webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Mi tanga favorito


 


Relato: Mi tanga favorito

  

Hace algún tiempo que las cosas no van del todo bien, pero
todavía queda algo de la pasión de entonces.



No estoy segura de que nuestra historia vaya a alargarse más
de, quien sabe, mañana, o quizá, dentro de 2 años, pero todavía tengo ganas de
que me folle como entonces.



José Luis tiene más o menos claro que hay alguien que me hace
vibrar como él lo hacía en los viejos tiempos, pero sigue el famoso principio
de, ojos que no ven…



Se acercaba el día de nuestro aniversario y quería
sorprenderlo, para ello, tenia preparada una caja azul con un horroroso lazo
rojo, que tenía intención de llenar con mi tanga favorito, el tanga con el que
acababa de pasar la noche.



Preparé un buen desayuno tipo british breakfast, de esos que
le levantan a una las ganas de volver a la prehistoria, quitarse todos los putos
prejuicios sociales y comerse o mejor dicho, devorar, todo el plato con las
manos.



Me di un gran baño, tenía permiso para faltar al trabajo, el
agua estaba caliente y aproveché la situación para poner música, juguetear con
mi patito de goma y pensar en el buen momento que me esperaba unas horas
después.



Con el pelo todavía mojado y tumbada en la cama, estiraba la
pierna derecha lo más alto posible, haciendo fuerza para ver todos mis músculos
rodeados de piel brillante y recientemente depilada, me gusté, para tener 38
años, conservaba unas espléndidas piernas de estudiante de secundaria. Mis
pechos se mantenían duros, más grandes que hace años pero con el contorno bien
dibujado y los pezones con esa aureola oscura, casi perfecta.



Escogí las medias que más le gustaban, esas con una tira a la
altura del muslo que a veces dejo entrever a través de mi falda, ya sabes,
cuando estamos rodeados de gente, pero nadie nos ve.



Salí de casa con mi chaqueta, la falda más eróticamente
correcta que encontré y la cajita que portaba mi tanga destino a la tienda de
entregas a domicilio, desde la que José Luis recibiría el pequeño detalle.



Siempre me ha excitado estar en la calle sin bragas, desde
que lo probé por primera vez, es un vicio que día a día fomento más. Llegué a la
cafetería desde donde esperaría su llamada, pedí el segundo café de la mañana y
me puse a leer el periódico, no sin antes, fijarme un poco en la fauna que había
allí. Dos viejos que hablaban de fútbol, dos camareros demasiado maduritos como
para desear que me invitaran al café y un tipo de unos 30 que leía
distraídamente el periódico, fumaba sin parar y bebía zumo de naranja
despistadamente



Hacía una hora que estaba allí, me había leído el periódico,
tomado dos cafés y estaba por pedirme una cerveza con pincho de tortilla cuando
veo que se levanta el chico de enfrente, el del periódico y los cigarrillos,
pasa cerca de mí y se dirige parsimoniosamente, hacia el cuarto de baño. No
tiene mal culo, medirá 1.75, moreno, le hace falta un corte de pelo y en
general, la ropa que lleva no le sienta nada mal, no es la hostia, pero tiene su
cosa.


Estaba yo pensando en estas cosas cuando suela el móvil, es
José Luis, ha recibido mi regalo, tiene un subidón tremendo y dice que en media
hora se planta en la cafetería, termina la conversación diciendo que en esos
momentos, está oliendo la parte de mi cuerpo que más le gusta. Demasiado típico.



El chico vuelve del baño y mientras se acerca, se me queda
mirando, no le aparto la mirada, dobla el pasillo para sentarse en la barra y
medio sonriendo, o eso creo yo, continúa con su interminable periódico mientras
enciende otro cigarrillo.



Me gustan sus labios, son gruesos, carnosos y parece tan
distraído, me apetece captar su atención, estoy cachonda, un pliegue de mi falda
juguetea entre mis glúteos y me están entrando unas ganas tremendas de mear.



Nada más levantarme, como quien mira despistado hacia ninguna
parte, clava sus ojos en mi, iniciando el recorrido visual en mis muslos,
parándose en mi cintura y acabando en mis ojos, su mirada es fija, sin
alteraciones, me incomoda, no, no me incomoda, me pone nerviosa.



Hoy estoy especialmente radiante, siempre coincide con días
en los que no trabajo y se me nota en la cara, me miro al espejo y me gusto.



Ya de vuelta del lavabo, antes de sentarme, giro la cabeza en
su dirección, sigue sentado, pero parece que ha abandonado el interminable
periódico y tranquilamente, apura el cigarro mientras ladea la cara en busca de
mi culo. Cuando voy a hacer un gesto indicando mi cierta incomodidad, el muy
cabrón, se pone otra vez a leer, me aburro, José Luis está tardando demasiado.



Llevo una caña, medio pincho y voy a por la segunda, de vez
en cuando, cruzo miradas con mi vecino de enfrente, cada vez son más largas, me
está gustando este tipo, tiene cara de malo.



Acabada la segunda caña, la atracción entre los dos es cada
vez más evidente, cruzo las piernas, la tira de mis medias rozan la suave piel
de mis muslos, la camisa entreabierta, sin enseñar nada, pero sugerente, él,
cada vez más inquieto, ya no lee el periódico con tanto interés y se mueve
encima del taburete algo más nervioso que antes.



Definitivamente, José Luis esta tardando mucho, pero no me
importaba, el juego de miradas, la sensación de disfrutar de lo desconocido
aderezado con el alcohol de buena mañana, está haciendo que me apetezca ver esos
ojos mirándome con impaciencia, deseosos de sexo.



Cruzo un poco más las piernas, hasta el punto de mostrarle la
fantástica tira de mis medias, la raja de mi falda se abre por fin para él, en
ese momento, cierra lentamente el periódico por la parte de noticias
internacionales y pasa a mirar descaradamente, todo lo que yo quiero que vea.



Me sonríe, le sonrío y mientras lo hago, abro las piernas,
lentamente, hasta ofrecerle el espectáculo de mi sexo solamente truncado, por la
fina tela negra de mi falda. El mira, sin tapujos, intercambiando mis piernas
con mi cara y yo, siento que aumenta por momentos el deseo de que deje de
mirarme para pasar a tocarme, acariciarme, besarme, morderme.



Después de unos minutos siguiendo el ritual, se acerca a mi
mesa, se sienta a mi lado, acaricia mi cara y comienza a besarme, acompañando
cada beso, con un tierno mordisco en el labio inferior.



Estoy contrariada, asustada, con ganas de quitármelo de
encima, pero a la vez, con ansias de sentirlo más cerca de mi. Acompaño sus
besos, acompaño sus caricias y a partir de este momento, aquellos dos viejos que
hablaban de fútbol, los dos camareros entrados en años, José Luis, la caja con
mi tanga y todo aquello que no tenga que ver con las sensaciones que estoy
viviendo en este momento, pasan a dejar de existir.



Mordisqueo su boca carnosa, como una perra en celo con ganas
de morder todo lo que encuentra, clavo mis uñas en sus brazos, en su espalda,
atrapo su lengua entre mis labios, mientras él, juguetea con todo lo que
encuentra entre su boca y mi ser, me coge con fuerza y ternura del cuello, lo
muerde, lo acaricia con la lengua, eriza todos los poros de mi piel, noto una
corriente en la espalda, es como si fuera mi primera vez, huelo su cuello, una
mezcla de colonia, tabaco y mi propia saliva. No puedo más, parezco una niña
temblorosa, la situación me desconcierta y excita a la vez, no lo conozco de
nada, no he oído su voz, pero siento su aliento y pruebo lentamente, el sabor de
su piel.



Todo pasa muy rápido, me agarra de la mano con fuerza,
abandono el bolso, el abrigo, solo me apetece seguirle, noto como mi cuerpo deja
caer con suavidad un líquido que me recorre desde el sexo hasta el interior de
los muslos, andamos deprisa… el pasillo hasta el cuarto de baño se hace eterno.



Cierra la puerta y me rodea con sus brazos, me besa en la
boca como el sediento que no tiene agua, no puedo evitar bajar mi mano hasta su
entrepierna, dura y salvaje, se aferra a mis uñas, aprieto su sexo como si fuera
el único pilar que puede evitar la caída.



Me arrastra hasta sentarme encima de la cisterna del baño,
noto el frío de la porcelana en mi piel, abro las piernas apoyando mis pies en
el quicio de la puerta para ver como me mira, notar su deseo, sentir su
respiración entrecortada.



Sus besos recorren mi cuello, me arranca la camisa, acaricia
mis pechos con su lengua, hace círculos con mis pezones, tengo frío y a la vez
calor, toda la piel de gallina, las piernas en tensión y no puedo soportar el
deseo de ser penetrada, con furia, salvajemente, sentir como golpea mi sexo al
ritmo que yo marco. Pero él se sienta, mi coño queda a una altura más baja que
su cara, mis piernas siguen apoyadas en alto, con los pies en el quicio de la
puerta, levanta mi falda, estoy totalmente indefensa, agarra mis muslos, tira
fuerte de mi, ya no noto la porcelana, estoy prácticamente sentada en sus
hombros, apoya sus manos en mi culo sujetándome con fuerza, me lanza la última
mirada, ya no veo su boca, solo la siento.



Noto como su lengua acaricia mi clítoris, mi flujo se
entremezcla con su saliva, mis labios más íntimos se abrazan con los suyos, con
ternura, con pasión, siento una calidez extrema en mi entrepierna, alternada con
fuertes latigazos que parecen salir del fondo de mis entrañas, mis piernas
tiemblan, mis manos se aferran con furia a su cabeza, no puedo más, me voy a
correr. En ese instante, aleja su boca de mi sexo, me mira, noto como los
pulmones me van a estallar, mi pecho acelerado, los pezones duros, mi cuerpo de
repente, se pone en tensión, él se levanta mientras yo, sentada otra vez en la
cisterna de porcelana húmeda, tiro de su jersey para acercar sus labios a mi
boca, los muerdo, los lamo, disfruto del sabor agridulce de mi propio sexo
pegado en su piel.



Arranco los botones de su pantalón vaquero, parece que la
polla le va a estallar, tampoco lleva ropa interior y eso me excita todavía más,
beso su glande, lo mordisqueo con cuidado, bebo su líquido pre seminal, con mi
mano izquierda, le cojo los huevos, se los arrancaría si pudiera, con la
derecha, acompaño el movimiento de mi boca, noto la dureza de su erección, las
venas regadas por la sangre que bombea su corazón acelerado, él gime
entrecortadamente, mientras separa mi pelo para ver la imagen, no quiero que se
corra, quiero que aguante.



Paso mi lengua desde los testículos hasta su segunda cabeza,
lamo su ombligo, muerdo su pecho, su cuello, hasta llegar otra vez a esos labios
carnosos que tanto deseo, me rodea fuertemente con sus brazos, ya no tiene
puesto el jersey, mientras acaricio su pelo, dirijo su sexo hacia el mío, me
agarra del culo, me levanta, me apoya entre la puerta y la pared y yo,
lentamente, paso a dejarme caer impregnando su vientre de toda la humedad que
emana mi interior.



Entra suavemente, puedo notar como se abre paso dentro de mí,
con cariño, con dulzura, rodeo su cuerpo con mis brazos, con mis piernas y
lentamente, empiezo a subir y bajar ese músculo, que ahora, dentro de mi, nos
convierte en un único ser que no entiende de espacio ni de tiempo.



Oigo su respiración, él oye la mía, la boca pegada al oído,
el ritmo crece y los gemidos, se van haciendo cada vez más difíciles de ocultar,
nuestros músculos se endurecen, y el vaivén de nuestros cuerpos, o debería
decir, nuestro cuerpo, es cada vez más violento, más salvaje.



Gritamos casi a la vez, arrancándonos mechones de pelo, la
calma se apodera de todo, nuestros cuerpos se relajan, solo siento las
respiraciones entrecortadas, el sudor pegado a nuestros cuerpos, su semen
correteando dentro de mí. Ninguno de los dos quiere romper este instante, pero
poco a poco, sonidos de fuera que no pertenecen a nuestro mundo, empiezan a
invadir el entorno. Paulatinamente, recupero la realidad de las cosas, una
realidad que significa el fin de la magia, del placer, de la pasión.



No vestimos como autómatas recién levantados de un profundo
sueño, salimos al salón de la cafetería, un camarero nos mira, sabe lo que ha
pasado pero parece no importarle, pido la cuenta, el pide la suya, me deja salir
primero de la cafetería y delante de la puerta, me besa con ternura al tiempo
que me dice al oído:





Eres maravillosa.





Fueron las primeras y últimas palabras que salieron de su
boca, cada uno cogió una dirección distinta y a los pocos metros, me giré para
verle marchar, ya no estaba allí, la multitud que abarrota el centro de la
ciudad se lo tragó sin dejar ni rastro.



De regreso a casa, ya en el coche, recibo una llamada de José
Luis contándome una historia sobre el porqué no había podido acudir a la cita,
no me interesa, lo único que quiero en estos momentos es, recuperar mi tanga
favorito.


 

Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 2
Media de votos: 8.00





Relato: Mi tanga favorito
Leida: 3336veces
Tiempo de lectura: 8minuto/s

 





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Los 50 Ultimos relatos
Los 50 mejores relatos del dia
Los 50 mejores relatos semana
Los 50 mejores relatos del mes
Foro porno
sexo
lesbianas
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Afiliados
porno
peliculas porno gratis
videos porno gratis
telatos porno incesto
porno español
porno español
travestis
peliculas porno
zoofilia
sexo gratis
escorts
sexo madrid
chat porno
webcams porno
fotos de culos
juegos porno
tarot
juegos
peliculas online
travestis