga y anfitriona.
A la otra pareja la conocían desde hacía más bien poco tiempo, desde hacía un año aproximadamente, Javier trabajaba como tele-operador tenía 25 años, conoció a Antonio en clases de defensa personal y pronto se hicieron amigos, era un chico alto, de 1,82 aproximadamente, era tan delgado como Carolina, pero a él no le quedaba igual de bien, se marcaban sus costillas y su cadera ligeramente, su piel era blanca y delicada, debía tomar precauciones extra al ir a la piscina o en verano, aunque el gimnasio le estaba sentando bien, sus brazos estaban marcando músculo rápidamente, y su pecho ya era plano y se notaba la diferencia entre sus pectorales, tampoco tenía un pelo en el cuerpo, eso le hacía sentir menos viril pero solía gustar a las mujeres, tenía el pelo rubio apagado, y sus ojos eran negros, igual que los de su novia Maite, ella tenía 30 años, era la mayor y no se ofendía por ello, era compañera de trabajo de carolina, gracias a que ésta la enchufó como pudo, y se siente en deuda con ella, es de ascendencia latina, y se nota, delgada, de piel muy morena y brillante, era un espectáculo cuando le daba el sol, tenía una verruga marrón pequeñita junto al labio superior, su labio inferior era grueso y carnoso mientras que el superior era finito pero se unían en torno a su boca a la perfección, se había estado dejando un lado del flequillo largo "en plan hemo", y lo había teñido de un rojo escarlata, ella era muy morena, estaba muy delgada como Carolina pero el color de su piel hacía más difícil ver sus costillas o sus caderas así que se veía estupenda, pero sin duda pesaría poco más que una pluma, sus pechos eran ligeramente mayores que los de Carolina, usa una 90 C, mide 1,71, así que era alta pero nada que ver con sus acompañantes, a excepción de María, Maite estaba orgullosa de su culo y de sus piernas y por eso solía vestir faldas y Shorts, Javier no se cortaba, donde fuera le daba cachetadas en el trasero cada vez que tenía ocasión y si se sentaban juntos una de sus manos siempre tenía que recorrer la pierna de Maite con suavidad o simplemente reposar sobre ella.
La relación entre Javier y Maite era un tanto misteriosa y los detalles se escapaban a la comprensión del resto, quizás Antonio y María sabían algo más, pero no lo compartían, el grupo tenía a Roberto y Carolina como una pareja demasiado tradicional, quizás muy inocentes, y la realidad entre Javier y Maite es que eran muy liberales, antaño habían tenido sexo con otras personas a pesar de ser pareja, aún, cuando se planteaba la ocasión, si los dos estaban animados se montaban un trío, pero lo más habitual y lo que preferían era el intercambio de parejas de una noche, o mantener relaciones con otra pareja, ya comentaron sus actividades en el pasado con el resto de sus amigos pero Carolina manifestó su desacuerdo y parecía sentirse ofendida, así que prefirieron no hablar de aquello más que en pasado en lugar de en presente.

Pasaron aquella noche de sábado jugando al póker, comiendo pizza y palomitas, viendo videoclips y deportes en televisión, bebieron mucho, Carolina se pasó la noche practicando diferentes cócteles, había comprado lo necesario y esperaba que después de unos cuantos se le diera bien y no olvidase ningún paso, ningún licor, había sido así desde el principio, sus cócteles habían sido al principio motivo tanto de expectación como de mofa, pero pronto todos alababan su destreza y el esfuerzo que había invertido en tener una noche distinta con sus amigos, el alcohol hizo efecto rápidamente entre cócteles y chupitos, se pasaron una buena parte de la noche jugando al póker, quien ganaba una mano elegía a uno al que le tocaba beber, pronto pasaron a los juegos de preguntas, como por ejemplo el famoso "Yo nunca" o "adivina el personaje", y siguieron bebiendo, los juegos picantes incitaron a que la conversación fuese sobre sexo en su mayoría, y las parejas hablaron de sí mismas, todos eran amigos íntimos, algunos ya conocían los detalles que otros soltaban, y se divertían viendo las reacciones de los que no lo sabían, Roberto y Carolina como eran los anfitriones prefirieron beber más lentamente y mantenerse todo lo lúcidos que pudieron.
La noche finalizó cuando uno de sus colegas, María, necesitó ir al baño para echar... "las palomitas que le habían sentado mal", todos se fueron a casa, en taxi, ahora se alegraban de no haber traído el coche, como les había pedido Carolina, la pareja se quedó sola, estaban un poco afectados tanto por el alcohol como por el sueño y por eso decidieron que recogerían a la mañana siguiente, se sentaron en la mesa donde habían pasado la noche jugando a las cartas y Roberto recogió la baraja, mientras jugaba con ella y barajaba las cartas una y otra, vez no paraba de pensar en algo que habían dicho sus amigos, María y Antonio solían utilizar ciertos juguetes en la cama, tales como esposas, mordazas, fustas, pinzas, cuerdas, antifaces, etc... A Roberto siempre le había excitado mantener relaciones con una mujer sumisa, que hiciera todo lo que se lo ocurriese, pero lo cierto es que no le había dado importancia antes a esta fantasía, el sexo con Carolina era estupendo y siempre se había sentido plenamente satisfecho, pero esta noche, ya fuese por la conversación o por el alcohol quería más, quería satisfacer sus fantasías y compartirlas con Carolina, llevaba un rato pensando muy torpemente como sacar el tema, si lo soltaba de un modo nada sutil seguramente recibiría una respuesta negativa, o incluso Carolina podría molestarse y sentirse insegura de sí misma cuando tuviesen relaciones sexuales, no se le ocurría la manera, todos se fueron y él no quería dejar pasar el momento, por eso jugueteó con la baraja despreocupadamente hasta que por fin Carolina se sentó frente a él, agotada.
- Carol cielo, te mueres de sueño, ¿qué te parece si recogemos mañana?
La respuesta de Carolina fue una sonrisa cansada y un movimiento de cabeza de aprobación, no había sido muy expresiva, porque en realidad lo deseaba con todas sus fuerzas, no quería ni imaginar ponerse a recoger y limpiar toda la sala de estar.
- ¿Te apetece una última partida? - Dijo Roberto, y prosiguió antes de que Carolina tuviese tiempo de responder.
- Llevo media noche deseando subir el nivel de las apuestas, había pensado en un strip-poker, pero eso podría haber sentado mal a cualquiera de estos, o incluso a ti, además, quiero ser el único que vea tu ropa interior esta noche.
El hecho de que Roberto esperase sexo aquella noche era obviamente una broma que le quitó a Carolina toda la tensión del momento y la hizo reír, se rió con ganas, se rió de Roberto, pero lo hizo con cariño, mientras Roberto se sonreía y se contagiaba de su risa.
Antes de que Carolina acabase de reír Roberto continuó expresando su deseo.
- Había pensado en otro tipo de apuesta, como has preparado una noche tan agradable para todos te mereces una recompensa, te daré un masaje antes de dormir, si quieres claro, con tu aceite tus velas aromáticas la música que te ayude más a relajarte, y si te quedas dormida, te taparé y me dormiré a tu lado ¿qué te parece? - A Carolina se le hacía la boca agua, más que nada de pensar en tumbarse en su cama despreocupadamente cerrar los ojos y recibir aquel masaje hasta quedar dormida.
- Me parece estupendo cariño, pero no es necesario, si tú también estás cansadísimo, se te ve en la cara esa que tienes puesta, incluso por muy pillo que te quieras poner no vas a aguantar ni cinco minutos. - Carolina se trababa de la risa mientras decía esto, y Roberto intentaba poner una expresión más decidida sin mucho éxito, aún así siguió en sus trece y expuso el resto de su plan para acabar la noche.
- Ya, ya, ya... la que no aguantas unas horas más despierta de la cuenta eres tú, y te lo voy a demostrar con ese masaje que te acabo de prometer, peeero... también me apetece una última partida... y jugarnos algo.
- Hmm... ¿y en qué estás pensando? - A Carolina le olió mal el asunto pero el alcohol la hizo reír cuando quiso arquear una ceja en un gesto de sospecha - ¿Acaso quieres librarte de fregar los cacharros mañana?
- No, no, nada de eso - Ahora le tocó reír a Roberto, pensó, esto no parece que vaya a funcionar, no está sexualmente receptiva y ya sospecha que este juego es solo para deleitarme a mí, aún así estaba decidido a llegar hasta el final, aunque su ilusión de éxito se había desvanecido casi totalmente. - Lo que tenía pensado... bueno verás... quería hacer algo por ti igual que tú has organizado esta velada, me gustaría organizar algo diferente y original para el fin de semana que viene, solo para ti, pero lo que se me ha ocurrido es un poco... atrevido, tal vez demasiado, aunque yo me atrevo con ello, pensaba en que uno podría ser el esclavo sexual del otro todo el fin de semana, claramente yo sería el tuyo, pero luego he pensado que así no tiene tanta gracia, y que lo mejor sería jugarlo a las cartas. - La cara de Carolina era un poema, estaba visiblemente tensa, pero también se contenía sin poder ocultarlo una enorme carcajada, cuando se dio cuenta de que Roberto iba en serio se calmó y lo empezó a meditar. - Pero dime algo no me dejes así, que parece que hayas visto un fantasma.
- No se... a mí eso no me hace falta para pasarlo bien juntos, podríamos pasarlo bien con un finde romántico o me puedes llevar de escapada a algún entorno rural cercano... - Carolina decía una verdad a medias, es cierto que prefería la idea de una escapada o un finde romántico en casa, pero que su novio fuese completamente suyo para hacer con su cuerpo lo que quisiera, la había excitado, y la idea contraria, la excitaba aún más, el problema es que también le daba miedo, no era miedo a que Roberto se aprovechase de ella o la hiciese algo malo, era miedo a lo desconocido, un miedo natural y tan lógico como absurdo, ella lo sabía y prefería no enfrentarse a ese miedo.
- Ya bueno, pero ahora me toca decidir a mí qué hacer el finde que viene, si tú sugieres algo ya no es idea mía y no es lo mismo, mi idea es la que te he propuesto, si no te gusta ya pensaré otra cosa, quizás para otro finde en lugar del que viene... - Roberto se hizo la víctima ligeramente, y funcionó, Carolina se daba cuenta de que la idea original era ese juego erótico que acababa de ocurrírsele a su novio, él la había apoyado con su idea de los cócteles, invirtieron una pasta en alcoholes y Roberto fue el que los compró, además había pasado a recoger a sus amigos para que éstos no trajesen el coche, y mientras Carolina tuvo tiempo de preparar el salón con decoración festiva, y darles una sorpresa, él siempre la apoyaba en todo y no solía decir que no a nada, aún cuando visiblemente no estaba de acuerdo o le disgustaba la idea, por esa razón se obligó a sí misma a aceptar el juego de Roberto, además, podía ganar y todo sería genial, pero antes acordaría los términos de esa supuesta sumisión de fin de semana.
- Y...¿cómo sería? el fin de semana quiero decir, si gano yo ¿qué hacemos?¿y si ganas tú?
-Si ganas hacemos lo que tú quieras, yo haré lo que tú quieras sin rechistar a no ser que no esté conforme o no me atreva con alguna cosa, entonces se para el juego y no pasa más, seguiremos con nuestro fin de semana romántico, improvisando, y si gano yo pues lo mismo, harás lo que te mande, si lo haces bien te premiaré con cosas que crea que te gusten, si lo haces mal te castigaré como se me ocurra, sin causarte daño claro, estamos hablando de sumisión, no necesariamente de latigazos y esas cosas como dicen que han hecho estos jajaja - Roberto se rió forzadamente, para quitarle hierro al asunto, veía el miedo y la duda en Carolina.
- Si pero ¿qué haríamos? concretamente. - Carolina intentó sonar sexy, quería que le dieran un anticipo para saber a qué se enfrentaría, y fingía excitación para que Roberto le diese más detalles.
- Pues eso es lo divertido, yo no he pensado nada aún, no estoy para pensar en este momento, el ganador tendrá toda la semana para planificar las órdenes que vaya a dar, las fantasías que quiera realizar, los lugares a los que ir, etc... y lo mejor de todo, es que el juego empezará ahora, decidiendo el azar, o nuestra cara de poker, quien gana, ¿no te resulta divertidísimo? A mí me encanta apostar pero nunca dinero, y en esta apuesta ninguno de los dos pierde realmente, ¿qué dices, lo hacemos?
- Está bien - Dijo Carolina para sorpresa de Roberto. - Pero quiero por escrito unos límites para el juego, si yo gano los redacto y tú los apruebas, y si ganas tú igual, y tendrá que estar listo el lunes por la noche.
Roberto no daba crédito, había dicho que sí, sin duda Carolina quería ganar la partida y esa posibilidad la divertía, Roberto recogió de la mesa sus gafas de sol y su visera de jugar al Padel, que había sacado al principio de la noche a modo de broma para jugar al póker, mientras se las ponía dijo en tono risueño - Sea pues, ¿a qué esperamos? - Carolina sonreía pícaramente, se forzó a si misma a no desternillarse de su novio y tomarse esa partida en serio, evocando el miedo que le producía la derrota.
Ya conocéis el resultado, Roberto tuvo suerte y ganó, lo pasó mal, y sintió el miedo que debía de sentir Carolina cuando se lo jugaron todo, no le importaba perder, pero quería ganar, y ganó, tras eso bromearon sobre otras cosas ocurridas a lo largo de la noche, para evadir el tema hasta mañana, Roberto le dio a Carolina su masaje, pero ésta ya no podía dormir tan fácilmente y Roberto sudo la gota gorda cuando tan solo llevaba 20 minutos masajeando a Carolina, !Tenía razón¡ él no aguantaría lo suficiente dando su masaje, pensaba que Carol lo hacía deliberadamente, que no se dormía, como retándole, pero no era cierto, Carolina simplemente estaba preocupada.
Las constantes caricias y masajes en la espalda desnuda de Carolina, el estar sobre ella en la cama, la luz ambiental, y saber lo que ocurriría el fin de semana siguiente estaban volviendo locas las hormonas de Roberto, Carolina no tardó en sentir su erección y aunque al principió disfrutó muchísimo del masaje ya no lo necesitaba tanto, su mente era lo único de ella que no estaba relajada, quería pedirle que la perdonara y que no jugasen a eso la semana que viene, no sabía cómo hacerlo, y odiaba fallar a su palabra, había apostado y había perdido, pero aún así giró sobre sí misma para quedar mirando a los ojos de Roberto, este miró sus pechos desnudos un momento y luego se centró en su mirada intentando adivinar que querría, ¿habría sexo finalmente? le pilló por sorpresa otra vez, a lo mejor el alcohol le volvía lento, Carolina lo miraba y su respiración se aceleraba, pasó sus manos por los antebrazos de Roberto situados a ambos lados de su cuerpo, apoyados sobre la cama, luego siguió en zigzag por su pecho sin decirle nada, mirándolo fijamente a los ojos y una de sus manos alcanzó los calzones de Roberto, acariciando su miembro por encima de estos al principio y después agarrándolo con fuerza, Roberto cerró momentáneamente los ojos y Carolina aprovecho para agarrarlo por la nuca - Ven aquí -le susurró, y se besaron al principio con mucha dulzura apenas rozando sus labios y acariciando los mismos con la punta de sus respectivas lenguas, que de vez en cuando se encontraban, incitando la una a la otra a recorrerse completamente con más pasión abriendo sus bocas y cerrando la una en torno a la otra.
Roberto alzó una de sus manos quedando apoyado tan solo sobre la mano izquierda y sus rodillas, con su mano libre recorrió el abdomen de Carolina subiendo en dirección a sus pechos cuando llegó a ellos acarició uno y luego el otro, se posó ligeramente sobre él y comenzó a jugar con su pezón utilizando sus dedos pulgar e índice, lo acariciaba lo agarraba lo forzaba a mirar en una dirección luego en otra, ya estaba durísimo, los pezones de Carolina eran pequeños y rosados, rodeados por una aureola también pequeña y rosada, las caricias de Roberto en su pecho la acababan cansando pero al principio siempre la hacían volverse loca de deseo, deseaba que la tocase que la acariciase con ternura, que la agarrase con fuerza, ni ella sabía qué quería en ese momento, arqueaba su espalda buscando que su torso entrase en contacto con el de él, sintieron el calor de sus cuerpos, la mano libre de Roberto ahora fue a la espalda de Carol y la ayudaba a impulsarse hacia él, disminuyendo el esfuerzo que hacía para elevarse, la mano derecha de Carolina que antes acariciaba el miembro de Roberto por encima del calzón ahora se comportaba como una mano animada, caminando por su abdomen y su miembro, como un araña de cuatro patas posando un dedo luego otro luego otro, los posicionaba de vez en cuando en torno al miembro de Roberto y lo agarraba con fuerza, arrancando suspiros de su boca entre beso y beso, finalmente se dejó caer de nuevo sobre la cama y Roberto cayó a la izquierda de ella.
La mano que antes sujetaba la espalda de Carolina ahora estaba en su nuca, y él posicionado sobre un hombro y el lateral de su cuerpo la seguía besando, Roberto era incapaz de apartarse de los labios de Carolina cuando empezaban con los preliminares, a no ser que fuera para llevar su boca a otros lugares, a Carol le encantaba que la besase, y le gustaban los besos que daba Roberto, unos besos tan intensos que le cortaban la respiración, mientras se acariciaban ella aguantaba sus gemidos como podía, y en el momento que Roberto cesaba de besarla aprovechaba para coger aire y liberar toda la tensión acumulada en forma de suspiros y gemidos.
La mano izquierda y libre de Roberto era ahora la que acariciaba los pechos de Carolina, pero de modo muy breve, porque empezó a imitar los movimientos que Carol solía hacer, caminando con sus cuatros dedos por el cuerpo de ella, bajando e dirección a su sexo, Carol llevaba puestas las bragas, aunque a Roberto le hubiera gustado quitárselas para darle el masaje y poder verla completamente desnuda, había pensado que ya tenía suficientes victorias esta noche, ahora se alegró de no haberlo sugerido, primero posó sus dedos sobre sus labios por encima de las bragas, los movía en círculos lentamente, a veces acariciando a veces masajeando no tardó en sentir la humedad de Carol empapando sus bragas, los intentos de Carol por refrenar sus suspiros empezaron a ser imposibles y tuvo que apartarse de la boca de Roberto para coger aire, elevando su mirada todo lo posible en busca de estirarse y de aire fresco, Roberto aprovechaba para besar y mordisquear su cuello, primero un lateral, a lo que Carolina respondía encogiendo la cabeza, le hacía cosquillas porque estaba muy nerviosa, pero le gustaba sentir sus labios, su lengua, su aliento caliente y su respiración irregular en su piel, cuando se tranquilizó volvió a estirarse permitiendo que Roberto degustara su cuello con toda impunidad, Roberto tenía el control de la situación, jugó un poco más con sus dedos sobre las bragas de Carolina y luego usó uno a modo de garfio para agarrar las bragas e introducir la punta del dedo bajo ellas, tiraba de ellas levemente, Carolina lo entendió y lo esperaba, hizo lo mismo con los calzones de Roberto y con un movimiento rápido introdujo su mano completa dentro, agarrando su miembro, Roberto gimió y vaciló, ella empezó a mover su mano de arriba a abajo lentamente, Roberto apartó la parte central de las bragas de Carol hacia un lado, introduciendo primero un dedo, el índice y después otro, el corazón, en su vagina, acariciaba las paredes de la vagina de Carolina con movimientos que describían arcos y círculos muy reducidos, mientras que su dedo pulgar encontraba el clítoris y lo rodeaba una y otra vez coqueteando a su alrededor, otras veces moviéndolo de arriba a abajo acariciando la punta con más o menos fuerza, provocando movimientos exagerados de Carolina, esta abrió las piernas todo lo que pudo, una quedó colgando fuera de la cama, la otra tuvo que pasarla entra las piernas de Roberto, que la acogió con gusto y la atenazó suavemente.
Tanto Roberto como Carolina empezaron a mover sus manos con mayor celeridad, Carolina estaba más excitada de lo normal, y llegaría pronto al orgasmo, Roberto lo sabía y él mismo empezaba a perder el control de sus sentidos, ya no besaba el cuello de Carolina y sus manos libres solo las empleaban para abrazarse con fuerza, entre gemido y gemido se decían mutuamente que se querían, o lo mucho que les gustaba sentir las manos del otro en su cuerpo, o cuanto les ponía escuchar los gemidos del otro, finalmente Carolina llegó al orgasmo, estirando lo máximo que podía sus piernas y sus pies, alzando la cabeza para mirar el cabecero de la cama, arqueando su espalda, la mano que daba placer a Roberto se detuvo en seco pero agarró con más fuerza su miembro, la que lo abrazaba clavó sus uñas en el brazo que se movía para dar placer a Carolina, ésta cogía aire, emitiendo un sonido ahogado durante unos largos segundos antes de emitir un potente gemido que Roberto interpretaba como una victoria, los ojos de carolina se tornaban y quedaban casi en blanco aunque Roberto no lo veía por supuesto, tenía su cabeza apoyada en sus senos, los veía subir y bajar frenéticamente cuando no tenía los ojos cerrados.
Roberto se había quedado al límite, ambos sacaron las manos de las prendas íntimas del otro, se abrazaron con fuerza y volvieron a besarse con más cariño esta vez, Carolina volvió a buscar el miembro de Roberto, sabía que no había terminado, Roberto agarró su mano y se lo impidió.
- Estás cansada cielo, duérmete conmigo.
- ¿Y te voy a dejar a medias? - dijo ella, poniendo toda la voz de cansada que podía, y que no era poca.
-No pasa nada cielo, te tocaba dormir a gusto, es el momento en el que quieres cerrar los ojos y dormir. - Roberto le dio un pico y luego la besó un pecho y el cuello, ella se entregaba totalmente, pero él se obligó a detenerse, se giro y apagó las velas de un lado, luego se colocó sobre ella para apagar las del otro lado, agarró las sábanas caídas y se taparon con ellas. - Date la vuelta. -Carolina giro se acurrucó y tomó el brazo derecho de Roberto como almohada, este la rodeó con su otro brazo y pegó su cuerpo a la espalda de ella, entre el sudor y los aceites de masaje se notaba pringosa, pero a él no le importó.
- ¿cari, estás cómodo?
- Si cielo, ala, a dormir tranquila. - se movía con cuidado tras ella, rozando y apretando su miembro contra ella deliberadamente, Carolina lo notaba y sabía que se excitaría de nuevo si seguía así, no se quejó, lo deseaba, pero pronto Roberto paró, y mientras besaba la nuca de Carolina le decía palabras cariñosas, le contaba lo afortunado que era de tenerla en su vida, de recibir su cariño, lo feliz que le hacía dormir abrazado a ella, hasta que las respuestas de Carolina fueron simples hmmm, y su fuerte y regular respiración, a Roberto lo costó bastante más dormir, estaba contento con cómo había ido el día, temía aún que Carolina se echase atrás mañana, pero no podía dejar de pensar en lo que esperaría el próximo fin de semana, empezó a pensar en que haría con ella, que le apetecería a él, y, a ella, donde la llevaría, donde estará su límite, pensó en lo que redactaría mañana, para tranquilizar a su novia, quería que todo fuese bonito y perfecto para que Carolina lo disfrutara tanto como él y tuviese ganas de repetir, su erección bajó, y al fin pudo dormir.

Cuando Carol volvió del trabajo ese lunes, comieron juntos, después ella fue al gimnasio, a Roberto no le apetecía salir a correr aquel día, era lo habitual, el era muy vago para las actividades deportivas, y, su trabajo de obra en obra, aunque ahora que había heredado el negocio de su padre consistía en viajar mucho y vigilar que sus empleados trabajasen correctamente, seguía teniendo carga física, él se auto asignaba para las obras más cercanas, y tenía que dar el cayo y que sus empleados lo vieran si quería que se esforzasen al máximo. Pero lo cierto es que Roberto había pasado varias horas del día pensando en lo que estaba a punto de redactar.
1º La sumisa deberá obedecer al amo en todo momento, con la mayor diligencia posible, podrá exponer sus dudas y objeciones mientras que lo haga de un modo frío y despreocupado, aún así mientras que no reciba órdenes o no las contradiga la sumisa debe tener iniciativa y enfocar sus esfuerzos en complacer al amo en todas las formas.
2º Si en algún momento una actividad resulta demasiado molesta, ofensiva, humillante o dolorosa la sumisa tendrá la opción de expresar su intención de cesar mediante una palabra de seguridad previamente acordada, en caso de que no le sea posible hablar se empleará otro método de comunicación previamente acordado.
3º El uso del "código de seguridad" implicará el cese automático de toda actividad, pudiendo retomarse en el futuro o modificarse para que sea una actividad placentera o más tolerable para la sumisa, el uso de este código no podrá ser motivo de castigo o enfado.
4º Si la sumisa cumple con éxito todas las órdenes que se le den, si no expresa quejas o decepción, si demuestra iniciativa y complace a su amo incluso por encima de sus expectativas, es decir, si se porta bien, recibirá recompensas, en forma de privilegios, libertades, placer, caprichos, en general como el amo determina que se merezca.
Por otro lado si la sumisa fracasa, duda, se demora, expresa quejas de un modo inadecuado, o disgusta al amo de cualquier otro modo, como por ejemplo desobedeciendo, será castigada, se le darán órdenes que podrían disgustarle, se le privaría de placer, se le dará un trato descortés, en general como el amo determine que le complacería más.
5º En cualquier momento el juego, "que no es más que eso, un juego", un juego para dos personas en el que los dos deberían disfrutar, puede ser interrumpido y abandonado por cualquiera de los dos jugadores, por eso cielo espero que te lo tomes en serio e intentes disfrutarlo y hacerlo bien, y yo por mi parte intentaré someterte a mis deseos y recompensarte a cambio con mucho cariño y placer, espero que te diviertas tanto como yo, ese es el trabajo del amo.
6º Límites, El juego no involucrará a terceras personas, no se rebasarán límites que no hayan sido rebasado ya en la intimidad por los participantes, a no ser que sean previamente acordados y consentidos por amos participantes, tanto la sumisa como el amo tienen libertad ahora, antes de iniciar el juego para rellenar este apartado con los límites que no deseen traspasar.................
7º Cuando el juego termine la relación entre sumisa y amo volverá a la normalidad, si alguno de los dos lo desea.

Cuando Carolina volvió Roberto la recibió con muchos abrazos y besos, ambos sabían que debería entregar lo que había redactado, Carol quería leerlo, se moría de curiosidad, y al mismo tiempo, esperaba que Roberto se hubiera rajado, no era así, Roberto sirvió la cena, cenaron juntos mientras veían la televisión, algún programa de comedia, pero no le hacían especial caso, charlaban sobre cómo había ido el día de cada uno, y de repente Roberto se volvió más directo.
-¿Estás nerviosa por el juego del fin de semana que viene?
- Sí, claro que lo estoy, ya veo que tú pareces muy relajado, claro, como has ganado la partida...
-No es por eso, estoy relajado para que tú veas que no pasa nada, y porque estoy contento, porque pienso que lo pasaremos genial los dos, y porque ya tengo redactado lo que me pediste y aunque sea escueto creo que es muy claro y expresa mis intenciones generales, ¿te lo doy ya? - Carolina respondió con un cabeceo que se hizo de rogar.
Leía con mucha atención cada punto, hacía ver que estaba conforme con lo que leía haciendo gestos afirmativos, hasta que llegó al cuarto punto y sobre todo a la segunda mitad, no llegó a leer el quinto punto.
-Eso de las recompensas... y lo de los castigos... no me gusta un pelo, todo queda a tu criterio y al misterio, y ¿y si yo considero que algo lo he hecho bien y tú que lo he hecho mal?
- En ese caso te castigaría en función de la falta que yo crea que has cometido, y si rechistas probablemente te castigue de nuevo o con mayor severidad, pero tranquila estoy seguro de que después de un par de castigos leves al empezar la noche le cogerás el ritmo, mi ritmo, y después todo deberían ser recompensas.
- ¿Cómo... me recompensarías por hacer algo "bien"? - esa no era la pregunta que Carolina quería hacer.
- Depende de cómo de bien lo hagas, tal vez te permita hacer algo que estés deseando y te haya prohibido, puede que dando te placer, o levantando un castigo, es difícil saberlo sin un ejemplo, también es difícil que recibas muchas recompensas en un solo fin de semana, pero no recibirás muchos castigos seguro, porque confío en tu habilidad, en tu intención de complacerme, y porque sé en qué puedes fallar o dudar. ¿Te satisface la respuesta?
- No sé yo... y.. ¿Cómo me castigarías por hacer algo "mal"? -Roberto sonrió, era obvio que esa era la única pregunta que de verdad Carolina se hacía, lo que más miedo le daba.
- Pues te digo lo mismo, depende...
- Necesito una respuesta más clara...
- Sólo puedo responder con un ejemplo práctico, ¿qué te parece si empezamos a jugar ahora? intentaré provocar que fracases en algo te ordenaré hacer algo para lo que no te sientas preparada. Antes de contestar debes terminar de leer.
Carolina se lo pensó mucho, quería decir que no pero al final siguió leyendo, los últimos puntos le ayudaron mucho a superar el estrés que se apoderaba de ella, cuando terminó lo meditó un poco, a las palabras les costaba atravesar su garganta.
- ¿Una práctica?, ¿aquí y ahora?, ¿cuánto durará?, son casi las 10 de la noche y mañana los dos madrugamos.
- Di que sí, o di que no, no pasa nada, y si no te atreves a lo de este fin de semana dilo ahora por favor, aunque sabes que me desilusionaría no me enfadaría, puede que se me ocurra otra cosa chachi que hacer, si no para este finde pues para otro.
Carolina observaba el papel para esconderse de la mirada inquisitiva de Roberto, meditó unos segundos mientras Roberto hablaba e intentaba convencerla de que no pasa nada, de que no debe tener miedo, de confianza, de dar marcha atrás, de disfrutarlo en lugar de temerlo etc... Cuando Roberto paró y Carolina vio la oportunidad de hablar dijo lo siguiente.
- Vale, lo probamos esta noche, y tiene que haber castigo, pero yo intentaré hacerlo lo mejor que pueda, cuantos más castigos y más fuertes mejor, así sabré si estoy preparada para esto, pero tú no puedes castigarme de más, tienes que fiarte de tu criterio sin alterar por mis palabras, y por encima de todo, pase lo que pase, no nos enfadaremos y todo seguirá bien entre nosotros, aunque se cancele lo del finde.
- Me parece genial, aunque no había planeado nada para ahora mismo y me tocará improvisar.
- Y una última petición, no podemos acabar muy tarde, ya sabes que necesito dormir bien para trabajar.
-Entonces.. ¿empezaremos? aunque no has añadido nada aún a la lista de límites.
-Estamos en casa, no pases ningún límite que no hayamos pasado ya y todo debería ir bien, ya veré qué límites añado durante esta semana, si añado alguno...
- Lo repito, ¿empezamos?
- Sí- el tono de Carolina fue decidido, se levantó de la mesa y dejó el papel, mirando a la cara a su novio.
- Sí mi amo, a partir de ahora te dirigirás a mí de ese modo, en todo momento, no hacerlo algunas veces podría ser motivo de un leve castigo... ¿Entendido? - Carolina había visto muchas películas de Hollywood sobre militares con Roberto, no la pillaría desprevenida con tan poca cosa y tan poca sutileza.
- !Sí, mi amo¡ - su tono fuer marcial y su mirada estaba clavada al frente, toda ella se había tensado, Roberto no pudo contenerse y se partió de risa, mientras Carolina lo miraba estupefacta, e incluso enfadada, Roberto se forzó a mantener la compostura y se acercó a ella, se colocó detrás, Carolina lo seguía con la mirada, hizo ademán de girarse, pero él con una mano en su hombro la detuvo, acto seguido, con dos dedos en su barbilla la hizo mirar al frente de nuevo, Carolina no decía nada.
- Perdona cielo, no quería reírme de ti, quería reírme contigo, lo has dicho como si fueras la teniente O´neil, esperaba más normalidad por tu parte, pero no llega a ser motivo de castigo, porque no he especificado la forma en que debía decirlo, ahora lo haré, debe sonar sexy, casi como un susurro o un ronroneo, ¿quieres ser sexy para mi verdad?
Maldición pensaba Carolina, ella no sabía ser sexy, o eso creía, se sentía ridícula cuando lo intentaba y muchas veces Roberto se reía cuando la intención era provocarle, excitarle, ahora se lo había puesto difícil de verdad, pero con la práctica y la benevolencia de su novio que debía entender que esto le costara lo conseguiría.
-Sí... mi amo... - Los nervios la ayudaron a que sus palabras sonaran aún más entrecortadas, aunque no sonó sexy como en una película porno, sonó natural, y lo más importante es que Carolina sabía que lo podía hacer mejor.
- Eso está mucho mejor, con el tiempo te saldrá solo el tono, puedes alternar entre la palabra amo y la palabra señor cuando te plazca, me gusta la variedad, ahora veamos que hago contigo esta noche... !que tonto soy¡ yo pensando que hacer contigo, tu dispuesta a ser mía y todavía vestida, ni siquiera te has puesto el pijama, bueno aprovechémonos de ello, vamos a salir a dar una vuelta - A Carolina eso no le gustó nada, no disimuló su disgusto y se giró para mirar a Roberto a los ojos con incredulidad - ¿Qué es eso? ¿Una clara expresión de desagrado? si... eso me parece, te recuerdo el primer punto, obedecer las órdenes, y eres libre de exponer tus quejas y dudas... de un modo frío y despreocupado, si lo haces de esta manera tan... pasional, me podría ablandar y echarme atrás para cumplir tus deseos, y estamos aquí y ahora para cumplir los míos, si lo vuelves a hacer te castigaré, de hecho estoy pensando en castigarte por eso, aunque será leve por ser la primera vez y cogerte desprevenida, como ves tengo en cuenta ciertos atenuantes, pero te lo preguntaré a ti, ¿crees que debería castigarte?
- Sí, como has dicho me he saltado una de las normas y te agradezco que tengas en cuenta los atenuantes.
- Me hubiera gustado dejarlo en un tirón de oreja, pero no me has llamado señor, ni has usado tu tono más sexy, a partir de ahora deberás usarlo en todo momento, excepto si es para detener el juego o expresar una queja, eso sigue igual, ya veré luego como te castigo.
Carolina se estaba poniendo nerviosa, no por el castigo si no por no hacer las cosas bien, le preocupaba el sexo, no esta parte de la sumisión, esto podría haber sido divertido, pero en lo más fácil sentía que fracasaba, y aún tenía que exponer su queja..
- Mi señor, si queréis salir a dar una vuelta debo recordaros que no tenemos mucho tiempo, tal vez deberíamos quedarnos en casa. - Su tono fue monótono y su mirada fija al frente.
-No, saldremos, te prometo que volveremos en una o dos horas, ¿confías en mi verdad?
Carolina sabía perfectamente la respuesta, pero entre que estaba frustrada por tener que salir fuera de casa para seguir con el juego, y, reuniendo la habilidad para poner su tono más sexy se demoró unos segundos que se hicieron eternos.
-Sí, mi amo, confío en ti plenamente. - para reunir su faceta más sexy tuvo que cerrar los ojos mirar hacia el techo, y acelerar y refrenar su respiración cuanto pudo, fue muy forzado, pero una interpretación buenísima, Roberto se quedó admirado, pero antes de eso ya había decidido que la tardanza en contestar a una pregunta que a él le parecía tan importante y sencilla se merecía otra reprimenda, no la hubo, tal vez ella no lo sabría pero su buen trabajo la recompensó con una reprimenda menos que se convirtió en una adulación cuando Roberto le dijo que aunque sobreactuado había sido muy sexy, y que recordara eso cuando acabe el juego, algo bueno que ambos sacarían de él, y que podrían utilizar en su vida amorosa cotidiana. Oír aquello le gustó mucho a Carolina, en su mente se formó una idea perversa y una sonrisa asomó a sus labios.
Roberto pasó sus manos por el vientre y el pecho de Carolina, mientras tanto besaba su cuello, Carolina se dejaba hacer, en cuento sintió los labios de Roberto comenzó a disfrutar, luego su mano sobre su pecho, la otra en su vientre que se colaba bajo su camiseta, cerró los ojos, y de inmediato volvió a abrirlos cuando Roberto le dijo - Ponte una camisa y vámonos... - Cuando salían de casa Roberto cogió las llaves de su coche del bol de la entrada, bajaron al garaje y subieron al coche, Roberto no decía nada estaba pensando, sin duda en que hacer a continuación, estaba improvisando, antes de arrancar volvió a bajar del coche, miró en el maletero, lo que buscaba estaba ahí como suponía, volvió a subir al coche y arrancó, salieron del garaje y se dirigieron a una zona apartada de la ciudad, unos solares, en construcción, de los que se ocupaba su empresa, había un guardia, pero no se acercaron lo suficiente como para que el guardia viera su coche desde dentro, se quedaron lejos, aparcados en una calle que nunca era transitada, ya estaba bastante oscuro, habían tardado unos 15 minutos en llegar allí, durante el camino Carolina se atrevió a preguntar a donde iban, lo hizo mirando por la ventanilla y en su tono monótono y frío, como enfadada.
- Eso no es una queja, no necesitas emplear ese tono.
-Es una duda - dijo ella en el mismo tono. Roberto sonrió, pero en verdad no sabía si Carolina se estaba enfadando de verdad, le dijo a donde estaba llevándola y luego.. - Ya he pensado en como castigarte por tus transgresiones leves, espero que no te parezca desmedido, te lo explicaré cuando lleguemos, de momento vamos a jugar a un juego, yo hago preguntas y tu contestas sinceramente, siempre con tu tono sexy, si contestas a todo con tu tono sexy y tus respuestas son sinceras y de mi agrado te recompensaré de alguna forma, si no, no pasará nada solo habrás perdido tu recompensa ¿entendido?
- Sí, mi amo.
- ¿Te masturbas?
-Ya sabes que sí, mi señor - acompañó sus palabras rozando su sexo y agarrando con fuerza la camisa blanca que le había ordenado ponerse, Roberto no disimuló su sorpresa.
-¡Muy bien! segunda pregunta, ¿alguna vez te ha excitado otra persona, ya sea por lo que diga o por su apariencia, aunque solo sea un calentón que no quieras llevar a la práctica? - La pregunta no cogió desprevenida a Carolina, y se empezaba a imaginar cual sería la siguiente.
- Sí, mi amo, a veces ocurre, ¿a ti no te ocurre?
- Las preguntas las hago yo cielo, ¿te has masturbado pensando en otra persona... digamos este año?
- No lo sé mi señor, es posible que sí - Carolina temía que Roberto estuviera dudando de ella y de su fidelidad, se desabrochó el cinturón aprovechando que no había tráfico e iban despacio, se acercó a él y puso su mano sobre su entrepierna - Seguro que tú también, pero no vayas a pensar mal de mí, mi amo, mi vida, puedo fantasear con otros hombres, con otras mujeres, con tríos, contigo, pero si un día quiero cumplir una fantasía tú serás el primero en saberlo.
Roberto no contestó pero miró a los ojos de Carolina y le dedicó una sonrisa para mostrarle su contento.
Llegaron a su destino, cuando hubieron aparcado Roberto hizo la última pregunta.
- Vas muy bien, por último, ¿qué prefieres esta noche, darme placer o que te lo dé?
- Ambas mi señor.
-Debes escoger. - Roberto no tenía claro cuál sería la respuesta pero esperaba que ella decidiera a favor de sí misma, eso sería más sincero y podría poner en marcha lo que se le había ocurrido, por su parte Carolina estaba hecha un lío, pidió amablemente y con su voz más sexy unos segundos para meditar la respuesta y no incurrir en el error de dudar demasiado tiempo, era innecesario, ella quería placer, sentía que se lo merecía por haber aceptado este juego que era ida de Roberto, y le apetecía ser egoísta en la cama.
- Que me lo des mi señor, quiero sentir mucho placer.
- Entonces intentaremos que así sea cielo, pero no por ello dejas de ser mía. Te diré lo que haremos, te vas a quitar el sujetador, y a desabrocharte la camisa, ti quitarás el pantalón y las bragas, bajaré la ventanilla y sacarás por ella la mitad superior de tu cuerpo, expondrás tu pecho al aire libre, al frío de la noche - el frío era aire veraniego que corría un poco más fuerte en aquella zona llena de solares vacíos. - te ataré las muñecas con las bridas que llevo en mi caja de herramientas, te las ataré a la espalda y las ataré a la agarradera del techo, te mantendrá obligatoriamente fuera, pero no podrás colgarte de ella, podría romperse - Carolina estaba alucinando, mientras Roberto con mucha seguridad y con total normalidad le decía lo que le pensaba hacer.
- Pero.. mi señor, - ahora comenzó a usar su tono frío - y si viene alguien, me verá desnuda, eso sería involucrar a una tercera persona.
- Por aquí no viene nadie, no hay nada, y me he puesto en la zona más apartada y oscura posible - lo cierto es que ni las farolas estaban en funcionamiento. - Si alguien viniera lo veríamos desde lejos, si vemos que viene alguien, te quitaré las bridas rápidamente te meterás en el coche te abrocharás y nos iremos con tranquilidad, ahora voy a seguir diciendo lo que te pienso hacer y por qué. Puede que incluso le ponga bridas a tus tobillos para que tu sensación de entrega sea mayor. Esta es la parte de tu castigo, como ya te dije creo que no es severo, solo juego con tu vergüenza, sin hacerla real, y con la incomodidad de la postura, además ya sabes que siempre he querido tener sexo contigo al aire libre, lo hemos hecho otras veces en el coche con las ventanillas bajadas, la diferencia será leve, mientras yo te daré placer hasta que te corras las veces que yo determine suficientes, o se haga tarde, y mientras seguiremos jugando, hablando, mientras te doy las órdenes que me apetezca. ¿hay alguna objeción?
Carolina lo meditó, se empezó a morir de miedo pero también a excitarse. - No, mi señor.
- Bien pues primero quítate los pantalones y las bragas, luego te desabrochas la camisa y te quitas el sujetador, voy a por las bridas. - Mientras Carolina hacía eso, Roberto apagó la radio y salió a por las bridas del maletero, cogió también unas tijeras de electricista, para cortar las bridas después por si de verdad tenía la mala suerte de que viniera alguien y lo tuviera que hacer rápido. Se demoró unos instantes mirando a su alrededor, comprobando que tenía una terrible erección, y dando tiempo de que Carol terminase de quitarse todo, cuando volvió Subió todo lo que pudo el asiento del piloto, y echó el tumbó el asiento, pero no lo echó hacia atrás, de hecho lo pegó un poco al volante. bajó su ventanilla y desde fuera del coche habló. - Vuelve a abrocharte la camisa, lo he pensado mejor, quiero ser yo quien te la desabroche, después arrodíllate sobre mi asiento y saca la cabeza por la ventanilla, solo la cabeza. - Mientras Carolina hacía lo que le habían pedido sin mediar palabra Roberto dio la vuelta al coche y entro por el asiento del copiloto. - Ahora pon las manos a la espalda. - Con dos finas bridas formó un ocho, introdujo en el las muñecas de Carol y cerró las bridas por encima de la camisa con la esperanza de no hacer daño a Carol, no apretó demasiado, si Carolina lo hubiese intentado podría haber sacado una mano con algo de esfuerzo y llevándose algún rozón, después le pidió que pusiera un pie en el suelo del vehículo, había dejado poco hueco contra el volante deliberadamente, le pidió que sacara el cuerpo todo lo que pudiera y agarrase el asidero superior con las manos para mantenerse sola, después le pidió que subiera el culo todo lo que le fuera posible con una rodilla en el asiento, ella era más alta de lo que había calculado, la quería más abajo así que en esa postura regulo el asiento de nuevo y lo bajó hasta que quedó a su gusto, ahora puso una brida a las manos de Carolina que la unieron al asidero, siguió poniendo una brida en el tobillo de la pierda arrodillada y unió el tobillo a la hebilla del cinturón de seguridad con otro par de bridas, en último lugar con dos bridas gordas unió el muslo de Carolina que estaba estirado al volante, no apretó mucho, no se atrevía a causar daño a Carolina con esas ataduras tan rudimentarias, colocó una brida fina para evitar que las que sujetaban su pierna al volante se movieran y se cayeran.
Mientras Roberto la ataba, un tiempo más o menos corto, Carolina miraba en todas direcciones, preocupada, se daba cuenta de que lo habían hecho mal, o tal vez mal deliberadamente, quedaba mirando de frente hacia los árboles que había al otro lado de la acera, y en la oscuridad más allá de ellos a lo lejos veía las luces de una autovía, podía mirar a los lados perfectamente pero si alguien venía cruzando la calle hacia ellos no se percataría, podía girar la cabeza lo suficiente pero llevaba mucho esfuerzo como para mantenerse así. Se estaba excitando muchísimo, a esas alturas estaría muy mojada y Roberto lo habría notado.
Cuando Roberto acabó de atarla comenzó a acariciarla, sus piernas subiendo hasta su coño, acariciaba sus labios y su clítoris y notaba que estaba muy húmeda, reaccionaba a sus caricias tensando su cuerpo, retorciendo los dedos del pie que estaba unido al cinturón, Carolina ahogaba sus suspiros por miedo a que alguien la escuchase aunque el viento soplaba con fuerza y estaban al menos a un kilómetro de cualquier persona, se mordía el labio y de vez en cuando se daba el lujo de dejar de mirar a los lados y cerrar los ojos, el placer la estaba haciendo perder el miedo momentáneamente, eso la puso sobre aviso y aunque intentó no perder de vista la calle, no pudo evitar cerrar los ojos de nuevo, cada vez por períodos más largos. De pronto Roberto paró, el corazón de Carolina se aceleraba, acaso había visto a alguien, se esforzó por mirar en todas direcciones muchas veces, entonces Roberto salió del coche, dejándolo abierto de par en par, cualquiera que viniera de la dirección ciega vería sus partes más íntimas, una corriente de aire frío golpeó su sexo húmedo y caliente, Roberto fue hasta ella, la tranquilizó ver que se ponía frente a ella y que podía ver en la dirección en que ella no podía.
-Estás excitándome como nunca - decía mientras la ayudaba a mantenerse erguida y evitando así un esfuerzo físico innecesario para ella, siguió desabrochando su camisa de abajo a arriba mientras hablaba. - Ahora voy a darte el placer que te prometí, siempre has expresado que te gustaba cuando te hago un beso negro, y con el sexo oral en general, vas a tener ambas cosas mientras te acaricio a mi antojo y te masturbo, todo el tiempo que yo quiera, o hasta que se haga demasiado tarde como te dije antes.
-No es necesario que hagas eso cariño, sé que no te gusta.- Lo había olvidado, su tono sexy, pero no se dio cuenta, Roberto en cambio, sí lo hizo, abrió completamente la camisa de Carolina bajándola todo lo que pudo hasta sus muñecas, y para sorpresa de Carolina se sacó el pene erecto delante de ella, la cogió con cariño por el pelo y la empujó con cuidado, sosteniéndola, hasta la punta de su pene.
- Abre la boca y métetelo todo lo que puedas. - Carolina lo hizo sin rechistar, no se movía no la lamía sus movimientos estaban muy impelidos y no podía hacer mucho con el pene de Roberto metido casi hasta la base. - ¿Sabes por qué me la estás comiendo? - esperó la respuesta de Carolina, lo único que llegó fue un "humpf" y un ligero meneo de cabeza que parecía indicar negación. - Has hablado sin usar tu tono sexy. -!Mierda¡ era cierto, un error tonto. - Ahora tendrás que oír las normas del juego así -Mientras hablaba Roberto se movía un poquito follando la boca de Carolina, que apretaba sus labios en torno al pene de Roberto y ahora que lo metía y sacaba un poco lo acariciaba con su lengua.
- Vamos a jugar a los personajes de cine, como anteayer con estos en casa, yo pensaré todos los personajes, tu tendrás que adivinarlos, un pellizco significará "no" y un arañazo significará "si", si aciertas... tres, uno por cada falta que has cometido en este juego, aunque tú puedes contar menos, no importa, si aciertas tres antes de correrte, o de gritar, o gemir demasiado alto, cuando acabe contigo te follaré por el orificio que prefieras, o si prefieres nos iremos a casa y se acabará el juego, si no aciertas los tres a tiempo.. -A Roberto le costaba decirlo todo de seguido mientras penetraba la boca de Carolina-... te follaré por donde yo quiera... ¿Entendido?
-¡humpf! - Carolina se sentía a merced de Roberto, a merced de cualquier desconocido que pasase por allí, y sobre todo a merced de sus propios instintos, estaba muy excitada, solo quería que Roberto empezase a darle sexo oral como le había prometido, la idea de estar sometida, con su cuerpo expuesto al aire libre, y tener que pensar, mantener la concentración en un juego, sabía que si Roberto se lo ponía difícil no ganaría, era seguro para ella que se lo podría muy difícil, perdería el juego y Roberto la penetraría por donde quisiese, mientras Roberto sacaba su pene de su boca se preguntaba a sí misma si quería ganar o perder, por supuesto prefería elegir por donde la penetrarían, volver a casa sin apagar su calentura ya no era una opción, la hora había dejado de importar, pero que Roberto decidiese la estaba excitando, ahora mismo sabía que quería perder, y sabía que no tenía fuerzas para ganar.
- ¿Lo has entendido?
Carolina tomaba aire rápidamente, un par de bocanadas y contestó - Si mi señor.
- Bien, ¿alguna objeción?
- No mi señor, mi amor no me lo pondrás muy difícil, ¿verdad?
- Me conoces demasiado bien, si quiero que este juego sea competitivo tengo que ser lo más retorcido posible, empecemos.
Roberto se metió en el coche y cerró la puerta, acarició el sexo de Carol y notó su humedad, pero su culo y sus piernas se habían quedado frías, con sus manos su boca y su aliento les dio calor, al tiempo que pensaba en un personaje, le estaba costando concentrarse más de lo que esperaba, quería un personaje rebuscado, pero empezó por uno famoso.
-Ya puedes empezar a preguntar -en ese momento comenzó a pasar su lengua por el clítoris y los labios de Carol, introduciéndola en su vagina cuanto podía y jugando con ella, sus manos se posaron en sus nalgas, separándolas y masajeando su culo. Carolina cerraba sus ojos y se relamía, evitaba gemir para no hacer ruido, intentaba pensar en el juego, si dejaba pasar demasiado tiempo no podría concentrarse más adelante, se dio toda la prisa que pudo.
-¿Es un hombre? - Roberto respondió rápido con su mano izquierda, no tenía las uñas largas pero eran suficientes para hincarlas y que Carol lo notase, arañó su nalga izquierda y bajó por su contra muslo casi hasta el gemelo, después devolvió su mano a su lugar de ocio. - El cariñoso arañazo hizo cosquillas a Carolina y pensó que buscaría que la próxima pregunta obtuviese una respuesta negativa, no le gustaba que le hicieran daño y menos con un pellizco, pero quería comprobar como de cruel sería Roberto
- ¿Es un dibujo animado? - Roberto soltó la nalga derecha de Carolina, mientras aún lamía y degustaba su coño suave y depilado, su mano derecha se introdujo entre las piernas de Carol y con dos dedos buscó su clítoris, lo agarró y dio de él un pequeño tirón, después lo apretó y retorció primero en una dirección luego en la otra, Carolina emitió un pequeño grito mezcla de sorpresa y de placer, no hubo dolor, y la mano de Roberto volvió a su sitio. Ahora Carolina se había quedado en blanco y disfrutaba de los besos y de la suavidad y el calor de la boca de Roberto, se obligó a sí misma en hacer la siguiente pregunta.
- ¿Es el protagonista o coprotagonista? - Una respuesta afirmativa, menos mal, pensaba Carolina, si la pellizcaba en clítoris a menudo la volvería loca y perdería antes de acertar el primero, tenía que seguir tirando en la dirección correcta. -¿Es de una película de fantasía y, o, aventura?
- Se puede considerar fantasía pero no diría yo que fuese de aventura. - después de contestar a esa pregunta volvió a hundir su lengua en el sexo de Carolina provocando otro suspiro.
- ¿Es de una película infantil? - Una vez más una respuesta afirmativa, no se lo creía le estaba yendo genial, acertaría pronto probablemente - ¿Es de una película que te gusta? - La respuesta fue negativa, y llegó rapidísimo, sorprendiendo a Carolina de nuevo que emitió un pequeño Aaahh!, era raro que una película no le gustase, Carol empezó a pensar en las películas infantiles que no le gustaban a Roberto, no sería un clásico de disney, pero no pasaba de ahí, había entrado en bucle, cada vez se apoyaba más en el asidero y las bridas, cerraba los ojos, miraba al suelo en lugar de a los lados de la calle, si alguien venía ninguno de los dos se daría cuenta hasta que lo tuvieran encima, estaba en un bucle debido a que no podía pensar, así que preguntó lo primero que se le vino a la cabeza. - ¿la peli es de Tim Burton? - dijo entrecortadamente y elevando un poco el tono de voz, aunque seguía usando su tono sexy ya no era necesario fingirlo, sus jadeos se encargaban de ello, la respuesta no se demoró, afirmativa, pensó un largo rato, mientras disfrutaba de lo que le estaban haciendo, ¿Habían visto juntos muchas películas de Tim Burton, solo se le venían unas cuantas a la cabeza que no fueran de dibujos, y un solo actor. - ¿Lo interpreta Johnny deep? - otra respuesta afirmativa, como no... Sweeney todd, no era infantil, la nueva de Alicia en el país de las maravillas, esa le gustaba, Eduardo manos tijeras, no parecía infantil, Charlie y la fábrica de chocolate, esa podía ser, no sabía que no le gustase esa película,
 



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Relato: La apuesta de Carolina
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