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Relato: La cruz del parque


 


Relato: La cruz del parque

  Las gotas caían y formaban múltiples charcos, las lluvias me hacían desvelar de vez en cuando. Tenía listas las cubetas para detener aquel desastre. No se le puede llamar hogar al lugar que me sirve de resguardo para no sufrir las inclemencias del tiempo, empero, algunas tablas, cartones y plásticos son suficientes para mí. Además, una choza hechiza es a lo único que podía aspirar.

Un parque no necesita de grandes esfuerzos, por eso los amo. Cortar aquí, arreglar allá, reparar esto, clavar aquello. Solo tiempo y dedicación. Sin prisas comenzaba con mis deberes a las 7:00 de la mañana y terminaba cuando se me daba la gana. Mi casa estaba en el parque o tal vez al revés: el parque es mi casa.

Un trabajo en solitario, que más puedo pedir. Sin jefes, sin gritos, sin estrés. Una pequeña recompensa monetaria otorgada por el Estado para mantener a flote tan espectacular recinto.
La ambición no es lo mío, por eso me conformo con ser lo que soy y habitar en este lugar.

No es el más grande y espectacular parque para la mayoría de la gente, solo unas poquísimas saben apreciar lo hermoso sin tantos adornos. Esa era mi explicación. Por eso el parque no era un lugar tan concurrido por las masas, solo individuos solitarios y en ocasiones en pequeños grupos de dos o tres personas solían disfrutar de tan agradable lugar. Un lugar especial, según mi perspectiva.
Las cosas que se apoyan son las que generan una ganancia; no era el caso del parque, al menos no de este parque, del cual yo era el encargado.

Viejo, abandonado. Los columpios, el mundo: oxidados. Aún funcionaban, pero su vida útil estaba a muy poco de concluir.

Regar el pasto, cuidar de las flores, admirar los árboles de distintas formas y tamaños, esa era la esencia del parque y de mi trabajo.Agradable hacía mi solitaria y triste vida.
El corazón no reacciona ante el peligro a menos que sea concebido por uno de los cinco sentidos.Aquella tarde barría en solitario cuando comencé a escuchar unas vocecitas.
Me acerqué sigilosamente hacia el sonido y apenas pude apreciar.
-Ja ja ja.
Unas pequeñas risitas se escuchaban, me coloqué detrás de un gigantesco árbol para pasar desapercibido.Al momento agudicé mis oídos al máximo.
-Es increíble- dijo una de ellas.
-No había visto algo similar-opinó otra de ellas.
-¿Una cruz en un parque?-preguntó la tercera.
-Es tenebroso.
Las tres estuvieron de acuerdo en eso.
-¡Traz!
Un sonido seco seguido por el unísono grito de susto de las tres chiquillas:¡ahh!
Una ardilla atontada aún por el golpazo trataba de correr rápidamente hacia cualquier lado.
-Ja ja ja. Las tres comenzaron a reír.
Después de unos minutos se fueron.
Pensaba mucho en ella, me había deslumbrado con su figura, su jumper escolar, su pelo negro como la noche.

Ojeaba los pétalos de una gardenia,me detuve un instante y cerré los ojos para escuchar mejor. Me acerqué lo más posible hacia el sonido. Ella estaba nuevamente ahí, junto a la cruz. Le tomaba fotos con un celular, lo movía de un lugar a otro para captar diferentes ángulos.
Me mantuve al margen,acechando detrás de un árbol. No hice nada más, solo observar desde el árbol.
Sus zapatos escolares, sus medias un poco abajo de las rodillas, totalmente blancas. Su color morenito claro rondaba mi cabeza, y daba vueltas y vueltas.

No creí que volvería otra vez, pero la casualidad estaba a mi favor, y mis ojos nuevamente se podían deleitar.
Otra vez sola visitaba el tan poco concurrido parque. Apareció nuevamente con su celular, ahora lo movía lentamente en varias direcciones, seguramente tomaba un video.
-No deberías hacer eso- aparecí bruscamente en la escena.
Ella dio un pequeño brinco de sobresalto.
-La cruz- dije, al momento de señalarla.
-Es problemática.
Ella escuchaba desconcertada y agudizaba la vista tratando de entender lo sucedido.
-¿Te interesa?- pregunté.
Ella aún desorientada movió la cabeza en señal de un sí.
Comencé el relato:
Resulta que hace tiempo, por la zona, se reunían grupos de pandillas...

Ella no estaba sorprendida por el relato, al contrario se mostraba más incomoda que atenta. Su nerviosismo era consecuencia de mi presencia.
-Era malo, aún en ese estado seguramente aún perdura la maldad. Te aconsejo alejarte de esa cruz. Es curioso, pero mantente al margen.
Ella solamente dio media vuelta y se fue sin decir nada.
Sabía dónde vivía, la estaba observando y ahora le daría un buen susto que la obligaría a pedir ayuda.
Pasaron tres días, reparaba una manguera cuando escuche pisadas de zapatos. Me alerté y sigilosamente fui averiguar qué sucedía.
Mis ojos se deleitaban y mi corazón saltaba de alegría. Ella estaba ahí enfrente, su mirada buscaba algo pero ni ella sabía realmente que buscaba.
Me atravesé bruscamente en su camino y ella se sobresaltó.
Ella emitió un pequeño grito que se ahogó rápidamente.
-¿Qué sucede?-pregunté.
Ella temerosa argumentó:
-No sé cómo explicarlo, es muy raro, además...
-No digas más- interrumpí. No necesitas explicármelo. Ya ha sucedido anteriormente, te lo dije antes.
-¡Por favor ayúdeme!
Podía notar que ella se encontraba desesperada y quería que yo le diera una solución. Para mí buena suerte yo tenía esa solución.
-Acompáñame-le dije.
Su desconfianza era grande, pero su preocupación y su miedo eran aún mucho mayores.
Me siguió.
Entramos a mi choza,le ofrecí una silla y ella se sentó.
-¿Cómo te llamas?-pregunté.
-Dulce-respondió.
Su nombre hacia honor a su tono de voz, en verdad era muy suave y dulce.
Tomé asiento y comencé a hablar.
-Dulce, te he contado la historia. Estás asustada, pero no te preocupes, te voy a ayudar. Solo tienes que prometerme que seguirás mis pasos.
-¿Lo comprendes?
Ella estaba nerviosa y desconcertada, mi choza le parecía incomoda, lo podía notar en su mirada.
-¿Entiendes Dulce?-volví a preguntar.
Sin decir ninguna palabra, solo agitó en repetidas ocasiones la cabeza en señal de afirmación.
-Dulce, sería de gran ayuda que esto se mantuviera muy discreto.Es delicado, pero tiene solución.
-¿Estás de acuerdo?-pregunté.
Ella asintió.
Me incliné hacia la silla donde estaba sentada Dulce y comencé a hablar:
-Dulce, ahora tengo que trabajar, yo solo quiero ayudarte y necesito de tu cooperación.
Ella no dijo ni una sola palabra, pero su rostro decía más que eso. Realmente quería solucionar su problema lo más rápido posible.

-Existen puertas espirituales,pasajes que comunican diferentes espacios.Estas las podemos abrir con resultados positivos o negativos, según nuestras voluntades.
-Dulce,necesito que te quites tus zapatos. El mal ronda,podría entrar por tus pies. No queremos que eso suceda.
Dulce entendió de inmediato lo severo de la situación y rápidamente desabrochó sus zapatitos escolares.
-También las calcetas-le dije mientras fui por un aceite y un pañuelo negro.

Dulce estaba sentada en la silla, con su jumper de colegiala, color azul cielo. La letra del grado y grupo bordada en la parte superior izquierda. Sus calcetas blancas las llevaba hasta arriba.Los zapatos se encontraban a un ladito de la silla.
-Este aceitito lo aplicaré en tus pies,contiene yerbas grandiosas que evitarán una tragedia.
Dulce se quedó mirando un momento fijamente a mis ojos.
-Escucha Dulce, confía en mí.Ya he hecho esto muchas veces.
Dulce comenzó a bajar muy lentamente sus calcetas, primero se fueron descubriendo sus chamorritos, después sus tobillos y por ultimo sus pies morenitos.
-Listo-me dijo al mismo tiempo que colocaba sus calcetas sobre los zapatos.
Los ojos son un órgano esencial para la vida;este pañuelo servirá de defensa contra el mal,estarás protegida.
Cubrí sus ojos con el pañuelo, Dulce estaba un poco desorientada, pero seguía cooperando.
-Antes de ponerte el aceite, voy a limpiar tus pies, sentirás algo raro, pegajoso tal vez. Es una lengua de un impala, este animal es genial.
Tenía sus piecitos morenitos frente a mis ojos, no pude resistir colocar mi nariz muy cerquita de ellos y aspirar su olor.
Deslizaba la lengua del impala por todos sus pies, desde los dedos hasta los talones. Las yemas de mis dedos sentían lo suavecito de ellos.De repente hizo un pequeño gesto.
-¿Sucede algo?-pregunté.
-Solo poquitas cosquillas-respondió suavemente.
Tanto manipular sus lindos pies,tuve la necesidad de chuparlos y besarlos, no se daría cuenta en lo absoluto. Y lo hice, suavemente, dedo por dedo, entre en medio de cada uno, por toda la planta y los talones. Toda mi saliva impregnaba los piecitos de Dulce. Ella confundida, pensaba que la lengua del impala era lo que seguía provocando su cosquilleo,yo mientras tanto seguía chupando y exprimiendo cada parte de sus pies.
-Terminamos, espero verte mañana, la sesión continua.
Ella se puso de nueva cuenta sus calcetas y sus zapatos.Sus piernas solo se levantaron y tomaron camino rumbo de salida.
Estaba limpiando una mesa,llamaron a la puerta y atendí.
-Pasa-le dije a Dulce.
Ella entró y se quedó quieta un momento, sin articular palabra.
-Este es un jengibre,maravilloso los poderes de esta raíz. Señalando un pequeño frasco, le dije:aloe, cubrirá el jengibre y tendrás que chuparlo.
-¿Chuparlo?-preguntó ella un poco confusa.
-Una perfecta combinación, la Naturaleza contra las fuerzas del mal-dije haciendo alusión a las propiedades inmanentes del jengibre y el aloe.
Dulce seguía ante mí.Sentada en la silla, sus ojos cubiertos por el pañuelo negro. La bastilla del jumper llegaba hasta antes de sus rodillas. Sus calcetas lucían muy blancas, sus zapatos cubiertos con un poco de polvo.
Acerqué la raíz cubierta de aloe.
-Ahora abre tu boca y comienza a chupar muy despacio-le dije.
Ella abrió la boca muy lentamente,aparentaba estar nerviosa.
Muy despacio sumergí el jengibre en su boquita.Le costó un poco tomar el ritmo al principio.
-Muy suave Dulce, chupa todo el líquido y pásalo,pasa tu lengua por todo el jengibre y juégalo en toda tu boca.
Torpe,pero aprendió rápidamente.En unos instantes el jengibre recorría toda su boquita,emanaba el sonido que producía Dulce al evitar que su saliva se derramara.
-Espera un momento-le dije.
Ella se detuvo,yo retiré la raíz de su boca.
-Tengo que volverlo a cubrir de aloe-le dije.
Hice unas cuantas maniobras,se escuchó el rechinar de un banco que arrastraba.
Dulce no decía palabra alguna, se encontraba sentada cubierta su mirada con el pañuelo negro.
Aún cubierto su rostro,exponía rayos de inquietud.
-Estarás más cómoda acá-tomé su mano y la ayude a cambiarse de lugar.
-Es un banco más bajito,servirá mejor-le dije para tranquilizarla.
Antes de continuar, ella preguntó:
-¿Lo estoy haciendo bien?
-Muy bien Dulce,y lo harás mucho mejor.Estarás bien.Te lo prometo.
Noté que ella se calmó un poco.A mí al contrario me corría la sangre con solo pensar en lo que a continuación iba a hacer.
El banco se encontraba a la altura perfecta,yo no tenía pantalones,totalmente desnudo me subí al banquito. Mi pene erecto a la altura de su boca.
-Ahora Dulce,muy despacio abre la boca.
Ella abrió lentamente su boquita.
-El jengibre,muy despacio chupalo.
Incrusté mi miembro en su boca.Ella comenzó a chuparlo y a jugarlo.Lo llenaba con toda su saliva.
-Eso es Dulce,extrae todo el aloe-le decía, mientras un paroxismo me invadía.
Sentía como su lengüita, tocaba el glande de mi verga,ella lo pasaba de un lado a otro,tragaba saliva y la suspiraba para evitar que se derramara.Todo esto sin ella saber lo que en realidad estaba lamiendo.
Mis ojos se movían en todas direcciones a causa de mi realidad.Mi respiración se agitaba, mi mente divagaba .No podía más,estaba a punto de reventar.Pensé hacerlo en su boca, pero supuse que podría sospechar.
Estaba a punto de venirme-terminamos-fue la palabra que mi garganta pudo argumentar en tal estado. Saqué mi pene de la boca de Dulce, y vacíe mi simiente en un frasquito al que agregué aceite de coco.
El líquido blanco se diluyó.
-Toma Dulce, bébelo, te hará bastante bien.Disfruta de las propiedades del aceite de coco-dije.
Acerqué el frasquito a sus labios, lo levanté y ella se empinó todo su contenido.Toda mi lechita disuelta con aceite se iba directo al estómago de Dulce.Expuso un pequeño gesto de desaprobación del sabor, pero la mueca se esfumó súbitamente.
Retiré el pañuelo de su vista.
-Estamos a la mitad, mañana culminará la sesión-le dije mientras abría la puerta.
Ella se retiró.

Experimentaba extrañas percepciones recientemente,al traerlas nuevamente podía sentir exactamente la misma sensación del día anterior.
<>Estaba sucediendo lo magnífico.
Seguía absorto en mis pensamientos cuando llamaron a la puerta.
-Pasa Dulce-le dije. Le hice una seña para que se sentara.
Ella tomó asiento, no la notaba tan nerviosa como en otras ocasiones. La certidumbre reinaba en su cara.
-Es la parte final Dulce,no tienes de qué preocuparte.
Ella se encontraba sentada, callada, esperando a que yo continuara. Me acerqué lo más posible a la silla y comencé a hablarle:

-Dulce,cuan maravillosa es la Tierra, que al entender su esencia te responde con un grito suave y delicado. Te ofrece felicidad,hermosura,abre sus entrañas y te da todo lo que tiene.En cambio;cuando te apartas de ella,te vuelves su enemigo y confabulas contra ella,se consuma el peor de los errores y resulta la más lacerante desgracia.
-Mira esto,incalculable la cantidad de minerales-le dije mientras señalaba un recipiente.
El contenedor que sostenían mis manos estaba lleno de barro.
-Dulce ¿sabes lo que es esto?-le pregunté.
Sin expresar palabra alguna, ella solo movió la cabeza hacia abajo en repetidas ocasiones en señal de un sí.
-Te agradezco que estés confiando en mí,Dulce quiero que lo sigas haciendo. Esto está por finalizar. Solo sé paciente.
-¿Me entiendes?- le pregunté.
Ella volvió a mover la cabeza manifestando un sí. Yo quería escucharlo de su boca.
-Dulce,¿comprendes lo que digo?
Un momento que ninguno de los dos articulamos palabra.
Yo la miré fijamente a los ojos, y ella entendió.
-Sí, sí entiendo-decía al mismo tiempo de coordinar su testa positivamente.
Me aproximé un poco más hacia ella y comencé a explicarle:
-Dulce el barro nos ayudará muchísimo, producirá maravillas. Los aplicaremos en todo tu cuerpo. Dulce para este ejercicio final necesitas desprenderte de tu ropa. Debes permanecer un momento desnuda.
Un momento de afonía reinó en el lugar. Su cara se tornó de manera nerviosa.Después de un momento ella habló.
-Sin ropa,¿para qué?-dijo mostrando su desconfianza.
-El barro de usos tan antiquísimos, tu cuerpo será untado. Por eso debes desprenderte de todo lo material de todo lo que te estorbe.
Ella dudosa,no terminaba por entenderlo del todo.
-Dulce, haz ayudado y todo esto se ha llevado de una manera tan gloriosa-le dije para que se despejara.Que bueno que decidas continuar hasta el final.
Se quedó quieta un momento, yo sabía que ella no confiaba del todo. Múltiples emociones la invadían. Una paloma asustadiza, alerta como una suricata ,defensiva como una mantis orquídea. Todas las sensaciones gritaban al unísono.
Yo podía percibir eso de su rostro, pero aun así continue.
-Puedes pasar y dejar tu vestimenta en el cuarto-le dije señalando más que un cuarto, un pedazo de tabla que hacía de división.
Ella continuaba cautelosa, yo no sabía cómo iba a reaccionar. Podía marcharse o tal vez me seguiría.
Un silencio se manifestó y perduró por un periodo medio prolongado.
De un momento a otro ella se dirigió hacia el cuarto.
Mi corazón agilizó sus movimientos, la sangre en mis venas circulaba con más presión. Mi cerebro figuraba lo que a continuación venía. No lo podía digerir.
Dulce llevaba puesto un pants azul de tela que parecía ser muy suave, una playera de algodón,sus tenis totalmente blancos. Todo en conjunto figuraban el atuendo de una escolar.
Las uñas de sus manos lucían un color morado, que no combinaba con nada. Solo sus uñas exponían ese color.
Después de estar unos momentos en el cuarto, por fin salió de el.
<>
Mi corazón comenzó a latir muy fuerte, mis manos transpiraban, mi garganta se cerraba ante tantas emociones. No podía articular palabra.
Ahora sabía, con que combinaban las uñas de Dulce.
Su mirada argumentaba mucha vergüenza por el estado en el que se encontraba. Llevaba puesto un calzoncito morado y un brasier rosita. Podía percibir que ella se encontraba muy nerviosa y apenada por supuesto. Se quedó quieta un momento, demostrando su incomodidad.
Traté de recuperarme de inmediato, me controlé para después hablar.
-Recuéstate aquí Dulce-le dije mientras le señalaba una base de madera que serviría de cama. Mientras Dulce se quitaba la ropa yo la había traído desde afuera, le coloqué una colchoneta para que ella se pudiera acostar.
Ella se encaminó hacia la cama de madera muy despacio.
<<¡Por la verga de Jehová!>>
Además de sentirse incómoda por estar en ropa interior, descubrí por qué otra razón lo exhibía tanto. Pude observar a Dulce cuando caminaba hacia la cama, lo que ella llevaba no era un calzón sino una tanguita morada que dejaba al descubierto gran parte de sus nalguitas.
Pude degustar cada momento, cada que ella daba un paso, sus ricas nalguitas se movían de un lugar a otro, formando un acto verdaderamente hermoso.
Se sentó al bordo de la camita de madera, se quedó quieta un momento y después subió sus piecitos, para quedar boca arriba. Yo me acerqué con el recipiente que contenía el barro.
-Ahora comenzaré a untarte-le dije.
Ella se me quedó mirando un instante.
-¿Me debo quitar esto también?-ella me preguntó al momento que señalaba su ropa interior.
-Por ahorita no, ya después, te diré cuándo-le respondí.
La verdad no pensé que Dulce accedería a quitarse también la ropa interior, pero ella fue la que me lo preguntó y por eso le di esa respuesta.
Con una brocha la cubrí completamente de barro.
-Ahora relájate, te quedarás así un buen rato-te dije. Esperaremos a que el barro haga su trabajo.
Me retiré a hacer labores en el parque. Después de unas cuantas horas volví a la choza.
Ahí se encontraba Dulce, recostada en la hechiza cama de madera. En ropa interior, toda color café por el barro endurecido en su piel.
-¿Cómo te sientes?-pregunté.
-Toda tiesa-respondió.
-No te preocupes-le dije. Sígueme.
Nos fuimos a la parte trasera de la choza y con una manguera rocie a Dulce para que se le cayera todo el barro.
-Ahí tienes un poco- le dije mientras señalaba una de sus piernas.
Ella se talló con más energía para que todo el barro se despegara de su piel.
-Toma-le di una toalla.
Yo fui hacia adentro de la casa a preparar unas cosas, al regresar Dulce se terminaba de secar.
-Vente, vamos hacia adentro-le dije.
Caminamos un momento.
-Auhh- exclamó ella.
-¿Pasa algo?- pregunté,girando la cabeza por encima de mi hombro para verla de frente.
-Pican mucho las piedras- respondió.
Llegamos adentro de la choza y ella rápidamente miro el escenario que se presentaba frente a ella. Se quedaba mirando para todos lados.
Retiré la colchoneta manchada de barro que estaba sobre la camita hechiza, le coloqué nuevas sábanas y colchonetas para que quedara muy acojinada. Puse velas alrededor de la camita. Encendí varios inciensos logrando una magnífica combinación de olores. Llené la humilde choza de las flores más hermosas que podía ofrecer el parque.
Ella seguía mirando, disfrutando del hermoso panorama que tenía ante sus ojos.
-Dulce, llegamos a la parte final. Después de aquí ya nada te molestará. Escúchame, esto es muy respetuoso,necesito que te acuestes y estés muy tranquila. Yo iré por algo que necesitaré.
Ella se dirigió hacia la cama, iba envuelta en la toalla y su pelo mojado que le llegaba más abajo de los hombros. De un negro muy fuerte.
Yo por lo pronto caminé al cuarto a buscar algo.
-Dulce,no se te olvide quitarte toda tu ropa-le dije mientras caminábamos. Es un momento en el que debes encontrarte tú y la esencia que contienes.
Cuando volví del cuarto Dulce estaba ya acostada en la cama, tenía la toalla encima.
Ella se me quedó mirando.
-El blanco es pureza, ves de lo que te hablo-le dije.
Yo llevaba puesta una bata blanca de tela suave. De esas que entran por la cabeza y resbalan para cubrir todo el cuerpo.
-Ahora te untaré este aceite,será lo último.
Con una de mis manos, intenté retirar la toalla que cubría el cuerpecito de Dulce, pero ella opuso resistencia.
-Tranquila-le dije.
La observé a los ojos durante un instante y volví a intentar retirarle la toalla. Esta vez lo conseguí.
Traté de disimularlo lo más que pude. Ahí en la cama, entre las sábanas y colchas blancas, yacía el cuerpecito de Dulce. Deslumbraba en todo su esplendor, su color morenito.
-Cierra tus ojos-le dije a Dulce.
Comencé a untarle el aceite en su cuerpo, llenaba las yemas de mis dedos y muy suave se lo iba untando. En su carita, sus labios los dejé tan cubiertos que brillaban a causa del aceite. Después bajé a su cuello y le puse aceite. Comencé a untar aceitito en el pecho de Dulce, cuando toqué sus pezones ella dio un saltito. Seguí masajeando sus pechos suavemente. Al llenarlos completamente de aceite, bajé hacia la panza e hice lo mismo. Seguía una parte complicada, no sabía como reaccionaria Dulce. Cubrí mis yemas de aceite y comencé a frotar su abdomen. Justo por encima de su vagina. Muy suavecito fui bajando hasta tocar su clitoris. Al empezar a frotarlo ella dio otro pequeño saltito.
Mantenía los ojos cerrados,y no podía creer lo que tenía ante mis ojos. Sus hermosa vulva, sin ningún pelito. Color morenita, yo frotaba suavecito sus labios mayores y sus labios menores. La cabeza me explotaba y me tentaba a pegar mi boca y con ayuda de mis labios y lengua,succionar todo el jugo que pudiera sacar de esa hermosa partecita.
Me contuve.
Seguí el recorrido y ahora era el turno de untar sus piernas, de ahí hasta sus tobillos para concluir en sus pies.
Cada dedito lo cubría muy bien de aceite, los abría y también les ponía entre en medio de ellos. Todo el empeine de su piecito quedó recubierto de aceite. También toda la planta del pie, que exhibía un color morenito muy brillante.
-Terminamos la parte de enfrente-le dije. Ahora es necesario que te voltees boca abajo.
Dulce medio abrió los ojos y realizó la maniobra para quedar viendo hacia abajo.
-Muy bien, cierra tus ojitos.
Su hermoso cuerpo lucia perfecto, tendida entre las cama de fondo blanco.
-Ahora necesito que te levantes un poquito-le dije.
Dulce comenzó a levantarse de la cama.
-No, espera- le dije. Me refiero que así como estabas te levantes un poquito.
-No comprendo- me dijo.
-¿Has visto cómo caminan los perritos?- le pregunté.
Ella movió su cabecita positivamente.
-Así- le dije, mientras me le quedaba mirando a los ojos.
Por un momento ella se quedó inerte, dubitativa. Después ella comenzó a acomodarse y a levantar sus caderas.
Quedé tan pasado por el movimiento, lo vi en cámara lenta. Cómo sus nalguitas se elevaban para quedar como una perrita.
Que hermoso panorama saboreaba mi vista. Mis dedos cubiertos de aceite llenaron primeramente su espalda, de ahí me fui suavemente hasta llegar a sus nalguitas. Que hermosas las dos juntitas, morenitas, se tornaban relucientes cuando estuvieron cubiertas de aceite.
Enormes sensaciones se desbordaban en todo mi ser, no me podía contener más. Mi bata se levantaba a causa de mi verga que crecía más y más y que estaba a punto de estallar.
No pude más. Me quité la bata y miré fijamente a Dulce unos instantes. Ella se encontraba con los ojos cerrados, la cabecita clavada hacia abajo y su cuerpo en posición de perrito.
Desnudo me acerqué hacia ella, en un acto muy rápido me subí a la cama. Con la mirada desorbitada y la boca seca de gozo. Mi miembro estaba en todo su esplendor, totalmente erecto.
Me monté encima de Dulce y le dije: ahora sigue esto.
Ella sólo alcanzó a decir: mand...
Sujete las manitas de Dulce para después tomar un fuerte impulso y hendir profundamente mi verga adentro de ella.
Se encorvó inmediatamente y se retorcía s causa del dolor. Lanzó un fuerte llanto y luego soltó un gritito, parecido a un aullido.
-¡Auhh!
¡Auhh!- gritaba ella, al momento que lloraba.
Yo por mi parte, convertido en un toro, daba fuertes empellones con mi miembro sumergiéndolo hasta el fondo, penetrando esa conchita de Dulce. Que aún con todas mis fuerzas me costaba penetrarla, debido a que estaba muy apretada.
Ella gritaba y se retorcía desesperadamente tratando de safarze. Pero no lo podía conseguir.
Ya había soltado sus manos y ahora la tenía agarrada de sus hombros. Al momento que la penetraba, yo la jalaba con todas mis fuerzas hacia mí. Se escuchaba el rebotar de sus nalguitas y ella soltaba un escalofriante grito cada vez que lo hacía.
Llorando me suplicaba:
-¡Pare por favor!
-¡Me duele mucho!
-Me está lastimando!

Yo me encontraba vuelto loco, a punto de estallar. Por más que ella me suplicará, yo no podía controlar mis instintos naturales. Seguía penetrando a Dulce y disfrutando de lo bello de la vida.
Dulce seguía llorando y quejándose a causa del dolor. Sus uñas y sus manos las tenía enterradas en las colchas, sujetándolas muy fuertemente.
Yo estaba a punto de estallar, aumenté la velocidad de los movimientos y sujetaba el cuerpecito de Dulce con más fuerza.
Mi vista se nublaba, una sensación muy placentera me recorría todo mi cuerpo y en especial en mi verga. Sentía como empezaba a fluir el líquido. Desde adentro producía unos enormes gritos de placer, mientras dulce lanzaba un terrible llanto de dolor.
El líquido comenzó a brotar de mi miembro y embarraba las paredes de Dulce al ser introducido en su vagina.
Mi garganta producía un leve rugido, debido al enorme placer que experimentaba. Mantuve mi pene dentro de ella hasta que solté la última gotita de semen.
Estaba intentado volver a la normalidad, respiraba muy profundo tratando de recuperarme.
Dirigí mi vista hacia Dulce, se encontraba encorvada, llorando mucho, en posición fetal.
De pronto miré las colchas, las piernas de Dulce y mi verga.
<>
En todas un líquido rojizo las cubría. Era sangre, que provenía de Dulce. Ella era una señorita y ahora dejaba de ser virgen para descubrir los enormes placeres del sexo.
Rápidamente entré al pequeño cuarto, me cambié y salí de mi choza con la maleta que ya tenía preparada.
Era momento de cambiar de rumbo, tal vez otro trabajo, otra vida. No sabía hacia dónde me dirigía, solo caminaba. Mientras lo hacía pensaba en lo ignorante que eran las personas al creer en todos esos cuentos chinos de aparecidos, de dioses, y seres sobrenaturales.
-Ja ja ja
No pude evitar soltar una risotada. Gracias ignorancia por tan hermosos regalo.

 



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Relato: La cruz del parque
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